Los fundadores de Rígido, en A Coruña: «Al inicio tomamos a Sargadelos como referente en nuestro trabajo»

Lucía Cancela
Lucía Cancela A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

Cedida

La marca de joyas es finalista en los Premios Nacionales de Artesanía

17 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Joyería artesanal para todos los géneros y edades, así es Rígido, la marca made In Galicia, y ubicada en A Coruña, que quiere poner en valor lo local en el mercado internacional. La entidad es una de las seleccionadas como finalistas en los XIV Premios Nacionales de Artesanía, convocados por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo.

Sus fundadores, Carla Barral y Javier González, no pueden sentirse más «orgullosos». Destacan su punto fuerte sin caer en egocentrismos: «Tenemos una propuesta de valor que demuestra que la artesanía puede ser de diseño y estar alineada con la moda». Los creadores señalan la artesanía de antes, «de la que hay una gran tradición en Galicia», y la adaptan a los discursos actuales, «si bien lo tradicional tienen una gran calidad, hay situaciones en las que se queda obsoleto». Por ello, desde Rígido señalan: «Abogamos por una vuelta de tuerca en la joyería, con nuevas realidades y estando más cercanos a las tendencias».

La última campaña de Rígido, Experimental Drift.
La última campaña de Rígido, Experimental Drift.

Ambos vienen del diseño textil. Y precisamente, conocer el mundo de la moda rápida o fast fashion fue lo que les hizo huir de esa «vorágine»: «Mi padre es joyero, y con la última colección que lanzamos pude conocer el proceso de creación», cuenta Carla, «no me sentía identificada con el mundo de la moda rápida. En la joyería artesanal todo va más despacio y te permite disfrutarlo».

Son padre y madre del producto. Y como tales, adquieren un rol activo en el proyecto. Ella se ocupa de la parte del diseño y la producción, y él, de la imagen de marca. «Aunque, como en toda empresa pequeña, acabamos compartiendo responsabilidades», señalan.

Rígido nació en la antesala del estallido del covid-19, en febrero del 2020, lo que frenó las expectativas que tenían: «Era difícil comunicar sabiendo lo que pasaba en el mundo, al mismo tiempo que nosotros también tratábamos de entenderlo».

Es una marca sin edades o pretensiones, «sí que es cierto que antes de lanzar la primera campaña teníamos un público objetivo. Pero una que vez salió a la venta, vimos que era muy complejo encasillar al cliente tipo». Este made in Galicia está haciendo mella en otros países: «Llegamos a Estados Unidos y a casi toda Europa. Ahora por ejemplo acabamos de abrir un punto de venta en París», comenta Carla.

Para ambos es fundamental trabajar con el producto de proximidad, más cuidado y hecho con más mimo: «Cada pieza va acompañada por una etiqueta que incluye a los artesanos que la han elaborado y las horas que han puesto en ella. Queremos que la gente conozca lo que hay detrás». Las joyas son únicas «e imperfectas» a su manera «Empleamos la técnica del esmaltado para seguir el hacer tradicional», cuenta Carla. Y Javi indica: «Al inicio tomamos como referente a Sargadelos en nuestro trabajo». Es una producción local con un diseño internacional. «Vemos que se habla del made in France o Italy, pero queremos poner en valor el hecho en Galicia». Conocedores del oficio, lamentan que se pierda la técnica, «pese a la tradición que existe en la comunidad».

Laboratorio de ideas

«El nombre de Rígido es una antítesis de lo que somos», detalla la diseñadora, «para nosotros la marca es frescura y diversidad». Como muestra de ello, dejan su huella en el concepto: «Las dos colecciones que lanzamos diferencian los momentos que hemos ido atravesando». La primera era algo más atada al convencionalismo, «mientras que la segunda es una idea de 360 grados. Con ella conseguimos que el producto, la dirección artística, la fotografía y el diseño respirasen como queríamos», explica Javi.

La última campaña de Rígido, Experimental Drift.
La última campaña de Rígido, Experimental Drift.

El último lanzamiento, Experimental Drift, tiene alma de laboratorio: «Fue una creación muy orgánica. Me metí en el taller y pude crear con mis manos las texturas, los colores y las formas», detalla Carla. La inspiración partió de los corales marinos y de los microorganismos. «Tomé como referencia elementos vivos. En la propia pieza puedes ver cómo el taco de cera se ha ido transformando». Y, pese al éxito cosechado en casi dos años, tienen una espinita clavada: «Nos gustaría abrir un espacio físico» porque las joyas ganan y mucho.