El Chuac se prepara para operar con robot el cáncer de ovario

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Los ginecólogos José Manuel García Consuegra, Ana Corporales Toribio y Begoña Cid Prol, en el quirófano del Chuac con el robot Da Vinci
Los ginecólogos José Manuel García Consuegra, Ana Corporales Toribio y Begoña Cid Prol, en el quirófano del Chuac con el robot Da Vinci

Ginecología ya interviene con el Da Vinci los tumores de endometrio y cérvix

15 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

El equipo de ginecología y obstetricia del Hospital Teresa Herrera de A Coruña, el materno del Chuac, se prepara para operar a enfermas diagnosticadas de cáncer de ovario, pero utilizando un robot. 

Estas intervenciones supondrán un paso más para el servicio, que inició las intervenciones con esta tecnología a finales del  2021. Aquel año hicieron 6, al siguiente fueron 76 y el pasado llegaron a 82. En total, 164 casos oncológicos de otro tipo de tumores, en concreto endometrio y cérvix. 

«Los de endometrio, prácticamente la totalidad ya los hacemos con robot», apunta José Manuel García Consuegra, el cirujano que, junto con las doctoras Begoña Cid Prol y Ana Corporales Toribio, practica las operaciones con el Da Vinci. 

Se opta por este dispositivo por las características de las afectadas: «Las mujeres con cáncer de endometrio son pacientes especiales, generalmente muy obesas, y con el robot se intervienen con mucha más facilidad; hemos tenido algún caso que eran inoperables por el método tradicional y por laparoscopia, si no tuviésemos el Da Vinci, no se hubiesen podido operar», recalca el especialista. 

«Lo que más hacemos es endometrio y algún caso seleccionado de cérvix porque todavía hay alguna discrepancia entre la comunidad científica entre laparoscopia y robótica, y por el momento solo llevamos al Da Vinci estadios iniciales de cáncer de cérvix. Cuando son avanzados se tratan con cirugía abierta, por el momento, pero pienso que cada vez se va a usar más el robot», pronostica. 

Las operaciones oncológicas de ovario con esta tecnología tropiezan con el problema de que se diagnostica en estadíos más avanzados que el de endometrio, generalmente detectado en fase 1 y cuando todavía no se ha diseminado. «En ovario hay muchos en estadio 3, hay que ponerles quimio previamente y no son abordables», explica el cirujano sobre una patología más agresiva y alta mortalidad. «Es difícil cambiar el tratamiento estandarizado sin aportar peor pronóstico, el mayor problema es que hay menos casos abordables por laparoscopia, se prefiere la cirugía convencional donde se pueden palpar tejidos, porque es más radical y agresiva». Por eso, la intención del equipo del Chuac es comenzar con casos seleccionados en etapas iniciales y «en función de cómo vayamos iremos a cuadros más avanzados». 

«Puedes irte a Madrid en 600 o en Mercedes, pero no vas igual. Con el Da Vinci pasa lo mismo»

Por el momento, la robotización permite resolver el quinto cáncer más frecuente por detrás de los de mama, pulmón, próstata y colon, el de endometrio, que afecta a 10-11 mujeres cada 100.000 con una mortalidad de 2,4 por 100.000. «En estadio 1 se curan el 90 %, pero si está ya diseminado la supervivencia a los 5 años baja al 17 %», explica de un tumor que se origina en el epitelio que recubre el interior del útero. «Al crecer dentro de un saco, su extensión es más lenta, tarda en infiltrarse y diseminarse, por eso es más benigno que el cáncer de ovario.La mayor parte se diagnostican en fase inicial porque tiene una clínica muy llamativa, se diagnostican pronto porque la mujer sufre sangrado y acude a consulta; solemos hacer biopsia selectiva de ganglio centinela para ver si hay infiltración y la mayoría no están extendidos», apunta. 

En el quirófano 18 de la tercera planta del Hospital Universitario A Coruña, que es donde está instalado el Da Vinci, los tres cirujanos operan con el robot a una veintena de pacientes al mes. «No son solo pacientes de A Coruña, somos centro de referencia para el norte de Galicia y nos llega mucha gente de Ferrol, Burela…», señala el especialista, quien no descarta que en un futuro se incorporen nuevos equipos dada la evolución de la propia especialidad quirúrgica y la demanda de optar a tratamientos cada vez menos invasivos. «La cara de las pacientes cuando pasas visitas al día siguiente es… Están levantadas, antes estaban postradas, algunas no podían respirar con el dolor, ellas mismas se sorprenden de encontrarse tan bien al día siguiente; por fuera no tienen cicatrices porque el útero se saca por la vagina, pero tenemos que decirle que por dentro están operadas como antiguamente porque se quieren ir ya para casa», describe Consuegra. 

