Listas de espera en las colas para comer de A Coruña: «Atendemos a cerca de 1.200 personas cada día»

Almudena Santos A CORUÑA/ LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Asociación Renacer
Asociación Renacer MARCOS MÍGUEZ

Gran parte de los usuarios son familias de edad media con hijos y el número de necesitados sigue aumentado como consecuencia del encarecimiento de los precios

20 jul 2022 . Actualizado a las 19:34 h.

«Las colas del hambre siempre aumentan». Así sentencian desde el Banco de Alimentos Rías Altas la realidad que viven los comedores sociales de la ciudad de A Coruña. Aunque parezca que la crisis provocada por el covid-19 ha disminuido, el número de personas que se ven obligadas a acudir a estos centros para tener comida que llevarse a la boca sigue creciendo.

El problema es que las asociaciones, fundaciones y entidades solidarias de la ciudad están desbordadas por la gran cantidad de personas que llaman a su puerta. No solo son largas las colas para lograr comida, también las listas de espera. Por ello, el Hogar Sor Eusebia tiene pensado ampliar su capacidad, como consecuencia del «incremento de las solicitudes». «Ahora mismo, hay cerca de 15 personas que esperan ser atendidas», añaden.

Situada en la calle Alberto Datas Panero, la Asociación Renacer también ha visto cómo crecen los demandantes de ayuda. «Nos hemos llegado a encontrar hasta 55 personas esperando», manifiestan. La situación es peor en comedores sociales de mayor tamaño, como la Cocina Económica. «Atendemos a cerca de 1.200 personas a diario», explican.

«Casi no enciendo la luz y la calefacción»

A los efectos de la pandemia, se une la subida de precios en supermercado y el encarecimiento de la electricidad y del combustible. Los comedores sociales ya han notado un incremento de las personas, aunque «todavía no tenemos datos concretos de la subida», explican desde Padre Rubinos.

El problema, indican desde el banco de alimentos, es que «mucha gente tiene que subsistir con un sueldo de 600 euros». Desde la Cocina Económica manifiestan su miedo «a una posible avalancha de personas», como ocurrió con la declaración del estado de alarma el 14 de marzo del 2020.

Ana, usuaria de la Asociación Renacer, asegura que casi no enciende la luz ni la calefacción» por el incremento de los precios. Una situación similar a la que vive Margarita, a quien le han subido el alquiler 100 euros y ha pagado una factura de luz de 200 euros.

Libé, en la Asociación Renacer
Libé, en la Asociación Renacer MARCOS MÍGUEZ

Libé, que lleva siete meses acudiendo al centro, indica que muchas veces se ve «obligada a recortar gastos», puesto que con su sueldo no puede afrontar todos los gastos. Marcelo y Greta es un matrimonio que va a recoger comida para el bebé de su hija, puesto que es la única manera que tienen de conseguir fruta. «Son siete bocas las que tenemos que alimentar en casa y vivimos con un solo sueldo», describen.

Pedro en uno de los economatos de Cáritas
Pedro en uno de los economatos de Cáritas MARCOS MÍGUEZ

Pedro, antiguo usuario de Cáritas, ahora voluntario de la organización, explica que estuvo mucho tiempo recibiendo estos servicios porque se veía obligado a vivir con unos ahorros que, poco a poco, iban desapareciendo. Ahora busca trabajo, pero ha tenido que pedir ayudas a la Administración «para poder hacer frente a la factura de la luz». «Estoy subsistiendo con lo que trabajé hace unos meses», dice, y asegura que siente miedo ante el incremento de los precios que se está viviendo.

Sin embargo, no solo los usuarios han notado los efectos de este encarecimiento de los precios. Desde el Banco de Alimentos Rías Altas están pensando «reducir el número de furgonetas que utilizan para repartir comida de 6 a 3» por la drástica subida de precios en el combustible.En la Cocina Económica aseguran que estarán pendientes de la situación porque «seguramente tendrá repercusión sobre los recursos del centro».

A las colas para comer «viene gente que tiene casa, trabajo y familia»

El perfil de los usuarios de las colas para conseguir comida cambia en función de los centros a los que acuden. A Padre Rubinos, solo van adultos, debido a que han reabierto el comedor,donde los menores tienen prohibida la entrada. Por este motivo, aseguran que «se ha vuelto al perfil prepandemia, el de las personas sin hogar».

