Decenas de vecinos se concentran en O Ventorillo, en A Coruña, frente a un narcobajo

A CORUÑA CIUDAD

Gran despliegue policial en Monasterio de Bergondo ante una nueva protesta contra la criminalidad en la ciudad. Tres de los ocupantes del local, en el que según los residentes del barrio se trafica con droga desde hace tres años, lo abandonaron escoltados por agentes de la Policía Nacional

05 mar 2024 . Actualizado a las 20:23 h.

Pasó en Monte Alto, pasó en Os Mallos, en el barrio de las Flores, en O Castrillón o en Matogrande. Y este lunes, de nuevo, los vecinos de una zona castigada por la droga y los atracos se echaron a la calle para mostrar su malestar. En esta ocasión fue en O Ventorrillo, con el objetivo de conseguir clausurar para siempre un narcobajo ubicado en la calle Monasterio de Bergondo. El local que desde hace años llenó de criminalidad el barrio, según denuncian los residentes y comerciantes. Dicen que después de mucho tiempo alertando a las autoridades de lo que estaba pasando, han decidido dar un golpe en la mesa. «Aquí nadie hacía nada, decidimos juntarnos como los vecinos de Monte Alto y forzar el desalojo sin emplear violencia alguna. Solo poniéndonos enfrente para exigirles que se vayan», aseguraban este lunes.

La protesta vecinal se venía gestando desde hace meses y nada más arrancar la semana se convocó. A las cinco de la tarde, tras un nuevo intento de robo en el barrio, algunos residentes y comerciantes de la calle Monasterio de Bergondo decidieron animar a la gente a manifestarse frente al número 14. En pocas horas, más de 200 personas ocuparon la vía a gritos de «fuera». En cuestión de minutos, tres furgonetas y varios coches patrulla de la Policía Nacional y de la Local se presentaron en la zona. Había tensión, gritos y pitidos, pero nada de violencia. Unos diez agentes se apostaron a las puertas del narcobajo con una orden clara: «Los de dentro no salen y los de fuera no entran».

Calma tensa

Sobre las diez de la noche, bajo la lluvia y sin que nadie se hubiese movido apenas unos metros para no empaparse, se abrió la puerta del narcobajo. Hasta entonces, no habían dado señales de vida. Del local asomó un hombre y se encaró con los manifestantes. Fue recibido a gritos. La policía, que se mantenía en la puerta desde las ocho de la tarde, lo obligó a meterse de nuevo dentro. No quería al principio, pero una mujer lo convenció desde el interior. Finalmente, pasadas las diez y media, los tres ocupantes (dos hombres y una mujer), escoltados por agentes de la Policía Nacional, abandonaron el narcobajo. 

Los manifestantes insistían en que no quieren entrar ni usar la fuerza, que lo único que persiguen es que se vayan. Bajo intensos chaparrones, en la calle se escuchaba que tienen que perseverar como sucedió en Monte Alto. «De aquí nadie se va hasta que los traficantes no se vayan», insistían.

¿Cómo se llegó a esto? «Pues porque aquí no podemos más. Es mucho tiempo el que llevamos viendo cómo chavales y delincuentes entran y salen de ese bajo para comprar droga». Pero lo peor son los atracos. El pasado domingo, cuentan, le pusieron un estilete al cuello a una mujer de edad avanzada para robarle el bolso y este mismo lunes lo intentaron con otra. «Eso fue la gota que colmó el vaso y decidimos concentrarnos», cuenta un vecino que lamenta que «cuando acudimos al Ayuntamiento nos prometieron que iban a aumentar la seguridad y nos pedían que estuviésemos tranquilos, que ellos se iban a encargar y que no acudiésemos a la prensa. Así estuvimos mucho tiempo, pero todo siguió igual o peor. Así que decidimos actuar», se lamenta otro residente.

Un local alquilado

El narcobajo está alquilado desde hace tres años y, según los vecinos, los arrendadores «pagaron religiosamente todos los meses». Sin embargo, en el local, que tiene licencia de centro de ocio, «siempre se vendió droga». Pero desde hace meses y, sobre todo, en los últimos días, «la situación se volvió insostenible».

De hecho, aseguran que en Monasterio de Bergondo y en las calles cercanas son muy pocos los comerciantes que no han sufrido robos. En la peluquería, en la librería, en la tienda. También robos en vehículos. Y las imágenes que perciben a diario son desoladoras, con toxicómanos «pinchándose al mediodía frente a los chavales que salen del instituto Agra II».