Sara Martínez, uróloga del Chuac: «No noto reticencias por ser mujer, el varón lo que quiere es que te preocupes por él»

R. Domínguez A CORUÑA /LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Sara Martínez Breijo, uróloga del Chuac
Sara Martínez Breijo, uróloga del Chuac MARCOS MÍGUEZ

La especialista llama la atención sobre la prevención del cáncer de próstata

28 nov 2021 . Actualizado a las 22:31 h.

Cuando Sara Martínez Breijo ( A Coruña, 1980) empezó las prácticas de Medicina y a preparar el mir, tuvo claro que quería ser uróloga. Había hecho la carrera en la Universidade de Santiago y se inclinó por el Chuac para hacer la especialidad. Nada más terminarla «ya me quedé aquí, implicada en la rama de la uroncología», dice esta doctora que acumula ya quince años de trabajo en el Hospital Universitario A Coruña. En el mes en el que el movimiento movember (palabra que surge de mezclar mostacho y noviembre) impulsa a sus compañeros de profesión a dejarse bigote, ella aporta a la campaña su insistencia en divulgar información para concienciar sobre la importancia de cuidar la salud masculina.

—Aunque tratan también patologías femeninas, urología parecía una especialidad reservada a hombres. ¿Cómo la reciben los pacientes varones?

—Muy bien. Nunca he tenido ningún problema. No noto reticencias por ser mujer, el varón lo que quiere es que el facultativo lo atienda bien, que te preocupes por él, por su salud, por su bienestar, que le proporciones opciones de tratamiento... Y cada vez somos más mujeres. Cuando empecé aquí solo éramos dos, igual entonces sí chocaba más, pero en poco tiempo se ha ido normalizando. El paciente lo que más valora es la profesionalidad, sobre todo si llega con inquietudes. Le gusta encontrarse una cara afable, que le transmita con tranquilidad la información sobre lo que le pasa, que te pares con él... Que el diagnóstico del cáncer no se diga como si fuera una cosa más, y eso en nuestro servicio intentamos cuidarlo mucho.

—El cáncer de próstata sigue preocupándoles.

—Lo que nos preocupa a los urólogos es que es el más frecuente en los varones y la tercera causa de muerte. Hay que visibilizarlo por el impacto sanitario que tiene.

—¿Va en aumento?

—Sí, unido al incremento de la expectativa de vida. Es importante que los varones estén pendientes. En el 90 % de los casos el cáncer se presenta localizado y es asintomático. De ahí la importancia del diagnóstico precoz, de las revisiones periódicas y de consultar con el urólogo.

—Revisiones, ¿cada cuánto?

—No hay unas guías claras, pero a partir de los 50 años es una buena edad para ir una vez al año al urólogo. Eso siempre y cuando no haya antecedentes. Sería diferente si hay antecedentes familiares de cáncer de próstata, de mama o de otros tumores, que haría sospechar la existencia de una tendencia genética. Entonces sí hay que hacerse revisiones antes. Si tienen un padre o un hermano con cáncer precoz, la recomendación es revisarse a partir de los 45 años.

—¿Y cuándo deben hacerse el PSA (análisis del antígeno prostático específico ?

—Hay un debate abierto sobre los cribados. Existen dos ensayos clínicos, uno europeo y otro de Estados Unidos, y no está clara la eficiencia de un screening. Si un paciente está preocupado, yo le diría que se haga el PSA a partir de los 50. Eso en el caso de no haber antecedentes de cáncer en la familia.

—Para los diagnosticados, ¿qué avances hay en tratamiento?

—Los tratamientos cada vez son mejores. Estamos luchando por mejorar la atención a nuestros pacientes cada día. Se acaba de incorporar en el hospital la cirugía robótica, y hay tratamientos que han revolucionado la atención para un grupo de enfermos, un 10 % que debutan con cáncer avanzado metastásico para los que hasta hace poco no teníamos apenas herramientas y ahora las muy variadas. Tenemos una consulta propia de cáncer prostático avanzado y estamos ofreciendo todo tipo de alternativas, incluso a través de ensayos clínicos, ya que tenemos una unidad desde hace años para ir de la mano del progreso científico.

—No todos se han de operar, ¿no?

—No, la prostatectomía es un tratamiento, pero también hay radioterapia, braquiterapia... o vigilancia activa para aquellos tumores que no son biológicamente activos y no van a comprometer el pronóstico. En estos casos se hace un control en consulta cada tres meses, con analítica y pruebas de imagen. Así evitamos el riesgo de comorbilidades asociadas a la cirugía, como la incontinencia o la disfunción eréctil.

—Las secuelas siguen preocupando a los que pasan por el quirófano.

—La cirugía cada vez se desarrolla más y hay constantemente mejoría en los resultados funcionales. De no ser así, siempre hay tratamientos de soporte. En nuestro servicio tenemos consultas andrológicas específicas para abordar la disfunción.

—La investigación está integrada en el servicio, ¿no?

—Sí, sí. Ayudamos o damos soporte a la industrias con el desarrollo de nuevos fármacos, algunos dirigidos a alteraciones genéticas determinadas. Ahora la medicina de precisión empieza a ser algo importante. Y parte de nuestros ensayos van dirigidos a determinadas mutaciones, de ahí la importancia del estudio genético, de conocer los antecedente y poder prestar asesoramiento también en este terreno.

A la búsqueda de una proteína que «avise» pronto si el tumor es agresivo

La Sociedad Española de Urología acaba de conceder a la médica adjunta de urología del Chuac una beca para el desarrollo de un nuevo estudio, esta vez en la rama de proteómica. Sara Martínez Breijo llevará a cabo el estudio con el equipo del Inibic, el Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña que concentra el I+D+i del complejo hospitalario coruñés y la Universidade da Coruña bajo la gestión de la Fundación Profesor Novoa Santos del área sanitaria.

El trabajo, según explica la propia especialista se enfoca a la búsqueda de «algún tipo de proteína que nos ayude a discernir la agresividad de los tumores pero en fases tempranas», resume la doctora. Si la investigación prospera, podría derivar en el hallazgo de una nueva herramienta diagnóstica, un marcador, de relevancia para la detección precoz del cáncer, e incluso servir de base en el futuro para impulsar algún desarrollo terapéutico siguiendo esta línea y grupo de pacientes.