El Chuac implanta Aurora, un nuevo desfibrilador contra la muerte súbita

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

El equipo de Electrofisiología del Chuac, implantando el nuevo desfibrilador Aurora. A la derecha, Enrique Ricoy con Javier Moya (centro), Ignacio Mosquera (izquierda) y Jaime Casares (detrás, de rojo).
El equipo de Electrofisiología del Chuac, implantando el nuevo desfibrilador Aurora. A la derecha, Enrique Ricoy con Javier Moya (centro), Ignacio Mosquera (izquierda) y Jaime Casares (detrás, de rojo). cedida

Utilizado por primera vez en Galicia, incorpora terapia de estimulación

16 ene 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Se llama Aurora, es más pequeño que los conocidos hasta ahora, gasta menos, dura más y ofrece otras ventajas vitales para quienes lo necesitan. Se trata de un nuevo desfibrilador comercializado en España en noviembre del 2023 por Medtronic y que han colocado por primera vez en Galicia en el Hospital Universitario A Coruña (Chuac). En España, hasta ahora solo lo han probado el Reina Sofía de Córdoba y el Hospital de Bellvitge (Barcelona).

«No va a sustituir completamente a los que ya existían, pero viene a cubrir un hueco, sobre todo para un grupo de pacientes donde puede ser más seguro y eficaz, ofreciendo beneficios con menos complicaciones», señala el cardiólogo Enrique Ricoy, jefe de Electrofisiología del hospital coruñés. A su juicio, en principio parece idóneo «sobre todo para pacientes jóvenes a los que hay que implantarles un desfibrilador en prevención primaria porque tienen riesgo alto de muerte súbita por una cardiopatía estructural», resume.

El perfil del enfermo no es casual, ya que Aurora ofrece valores añadidos. Es más resistente, los electrodos duran más tiempo y se fracturan menos, y también son inferiores las complicaciones asociadas. «Vamos a seguir poniendo los que ya había, pero este ha llegado para quedarse», valora el experto. En un área donde cada año se colocan unos 150 desfibriladores de todo tipo —en España 160 por cada millón de habitantes— Ricoy estima que entre un 10 y un 20 % de las intervenciones se realizarán con el nuevo modelo. «Hay pacientes con cardiopatías familiares, canalopatías, y entre ellos algunos con riesgo de muerte súbita a los que estaría indicado colocarlo, es una buena opción», reitera.

De forma básica, estos aparatos implantables, capaces de detectar y revertir los latidos irregulares del corazón que pueden conducir a un infarto, son de dos tipos: los convencionales, que «van por las venas» y se posicionan en el ventrículo derecho, y los subcutáneos, cuyos electrodos «van por fuera del espacio vascular, pero hasta ahora se ponían encima del hueso del esternón». La nueva tecnología es extra vascular y se ubica detrás del esternón, en el espacio mediastínico.

Pero lo que diferencia al Aurora no es solo el sitio en el que se coloca. «Es de menor tamaño, tiene mayor duración y ofrece la posibilidad no solo de dar una descarga, sino que puede sobre-estimular el corazón emitiendo un impulso eléctrico con una frecuencia superior a la taquicardia, es capaz de cortarla o revertirla», señala Ricoy. El subcutáneo que ya se venía utilizando «no puede emitir estimulación, dura menos y es más grande porque la corriente que emite para revertir la fibrilación ventricular es de mayor intensidad».

Además de la terapia de estimulación, al no ir por el canal venoso con el nuevo modelo «se preserva siempre el flujo sanguíneo, hay menos trombosis y el riesgo de una infección, como una endocarditis, es también menor».

33 centímetros cúbicos

La vida media del Aurora, de 33 centímetros cúbicos frente a los 59,5 del subcutáneo, se estima en 10 años por los 6-8 de los convencionales, y junto al menor riesgo de obstrucciones e infecciones, apunta Ricoy otra ventaja: «Los electrodos tienen mucha menos posibilidad de romperse que en el caso de los endovasculares». De ahí que se apunte a población joven como la que más se puede beneficiar de su utilización.

