El Instituto de Investigación Biomédica del Chuac, donde el 61 % de la plantilla es femenina, integra ya a especialistas de ramas tan dispares como ingenieras, veterinarias, informáticas, gestoras o abogadas
11 feb 2022 . Actualizado a las 12:51 h.El covid ha sacado a la luz como nunca hasta qué punto investigar en salud resulta, simplemente, vital. Detrás de todo ese esfuerzo existe un enjambre cada vez más complejo y diverso de profesionales de ramas tan dispares como necesarias. El Día de la Mujer en la Ciencia es solo uno más en el que, a menudo de forma anónima, continúan realizando su trabajo esos custodios de las promesas, esperanza de nuevas curas para cuya consecución ya no basta con un científico casi ermitaño y solitario volcado en alumbrar una quimera.
La ciencia en salud incorpora un abanico diverso de disciplinas que, ahora mismo bajo el paraguas del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña, están desarrollando diferentes especialistas. En un momento en que, según el informe Científicas en Cifras, el 41 % de la investigación la realizan mujeres pero solo el 13 % de los estudiantes STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) tienen rostro femenino, su labor es, también, un ejemplo del horizonte de oportunidades que se abre para las niñas de hoy más allá del ámbito asistencial de la medicina y la enfermería, donde ellas ya son mayoría.
En un día en que sigue siendo necesario recordar los techos de cristal, algunos espejos en los que mirarse se encuentran muy cerca, entre ese 61 % de los 428 profesionales que integran el Inibic. Ahí van solo media docena de referentes.
PATRICIA REY PÉREZ (A Coruña, 1984). «La ciencia va todavía más allá de la imagen que se ha visibilizado durante estos dos últimos años», dice. Trabaja en el Chuac desde el 2013, es licenciada en Biología Molecular, máster MBA y directora de la Fundación Profesor Novoa Santos, el órgano gestor de todos los proyectos de I+D+i que se impulsan desde las áreas sanitarias de A Coruña y Ferrol. «La ciencia ha alcanzado un nivel de complejidad que obliga a abrirse a perfiles muy diversos, es fundamental contar con equipos multidisciplinares que incluyan expertos en matemáticas, ingenieros biomédicos, ingenieros informáticos… para obtener el máximo provecho del conocimiento que se va generando», valora. Aprecia que «se está dando un cambio en el enfoque de la ciencia, ahora se prima la transferencia y la aplicabilidad de los resultados», explica, lo que implica también favorecer un «acercamiento al mercado». El aumento de la interacción con el tejido productivo, que se está fomentando incluso desde las Administraciones con organismos con la Axencia Galega de Innovación, «hace necesario profesionales capaces de comprender la ciencia y al mismo tiempo conocer el mercado y hablar su lenguaje», resume.
«Necesitamos profesionales capaces de comprender la ciencia y, al tiempo, conocer el mercado y hablar su lenguaje»
En su caso aúna formación en el ámbito de las Ciencias de la Salud, pero también en el terreno de la gestión, y desde la fundación que dirige trabaja en dar respuesta a esas necesidades crecientes de incorporar el conocimiento a través de profesionales superespecializados. Lo sabe porque, en contacto directo con el Inibic, conoce la actividad de ingenieras biomédicas, veterinarias, bioinformáticas e incluso letradas.«Se ha abierto un escenario de nuevas profesiones en el ámbito científico-tecnológico que son fundamentales ya, ahora», insiste antes de abogar por superar estereotipos y lanzar un mensaje a las muchachas que están decidiendo su futuro: «Tienen que saber que hay un campo inmenso; la ciencia lo abarca todo, hasta ramas que nunca se pensó tienen su papel, como el Derecho o la Economía, esos mismos perfiles también tienen cabida y son necesarios en el entorno sanitario», subraya.
MARÍA ÁLVAREZ CABALLERO. Toledana nacida en Madrid en 1994, es ingeniera biomédica de la plataforma 3D del Inibic. Cursó el grado en la Politécnica de Madrid, en la especialidad de dispositivos médicos y se fue a hacer el máster en Valencia, en un momento en que la Universidad colaboraba activamente con el Instituto de Biomecánica, especializado en implantes. Al finalizar, entró a trabajar en La Fe en el área de simulación clínica, colaborando a recrear situaciones para el entrenamiento de los facultativos. «La simulación empezó en el hospital, pero lo llevaban médicos, enfermería, técnicos… poco a poco encontramos ahí una salida laboral: hay robots, hay diseño de dispositivos, hay inventiva, nuestro trabajo es ofertar ese soporte científico tecnológico a la parte clínica», resume esta joven acostumbrada a manejar sofisticadas impresoras capaces de construir desde vértebras hasta válvulas.
