Andrea Castromil: «Llevo conviviendo 25 años con distintos tipos de cánceres»

Pablo Portabales
Pablo Portabales A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

ANGEL MANSO

Es la directora de la Fundación Naru, tiene 47 años, dos hijos de 15 y 12, y su bisabuelo fundó la empresa de buses

01 nov 2021 . Actualizado a las 19:19 h.

Luce varios tatuajes pequeños. Todos guardan una preciosa historia detrás. El del tobillo es una flecha «que siempre va hacia adelante», explica Andrea Castromil Dotras. Ella es así. Desde hace unas semanas dirige la Fundación Naru, vinculada al European Business Factory, con sede en el edificio de Expocoruña. «Significa algo parecido a llegar a un determinado punto. Nuestro primer objetivo se centra en apoyar a las personas que, por haber sido pacientes oncológicos o cuidadores de estos, han perdido su empleo o tuvieron que renunciar a él durante el proceso de la enfermedad. Pelean para sobrevivir a una dolencia y después tienen que pelear para retomar su vida», analiza mientras me muestra otro tatuaje. Es la preciosa firma de su marido, Nacho Cobián. «Llevábamos tiempo juntos y nunca encontrábamos el momento para casarnos. En el 2017 le diagnosticaron un cáncer terminal y en la primera fecha que había libre, el 29 de diciembre, fuimos al Registro Civil de la plaza de Vigo. Aunque fue algo íntimo, recuerdo la cantidad de amigos que decidieron ir a aplaudirnos. Aprendí que hay que celebrar todo en el momento, lo bueno y lo malo», sentencia. Ahora, Nacho se encuentra estable y «feliz y agradecido de estar vivo», comenta Andrea, que me habla con la mano en el corazón de especialistas como María de la Cámara, Charo García Campelo, Ana Souto o Gabriel Triana, entre otros muchos.

Como los buses

Charlamos en la terraza de Amaranto, en Picavia. Es un placer compartir un café con esta mujer pegada a una extraordinaria y sincera sonrisa.

Cuando menciona su apellido, la gente de cierta edad todavía le pregunta: «¿Como el de los buses?». «En muchos sitios, a los autobuses se les sigue llamando el Castromil. La empresa la fundó mi bisabuelo y siguieron con ella el abuelo, mi tío y mi padre. Yo no iba en bus», recuerda esta coruñesa de 47 años y dos hijos de 15 y 12, fruto de su primer matrimonio. Su marido tiene otros dos hijos, de 24 y 21. Me muestra otro tatuaje que lleva en el brazo. Son unas coordenadas. «Las del lugar donde lanzamos las cenizas de mis padres. Querían estar juntos y en el mar, al que siempre hemos estado muy vinculados», relata. Su madre, Leticia Dotras, una mujer elegante y encantadora a la que tuve la suerte de conocer, murió a consecuencia de un cáncer, al igual que su padre. «Hace años yo tuve un carcinoma papilar. Mi tiroides se convirtió en un jengibre. Llevo conviviendo 25 años con distintos tipos de cánceres», afirma.

Loewe y Caramelo

Sus lugares son Perillo, Bastiagueiro, Santa Cristina... Donde se crio y donde sigue viviendo. Estudió en el Santa María del Mar y desde pequeña tuvo claro que se quería dedicar a algo que tuviese relación con la gente, «Soy habladora, pero también de oreja agradecida. Me gusta buscarme la vida... Volar», asegura Andrea, que habla con pasión de cualquier cosa. Estudió Traducción e Interpretación en Madrid y París y, cuando su madre se puso mala, regresó a A Coruña para cursar Publicidad y Relaciones Públicas. «En 3.º de BUP ya daba clases de inglés, repartí folletos y fui guía de autobuses de cruceristas. Los llevaba al Centro Comercial Cuatro Caminos. Después empecé a trabajar en Loewe, en la plaza de Mina», rememora. Fue un contacto con la moda que se prolongó en el tiempo. «Estuve de 1996 al 2002. Después tuve la suerte de trabajar en Caramelo. Cada 15 días viajaba por el mundo adelante. Me encargaba del escaparatismo y de la imagen de las tiendas. Después nació mi hija y cambié de vida. Estuve en la tienda El Caballo, de Riego de Agua, en Dolores Promesas, y unos años en la Escuela de Finanzas y en Cesuga, hasta que llegó la pandemia», resume. Alegre, resolutiva, disfrutona y positiva. Así es Andrea. Le gusta cocinar el arroz Shanghái con la misma receta que bordaba su madre. Se le cae la baba cuando habla de sus hermanos y de sus sobrinos. «Soy su tía favorita», dice esta mujer que no puede vivir sin música. En su playlist hay variedad de estilos. «Menos el chunda chunda, me gusta de todo».