Francisco Martelo: «Es más importante que un niño sepa cómo evitar el "bullying" que la capital de Tanzania»

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

EDUARDO PEREZ

El presidente de la Academia de Medicina de Galicia presentará este viernes en la apertura de curso el plan estratégico para difundir información de interés sanitario entre los más jóvenes

10 mar 2022 . Actualizado a las 12:22 h.

Francisco Martelo Villar (Redondela, 1945) vive en A Coruña desde el año 1979.Trabajó durante 32 años en el Chuac, donde fue el jefe del servicio de Cirugía Plástica y de la unidad de Quemados. Desde finales del pasado octubre preside la Real Academia de Medicina de Galicia, una institución que, tras el parón de la pandemia, recupera este viernes el solemne acto de apertura del curso.  

—¿Qué tal estos cuatro meses? 

—Bien, bien. El problema que tiene la Academia de Medicina es proyectarla a la ciudadanía. La conocen muchos médicos, pero no todos y los más jóvenes pueden pensar que es un reducto de buenos profesionales, sí, pero que es un sitio para jubilarse. Nada de eso. Todo lo contrario. La Academia es dinámica, quiere proyectar la medicina a la sociedad. Tiene 191 años de historia y fue de todo, funcionó como una Universidad para la enseñanza, con su biblioteca para consultas, como local de reuniones, de tertulias e incluso para consultar. El cólera, la gripe del 18… todo eso se atendió desde la Academia, no había sistema sanitario, no había casi ni hospitales.  Luego, con el avance, se fue adaptando y en estos momentos buscamos difundir el conocimiento médico entre los ciudadanos y la innovación, el fruto de la investigación médica. Por eso tenemos tres premios anuales.

—¿Ya están convocados?

—Mañana, en la apertura del curso, se abrirá la convocatoria.  Se fallarán en enero del año que viene. El covid-19 obligó a posponerlo, pero este año la fecha límite para recoger los trabajos será el 30 de noviembre, un mes más. Y son premios que están abiertos a todos los graduados en Medicina, no tienen por qué ser gallegos. 

—¿Deberán centrarse en algún aspecto de la salud en concreto?

—Tenemos tres premios muy importantes. Uno es el de la Fundación Barrié. Quien lo gane, aparte de ser nombrado académico correspondiente, este año contará con una dotación económica ya muy relevante. Gracias al interés de la fundación por fomentar la investigación entre los jóvenes pasa de 6.000 a 10.000 euros. Creo que es un estímulo importante para despertar el interés  e impulsar los trabajos que, además, en este caso pueden ser de un tema libre de investigación clínica, de aquel aspecto o campo que decida el propio autor. 

 —¿Y los otros dos?

—La Fundación Oncológico de Galicia promueve, con 6.000 euros, el de investigación en cáncer. Y Previsión Sanitaria Nacional destina 4.500 euros a trabajos sobre el comportamiento humanístico en Medicina. La Academia, aparte de la difusión básica de la Medicina y la investigación, también tiene presente la relación médico-paciente  y el desarrollo de actitudes humanas que debe tener el médico en un momento tan difícil donde la tecnología, las prisas, el número de pacientes casi no te permiten entablar una conversación con el enfermo. 

—¿El humanismo es una asignatura pendiente?

—Marañón decía que al paciente se le diagnostica sentado en una silla. Hoy eso  es prácticamente imposible.  Habría que intentar que la medicina de familia tuviera más tiempo y posibilidad de entablar relación con el enfermo. Durante siglos la relación era vertical, el médico era el que sabía, ahora sucede casi lo contrario. Con Internet, muchas veces con noticias  falsas, el paciente opina y no está de acuerdo o incluso cree que su información es mejor que la del especialista. Ojo, la necesidad de que el paciente esté bien informado la plantearon los médicos, no los políticos ni los sindicatos. Fue en 1973, en Estados Unidos se redactó el primer documento sobre los derechos del paciente. Los derechos de los ciudadanos proceden de la Revolución Francesa, de 1789, y  tuvieron que pasar 200 años para que aparecieran los del paciente. El enfermo tiene que saber de su enfermedad, tiene que conocer sus opciones y participar de la decisión del tratamiento. Yo aconsejo, pero la última decisión es del paciente. El médico es el que tiene la ciencia, la información, que es el conocimiento y la realidad de las cosas, pero no es toda la verdad. Porque a lo mejor un paciente decide que el tratamiento que le propone no se ajusta a sus expectativas de cómo quiere vivir su vida. La verdad de las cosas, esa que veo que abanderan los negacionistas, es dogmática. La ciencia aporta conocimiento con los recursos que se tienen en ese momento. Una cosa que es verdad hoy, a lo mejor dentro de diez años se demuestra que no era tanto. Recuerdo que mi madre de niño no me dejaba comer pescado azul y después se supo que las sardinas eran mejores que la merluza…