Hace un año desembarcó en el Inibic, donde cuentan con dos plataformas apoyadas por el Instituto de Salud Carlos III de impresión 3D y de modelos de experimentación animal. Tres son las vías de servicio que prestan: apoyo a procesos asistenciales de diagnóstico y tratamiento, docencia, aprendizaje y entrenamiento, y apoyo a la investigación. Ella aporta varios ejemplos de lo que hace en realidad una ingeniera biomédica en un hospital:«En planificación quirúrgica damos soporte para que el médico tenga la placa o la malla preformada adaptada a la anatomía del paciente en concreto que va a operar, con guías quirúrgicas que le permiten saber de forma precisa por dónde cortar, con qué angulación y profundidad, o elaboramos modelos virtuales visibles en pantalla o con gafas 3D para conocer el tamaño del tumor, qué porcentaje hay que extirpar, etcétera». A ello suma, por ejemplo, desarrollar modelos de simulación para el entrenamiento específico de determinadas patologías.«Estamos trabajando con modelos vasculares, se pueden entrenar enfermedades infantiles con baja incidencia, de manera que los profesionales pueden practicar sobre casos reales antes de pasar directamente a la práctica clínica». Y, además, «desarrollamos instrumental, herramientas», comenta sobre la rama investigadora.
«Ayudamos no solo a potenciar ideas que surgen en el hospital cada dos por tres, sino a darles forma para mejorar la vida de las personas»
«En los últimos años ha habido un bum tremendo, está cambiando el paradigma del sistema nacional de salud y cada vez se apoya más en la parte tecnológica y científica, se necesitan cada vez más profesionales especializados y las empresas ya piden específicamente el perfil de ingeniero biomédico», recalca esta profesional, que se declara «muy satisfecha».«Esto es algo único. Todo el mundo dice que para Medicina tienes que tener vocación. Pues para esto igual: tienes vocación de ayudar pero no de operar y estar en contacto con la sangre, pero cada día tienes un paciente específico». Y sí, le recompensa mucho saber que «ayudamos no solo a fomentar y potenciar ideas que surgen en el hospital cada dos por tres, sino a darles forma para mejorar la vida de las personas».
VICTORIA SUÁREZ ULLOA (A Coruña, 1980). Licenciada en Química, doctora en Biología y máster en Bioinformática. Las tres disciplinas «en realidad son diferentes pero no tanto, dentro de la química ya me acercaba a trabajar con moléculas… se solapan ambas y la informática incorpora técnicas siempre en la misma idea de trabajar en el desarrollo de las ciencias de la vida». Confiesa que a medida que ha ido avanzando en su trayectoria se han ido cayendo compañeras. Ya tras la licenciatura, en el doctorado en Miami «había menos chicas», algo que fue a más cuando se introdujo en la informática. «Ahí ya estaba superdescompensado», dice sobre el predominio masculino. Sin embargo, ella tenía claro que su terreno era ese:«Son distintas caras de la misma idea, me apetecía llegar a la etapa final del proceso investigador, diseñar experimentos, generar datos y ser capaz de analizarlos. Me centro en el análisis porque así se puede responder a la pregunta que te haces al principio y que impulsa el inicio de toda investigación, es sacar el sentido de todo lo que se ha hecho», resume. Para semejante finalidad, pone especial hincapié en la importancia de la multidisciplinariedad. «La ciencia es siempre trabajo en equipo, y solo es posible gracias a profesionales superespecializados, los proyectos son enormes y la biomedicina es un ejemplo claro».
Desde hace tres años trabaja en el Inibic, a cargo de la plataforma de Bioinformática. «Prestamos apoyo al resto de los grupos de investigación, somos una estructura transversal, a disposición de cualquier grupo o médico del hospital», explica. Su tarea comienza con cada idea, ya que el tratamiento de datos se inicia ya en el propio diseño de cada trabajo o ensayo para garantizar que se utilizan las variables óptimas, y, por supuesto, a la hora de analizar los recopilados finalmente para obtener conclusiones. Los datos «no son tablas de Excel, son masivos, necesitas técnicas específicas», advierte. También lo ejemplifica:«En uno de los proyectos de Reumatología se combinan datos clínicos y genómicos para buscar perfiles o fenotipos de pacientes de osteoartritis, y así poder catalogarlos para darles el tratamiento específico, es medicina personalizada», recalca.