La situación cambia en la Asociación Renacer, donde la mayor parte de las personas que atienden «son unidades familiares». Algo similar a lo que ocurre en la Cocina Económica, donde «puede haber unas 220 familias que vienen a pedir comida». Es un número menor al de las que acuden a Cáritas, lugar en el que cada día ayudan «a cerca de 60 familias».

Colas del hambre en A Coruña
Colas del hambre en A Coruña MARCOS MÍGUEZ

Por el contrario, en el Hogar Sor Eusebia, predominan «las personas que se encuentran en riesgo de exclusión social», que han sido derivadas por otras Administraciones, como hospitales. En Fonte de Vida, explican que «el perfil de usuarios no ha cambiado», puesto que siguen acudiendo a recibir comida «gente que tiene casa, trabajos y familia». 

De hecho, defienden que «todavía hay muchos niños que hacen uso de estos servicios». A pesar de ello, en Cáritas han notado que «aunque ha disminuido el número de familias que acuden al centro, han aumentado las ayudas de emergencia», destinadas al pago de alquileres, de la factura de la luz o tarjetas para poder ir a hacer la compra. «Ya no damos solo alimentos», afirman. De esta manera, concluyen que, en cierta manera, se ha normalizado la situación y es «similar a antes de la pandemia», a pesar de que las cifras siguen siendo más elevadas a antes de marzo del 2020.

Sin embargo, siguen estando presentes personas que tienen empleo y no llegan a fin de mes. También las que tenían un empleo, pero como consecuencia de la pandemia lo perdieron, pues «las empresas pequeñas se vieron obligadas a cerrar o reducir el número de empleados». Esto es lo que explican desde el banco de alimentos. 

Mujer recogiendo comida
Mujer recogiendo comida MARCOS MÍGUEZ

No obstante, un tema en el que coinciden estos centros es que «está creciendo el número de latinoamericanos, llegando a un porcentaje del 30 o 35 %», según la Cocina Económica, «aunque todavía son una minoría de los que acuden». Esta afirmación la sustenta también la Asociación Renacer, que explica que ahora, «en el tiempo pospandemia», muchos extranjeros «han llegado a Galicia huyendo de situaciones complicadas en sus países, pero no han encontrado trabajo». Por ello, se ven obligados a hacer uso de estos servicios. 

El paro empeora respecto al 2021

El estallido de la pandemia, sin duda, fue un antes y un después en el mercado laboral. La declaración del Estado de Emergencia provocó que muchas personas se quedaran sin empleo, una tendencia que todavía continúa e incluso ha empeorado. Febrero del 2021 arrancó con una tasa de paro del 13,77 %, cuando 14.864 personas estaban sin trabajo en A Coruña,  mientras que en el 2022 la cifra subió a 15.096, el 13,82 %, según los datos publicados por el SEPE. No se ha vuelto a las cifras de antes de la pandemia, puesto que el número de contratos registrados en febrero del 2020 fue  de 24.376, mientras que en enero del 2022 llegaba a 21.737.

Las donaciones a los comedores sociales se estancan

La mayor parte de estos comedores subsisten gracias a donaciones, que «crecieron exponencialmente durante el año 2020». El confinamiento provocó que «saliese la solidaridad de todo el mundo, probablemente debido a que sintieron más fuerte esa necesidad», aseguran desde la Cocina Económica de A Coruña, algo que reitera Ana, usuaria de la Asociación Renacer. «Hay mucha ayuda, más que en otras ocasiones», señala.

Aunque las personas que acuden a los comedores sociales siguen aumentando, no lo hacen las donaciones, que se mantienen en las mismas cifras desde marzo del 2021. «Las donaciones son similares respecto a lo que registramos el año anterior», indican desde Padre Rubinos, cuyo principal canal de abastecimiento «son las cadenas de supermercados como Gadis, Eroski o Mercadona». «No han crecido, pero tampoco han descendido», reiteran desde la Asociación Renacer.

En Cáritas, por ejemplo, «el 70 % de los ingresos son de donaciones que reciben de socios, particulares y empresas». Además, añaden que «las donaciones han disminuido respecto al 2020, aunque siguen siendo más elevadas que en el 2019 o el 2018».

El problema es que la mayoría de estas instituciones no pueden ayudar todo lo que se necesita en base de las donaciones que reciben, por lo que muchas cooperan con el Ayuntamiento. «Recibimos muchas ayudas y subvenciones», aseguran en la Cocina Económica, puesto que «es su motor de funcionamiento». Afirmación que comparte también la Asociación Renacer, que ha firmado un convenio con el gobierno local coruñés para conseguir subvenciones «y poder ayudar a las personas que se encuentran por encima de los 55 años».