El caso intervenido en el Chuac era el de un enfermo no tan joven, pero con una miocardiopatía dilatada isquémica, que ya había pasado por un infarto tiempo atrás y sufría una disfunción ventricular severa con alto riesgo de arritmia grave «y, por tanto, de muerte súbita», apunta. «Elegimos este desfibrilador en este caso por la durabilidad y por el estilo de vida del paciente, era la mejor opción». La semana pasada pasó la revisión y «todo va bien», resume.

La colocación del Aurora difiere en que se necesita anestesia general. El procedimiento es un poco más complejo que con el desfibrilador endovascular, de ahí que los especialistas han de seguir un período de formación en el centro de experimentación de Bélgica. Por lo demás, una vez colocado en el quirófano de Electrofisiología, en una intervención que dura entre una y dos horas, el paciente suele estar en el hospital solo 24 horas. «Se le hace una revisión, una radiografía de tórax y si todo va bien, ya se le da el alta», apunta el cardiólogo.

Parte del equipo de Cardiología del Chuac. De izquierda a derecha: Fernando Moinelo, Miguel Fernández, Domingo Porta, Víctor Mosquera, Ignacio de Mosquera, Rosa Herrera, Jaime Casares, Enrique Ricoy, Jorge Garrido (agachado), Javier Moya, Arancha Molina, Manuela Bellón, Eva Pardo, Álex Sánchez, Pablo Fernández, Alejandro Used (agachado), Raquel Vázquez, Sherry Di Jorio y María Martín (agachada).
Parte del equipo de Cardiología del Chuac. De izquierda a derecha: Fernando Moinelo, Miguel Fernández, Domingo Porta, Víctor Mosquera, Ignacio de Mosquera, Rosa Herrera, Jaime Casares, Enrique Ricoy, Jorge Garrido (agachado), Javier Moya, Arancha Molina, Manuela Bellón, Eva Pardo, Álex Sánchez, Pablo Fernández, Alejandro Used (agachado), Raquel Vázquez, Sherry Di Jorio y María Martín (agachada).

Más caro, pero con menor riesgo de rotura y apto para ejercicio moderado

Tras el implante, «el paciente puede hacer vida normal, pero el extra vascular le permite cosas que a lo mejor con el endovascular no podría hacer por riesgo de rotura de los cables. Puede hacer más actividad física, gimnasia, mover los brazos, fortalecer pectorales… Eso beneficia sobre todo a los jóvenes que quieren hacer ejercicio e incluso en ciertas actividades laborales, aunque si requieren mucho esfuerzo o tienen que mover mucho el hombro, ponemos limitaciones», apunta el doctor.

Difiere también Aurora, por el momento, en el coste, ya que se encuentra más cerca de los 30.000 euros, cuando los desfibriladores endovasculares andan sobre los 20.000. «El año pasado, cuando aún no teníamos el nuevo, pusimos entre un 10 y 20 % de subcutáneos; ahora, el nuevo competirá en esa franja, tenemos las dos opciones y en función de las características del paciente decidiremos entre uno u otro», señala Ricoy, que realizará estas intervenciones con los doctores Ignacio Mosquera Pérez y Jorge Rodríguez Garrido.

Las indicaciones no fijan límites de edad taxativos, que dependen más del estado de cada enfermo y de sus co-morbilidades. «Hay pacientes añosos y con muchas patologías crónicas asociadas (respiratorias, pulmonares) con expectativa de vida muy baja o gran riesgo a quienes, a lo mejor, no los implantamos, pero te puedes encontrar gente de 76 años con vida muy activa, que están fenomenal, sin otro problema más que el del corazón y que pueden ser candidatos, cuando a lo mejor en otros más jóvenes no se puede, porque a lo mejor el beneficio del desfibrilador no compensa el riesgo», explica. De ahí que la apuesta es siempre individualizar un tratamiento al que, ahora, se suma una opción más. «Es una técnica más que ofertar a la población, y es eficaz y seguro», concluye.