«Las notas para entrar en Medicina a veces son imposibles, pero hay otras muchas formas de aportar si tu objetivo es mejorar la vida de la gente»
Consciente de que disciplinas como la suya «son profesiones bastante nuevas», no duda en animar a las jóvenes con habilidades relacionadas con la lógica a lanzarse a áreas «con una proyección increíble y mucha demanda». «Y que se olviden, si alguna vez han dudado sobre si hay alguna diferencia entre chicos y chicas a la hora de resolver problemas, es todo una cuestión cultural… si se les dan bien los puzles, la lógica, resolver… esta es una salida excelente y una oportunidad para participar en algo que recompensa tanto como lo hace la biomedicina». Es más, apunta las múltiples alternativas abiertas ante las dificultades de acceso a estudios clásicos, como Medicina. «Hay muchas formas de aportar si tu objetivo es mejorar la vida de la gente, que miren las muchas opciones para hacer algo bueno por la sociedad y poniendo en uso habilidades que a puede que en el colegio no sean tan valoradas, a lo mejor más centrado en lo memorístico, porque hay trabajos con alta demanda y bien pagados que pueden compensar y mucho», concluye.
PATRICIA LÓPEZ SAN MARTÍN (La Robla-León, 1987). «Desde pequeñita tuve claro que quería ser veterinaria, pero lo de terminar en el hospital fue pura casualidad, totalmente fortuito», dice. Hizo la carrera en León y trabajó tres años en el Rof Codina de Lugo con distintas becas hasta que le surgió la oportunidad de realizar una entrevista en A Coruña para formar parte de la unidad de cirugía experimental del Centro Tecnolóxico de Formación del Chuac. De eso hace ya seis años. «Ni me lo pensé, nunca me había imaginado dedicarme a algo relacionado con la investigación y estoy encantada», asegura. Con su trabajo como responsable de bienestar y salud animal también colabora a la formación quirúrgica continuada de los profesionales sanitarios y al desarrollo de investigaciones. Es, además, miembro del comité de ética de experimentación animal. Participa activamente y de forma directa, ya que «me encargo de las anestesias y dentro de los proyectos aportamos nuestro apoyo desde que se inician, en la fase preclínica».
«Si tienes ganas de dedicarte a la ciencia y a la investigación solo hace falta perseverancia y mucha curiosidad»
De su puesto valora «la suerte de poder trabajar con multitud de profesionales de distintas áreas,aprendiendo de forma continuada». De modo que de aquel salto que dio hace ya seis años no puede sentirse más que satisfecha: «Es muy gratificante, para alguien curioso es un placer poder trabajar con gente de áreas tan diversas». Por eso Patricia no duda en su mensaje para las nuevas generaciones: «Que abran la mente, que no se cierren puertas ante nuevas oportunidades que puedan surgir porque pueden ser maravillosas; les animaría a que si tienen ganas de dedicarse a la ciencia y a la investigación solo hace falta perseverancia, mucha curiosidad y ganas… Puede que estemos un poquito más a la sombra que el investigador como tal, pero esto no solo es muy gratificante, es también necesario para que todo esto salga adelante y se lleve a cabo».
ANGÉLICA FIGUEROA CONDE-VALVÍS (Madrid, 1974). Es la directora del Grupo de Plasticidad Epitelial y Metástasis en el Inibic del Chuac, al que llegó en el 2009 tras doctorarse en Biología Molecular y trabajar en centros punteros de Australia, Estados Unidos y Londres. Responsable de uno de los proyectos más ambiciosos, y también que mayor respaldo financiero ha obtenido, ahora mismo se encuentra en plena fase de emprendimiento, de «transferir e innovar» para llevar al mercado, y por tanto a los pacientes, el que es su sueño: un nuevo fármaco contra el cáncer. «Quiero animar a las niñas, porque la formación científica en España es muy buena, muy sólida, de hecho en otros países luchan por nuestros investigadores». Ella misma no hubiese tenido problema alguno para continuar en el Reino Unido después de su posdoctorado.
