Los niños prohibidos

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

PACO RODRÍGUEZ

La última ocurrencia de las élites «cool» es prohibir la entrada de los niños en sus locales exclusivos y excluyentes

06 sep 2022 . Actualizado a las 23:12 h.

La última ocurrencia de las élites cool es prohibir la entrada de los niños en sus locales exclusivos y excluyentes. Ya hay hoteles sin niños, restaurantes sin niños y hasta vagones de tren de los que cuelga un cartel que da un inesperado —y muy cutre— significado al antiguo «solo para adultos» de los videoclubes.

Al pijo urbanita —en el campo todavía adoran a los pequeños como a un milagro— le molesta el churumbel porque es imprevisible y choca con sus prejuicios y lugares comunes, en los que el guay lleva instalado desde la pubertad, impermeable a las lecturas y las vivencias. Al modernillo de postureo y neuronas despeinadas le importunan las criaturas porque, en el fondo, es más rancio que esos lores ingleses de las películas a los que la institutriz solo les enseña a sus hijos un ratito el sábado por la tarde, recién bañados y peinados.

Prohibir al niño, como todas las prohibiciones, se reduce a prohibir al niño pobre. Igual que cuando los coches ya no pueden entrar en el centro de las ciudades la que se queda fuera es la furgona diésel con 300.000 kilómetros del repartidor y no la berlina eléctrica de 160.000 euros, al crío prémium nadie lo va a echar del restaurante, más que nada porque sus papás lo han dejado con la interna, para que no les perturbe la sobremesa.