El resort popular de San Amaro

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

ANGEL MANSO

Allí, al abrigo natural, con el brillo de la piscina del Club del Mar de frente y las conversaciones de profesionales del sol que se sitúan en la grada detrás, uno se siente extrañamente feliz

20 ago 2021 . Actualizado a las 10:54 h.

Unos chavales se suben al embarcadero. Miran a los lados. ¿Quién se atreve? Uno a uno, se tiran al mar de San Amaro. Unos de bomba, otros peligrosamente de cabeza. ¡Alto! Al rato se anuncia desde la megafonía que esa práctica está prohibida. De pronto, a uno le vienen a la cabeza broncas en los noventa por el mismo motivo. Se siente víctima de la sensación de caer en un bucle retrospectivo en esa pequeña playa de Adormideras. Igual que entonces, hay un grupo pescando en las rocas. Igual que entonces, los niños juegan a coger carrerilla y tirarse al agua. Igual que entonces, suena la música de unos vecinos situados en la toalla de al lado, a poco más de un metro. Cambia el equipamiento de los pescadores, que han dejado la tienda de barrio por las franquicias del centro comercial. Cambian los pequeños, que en vez de tirarse «a lo tiburón» (con las manos hacían una aleta imaginaria) lo hacen «a lo Messi» (levantando vacilones los pulgares al cielo). Y cambia la música, otrora heavy salido de un radiocasete y ahora trap expulsado de unos altavocces portátiles.

Salvo esa capa de barniz moderno y una agradable mezcla de pieles blancas, negras y mulatas imposible hace 30 años, la esencia permanece: San Amaro es esa playa popular de Adormideras tomada como la extremidad resort de Monte Alto. También, un desvío para coruñeses de otros lares que saben que el desplazamiento merece la pena. Allí, al abrigo natural, con el brillo de la piscina del Club del Mar de frente y las conversaciones de profesionales del sol que se sitúan en la grada detrás, uno se siente extrañamente feliz. Como volviendo a casa. Como sabiendo que si esta ciudad es un lugar magnífico para vivir es por cosas como al arenal de San Amaro. Que sigue más o menos igual que siempre. Afortunadamente.