La mayoría son mujeres de edad avanzada y muchas con la obesidad como un obstáculo añadido. «Hemos operado mujeres de 110-120 kilos, con un índice de masa corporal de 50 y por el sistema tradicional acabamos derrotados porque hay que hacer mucho esfuerzo para levantar la pared abdominal», cuenta. Con el equipamiento robótico, sin embargo, «podemos operar con garantía y mucha seguridad, con mucho menor cansancio», reconoce quien confiesa que «pensé que me jubilaría sin tener acceso a esta tecnología». Después de tres más de tres décadas en el Chuac, se declara satisfecho y contento por poder intervenir con el Da Vinci: «Hemos aprendido mucho porque vemos perfectamente la anatomía, antes intuíamos, ves prácticamente los hematíes cómo salen uno a uno los hematíes», enfatiza descriptivamente de un aparato que, con su óptica amplificada, les facilita diseccionar «viendo los nervios». «Estás viendo hiperrealidad, aprendemos nosotros y, además, es una herramienta de docencia para los residentes… Es como irte a Madrid en un 600 o en un Mercedes, ir vas, pero no vas igual», concluye. 

«Pueden empezar la quimio antes porque apenas hay cicatrices»

«Operamos sentados», enfatiza sobre la comodidad para los cirujanos en cuadros de alta complejidad. No es tan raro que pasen cinco horas en el quirófano y, algunas veces, llegan a nueve. Pero al margen del confort, el equipo les proporciona visión magnificada en tres dimensiones de las estructuras anatómicas y en alta definición, lo que redunda en la precisión y la seguridad para el paciente, y, además, elimina el temblor natural de la mano del cirujano, lo que permite movimientos más amplios y giros imposibles para la muñeca humana. «Así podemos acceder a recovecos anatómicos, a lugares de difícil exposición», señala. 

Las pacientes, por su parte, ganan no solo en reducción de la estancia hospitalaria, ya que si en intervenciones por laparoscopia tienen que estar entre siete y diez días ingresadas, con el Da Vinci solo necesitan dos. Además, sufren menos dolor. «Se produce menos daño a los tejidos, la cirugía es más meticulosa, y nos permite trabajar con presiones más bajas cuando hinchamos el abdomen como un balón: pasamos de 15 milímetros en laparotomía a 6-8 con el robot, sus brazos ya soportan la pared abdominal», explica.

Uno de los beneficios, que las cicatrices sean mucho más pequeñas, trae otras ventajas relevantes asociadas: «Pueden iniciar el tratamiento con radio y quimio de forma más rápida, porque la quimioterapia no se puede administrar hasta que cicatriza y a veces hay que esperar hasta dos meses, de esta forma la inician de forma casi inmediata;  pensamos que puede redundar en el pronóstico y la supervivencia», recalca Consuegra. A ello se suma que se reducen desde el sangrado a las complicaciones, con menor tasa de infección, y todo se repercute en que «la mujer puede volver más rápido a hacer vida normal». 

El ginecólogo alude también a las ventajas para el propio sistema sanitario, ya que una menor estancia reduce costes no solo en ocupación de camas, sino que las operadas tienen desde menor necesidad de transfusiones durante la operación, hasta menos medicación y analgesia tras pasar por el quirófano y también se reducen las reintervenciones.

Otra diferencia que considera importante es que en cirugía convencional «cada especialidad tiene su instrumental, aquí urólogos, gines, otorrinos… utilizamos el mismo instrumental», incide antes de subrayar que «gracias a la robótica ofrecemos al paciente cirugía avanzada de excelencia en su ciudad, antes la cirugía compleja oncológica tenía que ir a otro sitio, evitamos desplazamientos. La robótica ha globalizado atención sanitaria de grandes enfermedades, y dentro de poco tiempo, si se lograr implementar, un cirujano experimentado de A Coruña con más casos podrá guiar una operación en hospitales más pequeños que no cuentan con estas cirugías porque no tienen casuística».