O Castrillón estalla: «Esto es un escándalo, vemos jeringuillas en el suelo todos los días»

Melissa Orozco / C.A A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Un foco de trapicheo de drogas y robos en la calle atemorizan a los vecinos, que han dejado de usar el parque de Oza

15 nov 2021 . Actualizado a las 19:08 h.

La inseguridad opaca los días de los vecinos que viven en O Castrillón. El trapicheo y los robos no descansan. En la avenida Casanova de Eirís, cerca de la calle Antonio Ríos, se encuentran dos chabolas con la maleza desbordada y un pasadizo que facilita la compraventa furtiva de estupefacientes. «Esto es un escándalo, vemos jeringuillas en el suelo todos los días. Apareció una delante del colegio que hay por la zona y otra por el centro cívico, una madre con un niño con necesidades especiales tuvo que recogerla. A las ocho de la mañana empieza todo y es seguido. En el parque de Oza ya casi no hay gente. Atan la droga en las farolas, se mandan mensajes por móvil, la recogen y dejan el dinero», afirma una residente del barrio de 44 años.

La vecina manifiesta que ha habido robos en la zona. Asegura que las personas ya no salen a partir de las siete de la tarde por temor a sufrir un hurto o ser interceptados por los vendedores y compradores de drogas que merodean por el lugar. Aunque señala que en la última semana constató presencia policial, solicita una intervención más decidida por parte de la Administración municipal.

«Esto empezó hace cinco años, era suave, no se veían a personas pinchándose. Pero desde septiembre se descontroló. Aparte, los que están involucrados en esto son agresivos. Quieren dinero ya, a un niño le dieron una bofetada para pedirle un billete y a una señora mayor le robaron las muletas y el bolso. Incluso, hay personas que ya no van al Gadis del barrio por temor a que les quiten la compra al salir. Es el colmo», dice.

Otra de las habitantes coincide con las versiones anteriores. Se ha encontrado con seis jeringuillas en el suelo, también ha visto sus envoltorios. «Parece que las ponen a propósito para que alguien se pinche con ellas. No puedes meterte por un caminito sin pavimentar porque no sabes si te topas con una», comenta. Para ella el problema «va a más», cuenta que a su hija de catorce años ya le han exigido dinero de forma intimidante. Incluso, le robaron la bicicleta que tenía en el garaje de su casa hace tres semanas. La recuperaron porque estaba aparcada alrededor de un árbol cerca de su vivienda.

«Mi hija viene con miedo del colegio porque ya no sabe con quién se va a encontrar. Pedimos que nos ayuden a que esto se solucione. Esto no se puede esconde. La inseguridad es mayor cada día. Hay más yonquis en la zona. Son caras nuevas y de muy mala pinta», añade.

Uno de los residentes considera que una de las posibles alternativas para contrarrestar la seguridad consiste en acabar con la maleza que rodea las chabolas. Para él, «las personas que venden y compran no se podrían ocultar». Aunque los vecinos concuerdan en que también se observan ratas por la zona pasa a ser un «problema secundario» frente a los robos y el trapicheo.