Ibrahima, Magatte, María Lopes

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

Ana Villagrasa

La guerra, con su aquelarre macabro, saca a relucir lo peor y lo mejor de las personas

12 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La guerra, con su aquelarre macabro, saca a relucir lo peor y lo mejor de las personas: el horror y la infamia de los bombardeos a civiles inocentes que los rusos perpetran sin aparente pudor, pero también la elevada y desinteresada solidaridad de algunas personas.

Esta semana conocimos gracias al programa Voces de A Coruña y a La Voz de Galicia el ejemplo de María Lopes, que en su humilde piso de Meicende ha conseguido meter a una familia de cinco ucranianos (con tres niños) que para dejar atrás la barbarie se metieron un día en su coche y ya no pararon hasta llegar al confín de la tierra.

María se quedó con una habitación y acondicionó el resto de la vivienda para que Eugenio, Verónica, Katia, Luza y Solomia la sientan como su hogar. Como el que ya no tienen en Ucrania. Estoy convencido de que María Lopes, natural de Cabo Verde, no es precisamente una potentada. Y sin embargo, su gesto tiene un valor incalculable. Ella es otra africana que da una lección de solidaridad en Coruña, justo la semana en que la ciudad nombró hijos adoptivos a Ibrahima y Magatte, los senegaleses que auxiliaron al indefenso Samuel Luiz cuando era golpeado hasta la muerte en Riazor por una pandilla de salvajes.