Vagos y maleantes: «En las calles de A Coruña encuentras sacrificio y resignación, pero sobre todo libertad»

FErnando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

F. M.

El poeta Abel García Pantín y la ilustradora Marta García Cabrillas publican un libro en el que retratan a los artistas callejeros

14 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El relato de Kafka Un artista del hambre empujó a Abel García Pantín (A Coruña, 1987) a reunir en un libro a los artistas que comparten con él las calles del centro de A Coruña. Abel es poeta y lleva años vendiendo sus poemas -enrollados y atados con un lazo- en la calle Real, y también sale en Vagos y maleantes, que es el título del volumen, acompañando a músicos, pintores, fotógrafos, mimos y malabaristas que han hecho de la vía pública su escenario. En la elaboración del libro contó con Marta García Cabrillas (Santiago, 1984), psicóloga que trabaja en una residencia de mayores y técnica en ilustración, que acompañó a Abel en las entrevistas y se ocupó del apartado gráfico. Vagos y maleantes, impecablemente editado por la imprenta Manchea de Monte Alto y también disponible en digital (vagosymaleantescor.wixsite.com/aruaenosa), está a la venta en las librerías A Tobeira de Oza y O Fiandón libros de vello, y los beneficios se compartirán con los protagonistas del libro.

Pregunta. ¿Cómo se tomaron los protagonistas la idea de salir en un libro?

Abel García Pantín. La mayoría me conocen, saben que estoy ahí cada día y que comparto lo que hacen. Eso facilitó mucho las cosas. Aunque hubo quien no quiso salir. Eso sí, los que están en el libro se han visto y están felices con el resultado.

P. Como psicóloga habrá encontrado un curioso perfil humano.

Marta García Cabrillas. Eso es lo que más me gustó del proyecto, poder acercarme a estas historias humanas que son muy diferentes entre ellas pero que tienen un factor común, que todos han decidido ir por su propio camino, pasar de lo establecido y buscar por su cuenta lo que realmente querían. Hay una búsqueda continua de la libertad.

P. ¿Encontraron más ganas de libertad que simple necesidad?

A. G. P. Encontramos mucho sacrificio y una pequeña parte de resignación, porque en efecto muchos no tienen otra cosa a la que acudir. Pero sobre todo encontramos libertad. En todos los casos esto es lo que han buscado, lo que quieren. Es la base sobre la que han construido su vida. Pero insisto en que hay de todo. Algunos lo tienen como un aporte, una vía de escape para su creatividad. Hay profesores de música, otra que trabaja en una biblioteca, un carnicero... Gente que necesita algo más en sus vidas. Aunque para la mayoría es su dedicación principal.

P. La calle puede ser muy dura.

A. G. P. Sin duda. Es jodida, pero también te da muchas cosas bonitas. Cuando pasa una familia con un niño y yo les ofrezco uno de mis poemas y el niño pregunta qué es un poema, yo ya me doy por satisfecho. Puedo haber tenido un día terrible, pero ese detalle, el haber propiciado que un niño tenga su primer contacto con la poesía, lo compensa todo. E historias así te las cuentan todos. Los músicos a los que se les paran delante los niños, o gente mayor a los que se les cambia la cara: eso vale un mundo. Eso no quita que la calle sea muy dura, sobre todo cuando lo conviertes en tu forma de vida.

P. ¿Es esta una ciudad acogedora para los artistas callejeros?

A. G. P. Aquí los enemigos son el viento, el frío y la lluvia. Pero si lo necesito, me busco un rincón en el que cobijarme y listo.

P. Me refería también a la gente. Están expuestos a todo tipo de respuestas.

A. G. P. Hay que entenderlo. Cada uno va a lo suyo. Vienen del trabajo, están deseando llegar a casa, tienen un mal día, como cualquiera, y tú te acercas sonriente para ofrecerles un poema. Puedes recibir una mala respuesta, es inevitable. Eso no pasa si estás detrás de un mostrador, seguramente. Pero no te lo puedes tomar a mal, tienes que dejarlo pasar, porque al día siguiente tienes que volver.

P. Dedican el libro a José Manuel Portela Ghersi, el pianista de la calle Real, que además cierra las entrevistas. Hace tiempo que no se le ve por aquí...