Este es el germen de la actual fachada marítima de Orzán-Riazor en A Coruña

Elena Silveira
Elena Silveira A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

ALBERTO MARTI VILLARDEFRANCOS

El plan de 1976 incluía piscinas, hotel, y restaurante mirador

25 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Emilio Fernández López fue uno de los miembros más activos de la corporación municipal de A Coruña entre 1970 y 1976, año en el que falleció con 69 años y siendo todavía concejal. Fue el máximo impulsor del actual polígono de Pocomaco, del plan de construcción de mercados municipales por los diferentes barrios de la ciudad y también el ideólogo del proyecto para crear la Gran Playa de Riazor. Aunque su muerte truncó en buena medida este último proyecto, dejó las bases para transformar la fachada trasera de A Coruña en un reclamo turístico y como la conocemos actualmente.

La visión que él tenía era unir las playas de Riazor y el Orzán con la creación de un gran aparcamiento subterráneo con capacidad para 1.500 coches con otros servicios complementarios, como restaurante y un hotel al borde de la playa. En el anteproyecto también se pretendía eliminar las escolleras del Orzán, con plataformas, un solario y la creación de piscinas infantiles aprovechando la presencia de rocas. También proyectaba la creación de una gran piscina en la parte de Riazor más próxima a la explanada de las Esclavas, mejorando de esta forma la que ya existía gracias al dique construido en 1970 para redirigir el aporte de áridos en la ensenada coruñesa. «A partir de Riazor se irán construyendo una serie de escolleras de unos quince metros de largo que se aprovecharán para hacer piscinas infantiles y solario, al tiempo que sirven para contener los embates del mar, muy fuertes en esta zona», explicaba el entonces concejal Emilio Fernández López.

La Voz de Galicia

El anteproyecto planeaba un gran hotel justo en el mismo punto donde se alza actualmente el Hotel Meliá María Pita. Su idea era que fuera una edificio «atalaya», también con accesos directos al aparcamiento de la playa. Y se ponía la base para construir una cafetería restaurante que funcionara como un mirador desde el Orzán en el terreno de la finca de los Mariño, el anteproyecto pretendía la remodelación de la zona de rocas con plataformas y rampas que favoreciesen la práctica de deportes náuticos, con un acceso subterráneo y aparcamiento específico para que los vehículos pudieran remolcar hasta allí las embarcaciones náuticas.

El anteproyecto planificaba también la creación de pasos subterráneos para peatones e incluso otro para vehículos que enlazaría el entorno de la playa directamente con Juana de Vega. También se barajó la posibilidad de eliminar el rompeolas de la coraza, aunque finalmente los técnicos apostaron por abrir un paso inferior que comunicase ambas playas. «La actual coraza llevará en uno de sus extremos un paso subterráneo para peatones, en el extremo más próximo a tierra, que enlazará con el paseo marítimo que bordeará toda la playa», decía Emilio Fernández en 1976.

Este anteproyecto, considerado el germen del urbanismo y de la remodelación acometida en la zona en los últimos decenios, fue elaborado por el técnico municipal Ángel Suárez y los ingenieros Ramallal, Landeira y Mitchell.

Así era Riazor, en A Coruña, cuando tenía piscina

Elena Silveira

Aunque A Coruña siempre fue consciente del potencial turístico que tenía su costa, no fue hasta los años setenta cuando comenzaron a tomarse en serio la idea de crear la llamada Gran Playa de Riazor, un anteproyecto que pretendía convertirla en uno de los mejores arenales de España. Esa propuesta, que se presentó a toda la ciudadanía, era bastante ambiciosa e incluía la construcción de aparcamientos subterráneos, amplios paseos marítimos, andenes con piscinas infantiles, servicios de duchas y casetas, solarios y fáciles accesos.

Para disfrutar de este entorno privilegiado durante el verano, la Jefatura de Costas y Puertos de Galicia promovió ya en 1970 la construcción de un dique de hormigón que salía de la explanada de las Esclavas y se unía con una zona de rocas en la playa de Riazor, conformando una especie de piscina de agua salada. Esa construcción, aunque se fue deteriorando con el tiempo por la embestida de las olas, estuvo en pie durante casi dos decenios y forma parte de los recuerdos veraniegos de muchos niños que a día de hoy rondan los 50 años. De hecho, rememoran que el agua de esa bañera era «extrañamente» más caliente que en el resto de la playa y que, a pesar de que el agua se veía transparente, «podías encontrarte cualquier tipo de residuo flotando». El mar entraba en ese recinto de forma natural cuando había mal tiempo, ya que las olas sobrepasaban el propio dique, lo que ocasionó numerosos accidentes, y también se abrían unas compuertas submarinas para el aporte y la renovación del agua.

Seguir leyendo