El verano sin verano

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

EDUARDO PEREZ

El oficio de veraneante es tal vez el más difícil del mundo. Hay que madrugar mucho, sudar mucho y ser feliz a todas horas

13 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Por asuntos que no vienen a cuento, he tenido un verano sin verano, así que me he tirado un mes al pairo en A Coruña. Me he entretenido un montón huyendo de las nubes de turistas y de sus guías con altavoz incorporado. Pero, en el concurso de la vuelta a la oficina, en el que los adultos imitan el día después de Reyes, con su versión más o menos sofisticada del entrañable «pues a mí me trajeron» infantil, quedé de último, vapuleado por los que se fueron al Caribe, a Nueva York y al sur de no sé dónde.

Ha sido tal mi ninguneo que ni siquiera he podido presumir de que tal o cual compañía aérea me dejase tirado, como Dios manda, tres o cuatro noches en Barajas.

De lo que me he dado cuenta es del trabajo que da estar de vacaciones. Uno se larga a 2.000 kilómetros de su casa y, durante varias semanas, todo su dinero y sus esfuerzos se dedican a crear un remedo de su hogar en la distancia. Uno paga, sufre y discute para dormir en una cama lo más parecida a la suya, para beber la misma marca de cerveza e incluso para que le rían los chistes en su propio idioma. Para eso, tampoco hacía falta tanta huella de carbono.