«Esta es la era de la innovación y en salud necesitamos muchos perfiles diferentes, no únicamente asociados a la Química, la Medicina o la Biología»
«Estamos en la era de la innovación, estamos en un proceso de gran cambio y de grandes oportunidades y surgen ya nuevas alternativas profesionales en ciencia y en tecnología», subraya. Como se encuentra en pleno reto de crear una spin off o una start up para hacer que, efectivamente, el nuevo tratamiento se convierta en realidad para la población, sabe bien de la necesidad de «muchos perfiles y no todos necesariamente asociados a la Química, la Medicina o la Biología», reseña. «Hay gran necesidad de matemáticas y hasta de profesionales de la economía; ahora mismo estoy tratando de entender lo que es un negocio, estoy elaborando el plan de negocio y hablando con profesionales del mundo de la empresa para configurar un equipo y crear la spin off que nos permita desarrollar un fármaco nuevo que llegue a los enfermos de cáncer de colon inicialmente, pero con un mecanismo de acción que, en un futuro, podría servir también para otros tumores».
NATALIA CAL PURRIÑOS (Sada-A Coruña, 1976). Todavía llama la atención que en el plantel de trabajadores que hacen posible la actividad científica del área sanitaria se encuentra una abogada. Natalia Cal es licenciada en Derecho, máster en Biobancos, cuenta con especialización universitaria en cumplimiento legal y privacidad y es miembro de dos comités éticos de investigación, el territorial de las áreas sanitarias de A Coruña y Ferrol, y el nacional del Instituto de Salud Carlos III.
Dado que las investigaciones sanitarias son ya no solo multicéntricas, sino multinacionales «implica que vamos a tener que compartir información entre distintas instituciones de diferentes naciones, con sus propias normativas sobre protección de datos, con sus requisitos de autorización, trámites burocráticos y también con reglamentos sobre la utilización de muestras biológicas de muchos países, incluso de fuera del ámbito de la UE; todo eso tenemos que ver si se ajusta a la legalidad y qué medidas de cautela tenemos que cumplir en una actividad que maneja información muy sensible sobre las personas», explica.
«En investigación se maneja información muy sensible sobre las personas y la normativa se actualiza constantemente, hay que conocerla bien»
Los reglamentos se multiplican, los hay sobre ensayos, sobre productos sanitarios, sobre mil factores que «hay que cumplir ya en el diseño de las propias investigaciones». Normativas que, además, tendrán un crecimiento exponencial debido «al impacto de avances tecnológicos como la inteligencia artificial, el Big Data o lo que se denomina el internet de las cosas», agrega. De ahí que el conocimiento de una legislación en constante actualización resulte básico para no arriesgarse a que, tras el arduo trabajo científico para dar, por ejemplo, con un producto o un tratamiento que puede ser relevante en la práctica clínica, su aplicación no se frustre por cuestiones normativas.
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«Cuando hice Derecho desconocía este ámbito», reconoce Natalia, que entró a trabajar en la unidad de investigación coruñesa para tareas básicamente administrativas en el 2006 , un año antes de la publicación de la Ley de Investigación Biomédica. Y decidió especializarse. «Como curiosidad, cuando participé en la Red Nacional de Biobancos se sorprendieron de que solo dos licenciadas en leyes hiciésemos el máster», apunta. Está satisfecha de su aportación para los avances, ya que «nuestro punto de vista sirve para complementar: ellos son profesionales de la Medicina, de la Biología… investigadores que piensan en sus experimentos y ensayos y el volumen de normativa es tan extenso, cada vez más, que ellos ni tienen tiempo para conocerla, ni tampoco dominan el lenguaje, que no es tan sencillo de entender; yo intento explicarles los requisitos legales de forma más o menos sencilla y darles opciones para que el diseño de su proyecto, que tiene una finalidad curativa o de mejora de la calidad de vida y que lleva detrás un gran esfuerzo, pueda llevarse a cabo».
«Este es un nicho de mercado muy especializado y somos muy pocos a nivel nacional», argumenta de un terreno que, además, está sujeto a constantes cambios que exigen una actualización y evaluación continuada. «Lo que hoy es seguro, igual dentro de un mes no lo es porque los avances van tan rápidos que aparece una nueva brecha o un nuevo riesgo y estamos obligados a implementar nuevos procedimientos y revisar los protocolos de actuación». Para el futuro, a la vista está, no les faltará trabajo.