Laura Bergantiños: «En estos años me he dado cuenta de que si no pintase sería otra persona»

Fernando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

MARCOS MÍGUEZ

La artista presenta «Sweet Crash» dos décadas después de su última muestra en A Coruña

20 may 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

En el caso de Laura Bergantiños (A Coruña, 1973) el aforismo popularmente atribuido a Mafalda de «lo urgente no deja tiempo a lo importante» adquirió dimensiones vitales. Una de las voces artísticas más interesantes y rompedoras que salían de la ciudad en los albores del nuevo siglo quedó silenciada durante años por «cosas de la vida». De hecho, la última exposición que realizó Bergantiños en A Coruña tuvo lugar en la casa de cultura Salvador de Madariaga hace exactamente veinte años. Un tiempo de silencio que, por fin, se ve roto con «Sweet Crash», una muestra de 17 piezas realizadas en los últimos seis meses que se inaugura este jueves en el local situado en el bajo del número 91 de Juan Flórez.

—¿Cuánto tiempo lleva sin exponer?

—Mi última exposición fue en el año 2008 en una galería de Santander. Hubo muchos cambios en mi vida que me impidieron tener la constancia que requiere mantener un estudio. La maternidad, cambios de residencia a Salamanca, Ámsterdam... Ahora necesitaba retomar la pintura de una manera intensa y con plena dedicación.

—¿Y en todos estos años no ha cogido los pinceles?

—Sí que hice algún encargo y cosas para mí, pero estuve todo este tiempo fuera de los circuitos expositivos, y eso es lo realmente relevante. De poco vale que pintes si no sale de tu estudio, si no lo compartes. Es algo que siempre ha estado ahí. Pero ahora necesitaba recuperar mi vida en comunión con la pintura. He pintado toda la vida, y siempre pensé que si no me dedicase a eso sería una persona totalmente distinta. Y estos años sin pintar me han hecho darme cuenta de que es así. Ahora que he vuelto ya no quiero dejarlo, me da vida.

—¿Y cómo fue la vuelta, volver a coger los pinceles?

—Tardé un tiempo en volver a coger oficio, pero estaba ahí. Estuve meses buscando, dándole vueltas hasta encontrar lo que quería, que es lo que finalmente expongo. Hay mucho más trabajo desechado que el que finalmente se va a exponer, es algo que se puede medir en metros cuadrados. Intenté retomarlo donde lo había dejado, pero con una idea clara de romper con todo aquello. Necesitaba empezar a trabajar sobre algo conocido, sobre lo que ya sabía, para obtener unos resultados que me permitieran avanzar. Fue un proceso muy largo hasta conseguir esa ruptura total con lo anterior.

—Alguien que conozca su obra, ¿reconocerá a la autora en estas nuevas piezas?

—Sí que la va a reconocer. Hay elementos muy característicos de mi obra, el cromatismo, la composición, los materiales, los temas... En definitiva, siempre he pintado paisajes. Pero eso no quita que esté en lucha permanente contra mi propio estilo.

—Habla de un montón de obra desechada. Me encantaría verla para intentar comprender por qué la considera no válida.

—Lo sabes cuando el cuadro puede contigo. Corres el riesgo de que te lleve a sitios a donde no quieres llegar. Para evitarlo es fundamental dominar los materiales. Trabajo con materiales tradicionales, como la escayola y el óleo; y de última generación, como arcillas poliméricas. Cada material tiene unos tiempos de secado y fraguado muy precisos. Hay que ser muy meticuloso.

—No estamos hablando entonces de lienzos.

—No, el soporte es madera. Suelo trabajar sobre tabla porque aguanta más el peso de mis obras, que son muy contundentes. Y sobre eso escayola y polímero sobre los que aplico el óleo.

—Utiliza materiales propios de la escultura para hacer pintura.

—Podría decirse que está a medio camino, por el peso, la tridimensionalidad. Un galerista de Berlín me dijo que en mis cuadros la imprimación pierde su mera funcionalidad para ser un elemento expresivo más de la obra. Y es así, primero preparo el soporte y luego trabajo la luz, el color y todo lo que le da la composición.

—¿De dónde viene el título de la colección, «Sweet Crash»?

—Se refiere a ese impacto físico que provocan las obras, pero que está dulcificado con el color, la luz y las veladuras, que creo que consiguen un efecto de calma y de paz que choca con esa brutalidad del impacto inicial.

«Autoproducirme ha sido la mejor forma de volver sin tener que esperar por nadie»

Para su regreso al mundo expositivo Laura Bergantiños ha optado por huir de los circuitos convencionales del arte. Lejos de recurrir a lugares y contactos ya conocidos se lanza al vacío habilitando por su cuenta un local —a priori no destinado a montajes artísticos— para presentar su obra.

—¿Por qué no ha acudido a una galería?

—De entrada porque es un proyecto muy personal y excepcional. Y aunque no sea muy correcto decirlo, autoproducirme es la única forma de hacer las cosas sin tener que esperar por nadie.

—Pero es más arriesgado.

—Sí, todo depende de mí, para bien o para mal, pero es más efectivo. Hay muchas personas que llevan años insistiéndome en que exponga, lo cual ha sido un acicate para volver a pintar. Cuento con una trayectoria anterior que me avala. No me da miedo. He estado separada de este mundo mucho tiempo y quería volver a mi manera, con libertad.

—Encontrar el local idóneo no tuvo que ser fácil.

—No lo fue. Tenía que ser un lugar con el espacio suficiente para las obras, con la luz adecuada, que estuviese bien situado, accesible y que te lo alquilasen por un mes. Fue complicado, pero he tenido suerte, he dado con el local perfecto. Tiene una entrada pequeña, discreta, pero dentro es muy amplio, con un punto clandestino, secreto, que le va muy bien a la exposición.

—No es habitual alquilar bajos por un mes para una exposición.

—Aquí somos un poco cuadriculados para eso. En el resto de Europa —en Portugal, sin ir más lejos—, es muy habitual realizar exposiciones en espacios vacíos. Estas exposiciones y actividades efímeras son una buena forma de dinamizar la calle.