Antonio Taibo: «Si hago el más mínimo cambio, mato el Manhattan»

A CORUÑA CIUDAD

Antonio Taibo Casás, propietario desde el 2015 de la mítica cafetería Manhattan de A Coruña
Antonio Taibo Casás, propietario desde el 2015 de la mítica cafetería Manhattan de A Coruña ÁNGEL MANSO

Desde el 2015 regenta una de las cafeterías míticas de A Coruña, a la que acude todos los días

11 sep 2022 . Actualizado a las 09:45 h.

Nos sentamos en unas sillas que costaron hace 34 años 28.000 pesetas (casi 170 euros). «Las voy tapizando cuando se ven desgastadas, pero no encuentro repuestos para nada de lo que hay aquí. El suelo -lo señala- tuvo que costar una barbaridad, las maderas de los techos... La cúpula exterior hace falta quitarla y poner una nueva igual. Hubo arquitectos importantes que me hablaron de convertir en terraza la parte de arriba y unirla con unas escaleras. No me parece justo con la historia del local. Si hago el más mínimo cambio, mato el Manhattan», reflexiona José Antonio Taibo Casás. Desde septiembre del 2015 es el propietario del negocio que hace medio siglo abrió un señor que se llamaba Baldomero en la parte de la plaza de Pontevedra ubicada junto al edificio de Facenda de la Xunta. «No tengo la más remota idea de por qué le puso este nombre. Creo que nadie lo sabe», confiesa Antonio mientras busca en el móvil fotos antiguas del local que unos años después de la apertura empezó a gestionar su padrino, Perfecto Taibo. Son las dos y media de la tarde y hay mucha gente en este templo de la hostelería coruñesa. Unos están empezando a comer y otros saborean un café. La mujer de Antonio espera en la mesa de al lado. «Todos los días comemos aquí», afirma. 

Don y doña

Nació en agosto de 1961 en Montevideo, en la casa de al lado de la cafetería que tenían sus padres emigrantes en la capital de Uruguay. Como tantos, habían dejado Cances da Vila, en Carballo, para ganarse la vida lejos de casa. «Aquel país era una delicia y con un estilo de vida muy marcado, pero todo cambió con los tupamaros y en 1969 nos volvimos», recuerda. Antonio trabajó en el bingo del Casino de la calle Real y en el sector inmobiliario, hundido por la crisis del 2008. Finalmente decidió dar continuidad al negocio de su venerado padrino. Tiene dos hijos que se dedican a la hostelería, Jessica, que está al frente de La Cantera, y Yoel, que aunque estudió Administración y Finanzas es el que nos trae las consumiciones que pedimos. Parece el más joven de los camareros y viste, como todos sus compañeros, traje negro, camisa blanca y pajarita. «Seguimos tratando de usted a los clientes, de don y doña. Y no tengo pensado cambiar un ápice porque es la escuela que heredé de mi familia», sentencia.

 Tiempo libre de 5 a 8

Para mantener la esencia del local está pendiente de instalar los dos teléfonos públicos de monedas que había en los extremos de la barra. «Con la pandemia no se podían usar y aproveché para ponerlos a punto. Los tuve que llevar a Oviedo a la única persona que me dijeron que los arreglaba», relata. El Manhattan abre todos los días del año y cuenta con una clientela fiel. «El día de fútbol todo el mundo pide plato combinado. Se creen que es más rápido, pero nos piden tantos que las dos planchas no dan abasto. De carta no puedo sacar nada. Hay gente, por ejemplo, que viene por el cordero que hacemos los domingos. El secreto es la limpieza y contar con profesionales buenos». Dice que no tiene vacaciones y que su tiempo libre es de 5 a 8 de la tarde. «Por las mañanas intento venir temprano, pero entre unas cosas y otras me acuesto a las tres de la mañana», asegura desde una cafetería por la que han pasado y siguen pasando muchos personajes famosos y que fue elegida para el rodaje de series y películas. La última, Fatum, todavía sin estrenar. Un lugar mítico y al que seguro que le habrá salido más de un pretendiente. «Sí, y algunos muy buenos. Pero no hay oferta que valga. Si mis hijos quieren seguir con el negocio, lo ideal es que lo cuiden pero que lo dejen como está», analiza. Me regala una carta antigua en la que aparece toda la oferta del local. El plato combinado más caro era de 160 pesetas (un poco menos de un euro)». Cuántas historias en el Manhattan.