Enrique Pérez, miembro de Alas Coruña: «Está habiendo una vuelta a los armarios entre los mayores»

Caterina Devesa A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Marcos Míguez

Promueve con la Fundación 26D un piso tutelado para el colectivo LGTBI

31 ene 2023 . Actualizado a las 20:59 h.

«Ni me planteaba hablar del tema, por eso ni creo que haya estado en el armario. De lo que no se habla, no existe», dice Enrique Pérez, de 66 años y vecino de A Coruña. Porque en su juventud ser homosexual era considerado «algo malo». Por eso, aunque siempre supo que era homosexual, no habló del tema con sus familiares hasta pasados los 20 años». «Con veintipocos, tras mi primer desengaño amoroso, se lo conté a mi hermano. Le dije que estaba enamorado y que me había salido mal, por lo que estaba deprimido. Me contestó: ‘tranquilo, para eso hay buenos psicólogos y psiquiatras’», relata el coruñés, que destaca que «la culpa de ese pensamiento no era de ni de él ni de mis padres, si no de la sociedad franquista que paralizó todas las libertades conseguidas antes».

Porque tal y como indica, si su generación creció en represión «los de más atrás, todavía peor». De hecho, su condición sexual supuso que se distanciase de su familia ya en la edad adulta. «Estamos hablando de los años 50 y 60, de una sociedad superconservadora y con un catolicismo ultra. En el colegio solo estábamos chicos, ya que nos separaban por sexos. En mi caso, no tenía pluma y no se me identificaba, pero realmente no sé si no la tenía por que no o las circunstancias hicieron que me reprimiese. Nos robaron la adolescencia. Crecimos en una masculinidad tóxica en la que había que mostrar violencia para ser un hombre», comenta. Porque durante el instituto, recuerda que «si no te peleabas, no eras hombre». «Me acuerdo de un día que se estaban metiendo conmigo y hasta que el chico que más me molestaba y yo no acabamos sangrando por la boca y por la nariz, no me dejaron en paz».

Sobre su infancia, dice que «fue de mentiras y cuentos». Coonsidera que estaba regida por los pilares católicos «más extremos que solo reprimían y te marcaban negativamente como ateo si te salías del patrón». Así, llegó a la edad adulta sin contarle a nadie su condición sexual. «En mi época de joven no había locales de ambiente como ahora. Franco murió en el 75, cuando yo tenía 19 años. Entonces era impensable. Los gais nos conocíamos porque nos identificábamos de alguna forma y primero entabláblamos una amistad». Al que fue su marido durante diez años, más veinte de noviazgo, lo conoció paseando. «Yo vivía en Oleiros y él en A Coruña. Coincidimos y nos hicimos amigos, después ya empezamos como pareja. En esa época el único bar que tenía algo de ambiente era el Xornes», señala. Saliendo con José, ya con 30 años, fue cuando por primera vez verbalizó ante sus padres que era homosexual. «Antes nunca habíamos hablado del tema. No lo ocultaba, pero no lo decía. Viví fuera en diferentes ciudades por mi profesión, profesor, y cuando empecé con mi pareja me preguntaron si era gay y les dije que sí». A partir de ahí, su relación se enfrió. «Digamos que no lo aceptaron y hubo un distanciamiento. De hecho, hice las oposiciones y me trasladé a Canarias para poner distancia. Allí José y yo empezamos de cero, porque no conocíamos a nadie. Estuvimos unos trece años». Con el tiempo, las cosas con su familia mejoraron. «No lo entendían, pero lo acabaron aceptando. De hecho, mi padre vino a nuestra boda, en el 2006, ilusionadísimo. Eso fue fruto de que era ya otro momento, otra sociedad en la que se avanzó mucho. Mi madre no estuvo porque falleció antes.

Residencias específicas

El enlace se celebró en la Casa Azul de Oleiros, «creo que fue el primero de Galicia». Sobre su boda, Enrique dice que hasta entonces, el matrimonio igualitario le parecía «impensable». «Fue un paso fundamental para el colectivo», señala.

A pesar de todos los avances conseguidos, ve con preocupación la situación actual. «Los mayores están volviendo a los armarios. Al envejecer muchos acaban en residencias en las que de nuevo sufren por su condición o viven en un entorno en el que siguen sin aceptarlo». Para cambiarlo, trabaja en la Fundación 26D. «Nos reunimos cada 15 días en el centro cívico de la Ciudad Vieja. Ayer tuvimos un encuentro y estamos trabajando para que el próximo año abra en A Coruña un piso tutelado para mayores del colectivo LGTBI, en colaboración con el Ayuntamiento de A Coruña. Además, en Madrid, se abrirá la primera residencia adaptada. Será para todo el público, pero tendrá en cuenta las necesidades específicas del colectivo. Muchos, al verse solos en un centro de mayores, no están a gusto por los compañeros, que no les entienden y es importante que tengan atención psicosocial especializada y profesional».