 —¿Qué pueden hacer desde la institución para evitar las informaciones falaces que pueden repercutir en la salud?

—La Academia puede ser un altavoz. Queremos que, aparte de la reuniones, servirnos de las nuevas tecnologías, de Internet y las nuevas plataformas para difundir conocimiento con dos objetivos fundamentales: informar a los jóvenes y a los mayores, los más desvalidos. Hemos hechos un plan estratégico para cuatro años e inicialmente nos centraremos en los más jóvenes. 

—¿Con qué objetivo?

—Nos dirigiremos a alumnos de enseñanzas medias para hablarles de temas importantes como el  bullying, las adicciones al alcohol y a las drogas, al juego, a Internet… Nos planteamos también profundizar en la depresión, ver dónde está la problemática que conduce a las altas tasas de suicidio infantil y juvenil. Pero además de informar a los niños, aunque es difícil y necesitamos patrocinadores, queremos llegar al profesorado de esos colegios e institutos. Es tan importante o incluso más importante para un niño saber cómo evitar las drogas, un embarazo no deseado, una enfermedad evitable o que te maltraten en el colegio y te hagan bullying por ser gordito que saberse la capital de Tanzania o Camerún. Creo que son conocimientos que deberían estar pautados e incluidos en los currículos escolares.  

«La Academia no puede quedarse al margen o callada en cuestiones clave como las 'fake news'»

 Este viernes, a las siete de la tarde, y en una sesión abierta a todo el mundo hasta completar el aforo de la Academia, la sede de Durán Loriga acogerá la ceremonia de apertura de curso que el año pasado no pudo celebrarse por culpa del coronavirus. El acto se iniciará con la lectura de la memoria del año pasado, que correrá a cargo del secretario general de la institución, el  cirujano cardíaco Alberto Juffé.

 —¿Y la lección inaugural?

—El discurso institucional lo hará el académico territorial por Ferrol Francisco Javier Pérez Mendaña, que fue jefe del servicio de Ginecología en el  hospital ferrolano. Hablará de la eutanasia. 

—Tema siempre polémico.

—Es importante. Clave diría yo. De la eutanasia se puede hablar de muchas maneras. Pueden hablar técnicos que tienen conocimiento sobre la muerte biológica, se puede hablar la atención en situación terminal… Puede hablarse desde el punto de vista de la investigación, la historia, la filosofía, incluso desde la visión de la criminología, y también hay quienes hablan desde la creencia religiosa. La Academia es un espacio abierto y todo el mundo puede hablar de cualquier tema con relevancia social desde el planteamiento personal que considere, que no es ni tiene que coincidir con el posicionamiento o la visión de la propia institución. La Academia tiene que ser un espacio libre, y el problema que tiene es la economía. Tenemos que conseguir recursos para ser independientes y defender a los profesionales y a los ciudadanos, al paciente.  Por eso estamos intentando conseguir recursos a través del patrocinio de entidades privadas. La Fundación Amancio Ortega nos dotó del equipamiento tecnológico para contactar con una sociedad interconectada a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Tenemos que intentar estar en los sitios y la Academia tiene que opinar a través de las publicaciones científicas, de los medios de comunicación tradicionales y también a través de las nuevas plataformas. Tenemos que estar en el ajo. Creo que la Academia no puede quedarse al margen o callada en cuestiones claves, como pudo ser la propia pandemia. Tenemos que estar en qué pasa con las fake news, en el debate del negacionismo, en si vacunas sí o no, y cuándo siempre basándonos en el conocimiento científico.