Magia en Cambalache y Gasthof

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

LOS HERMANOS JUAN, ATILANO Y JOSE SOUSA, PROPIETARIOS DE LA CADENA DE RESTAURANTE GASTHOF POSAN A LA ENTRADA DE SU PRIMER NEGOCIO, EN RUBINE.
LOS HERMANOS JUAN, ATILANO Y JOSE SOUSA, PROPIETARIOS DE LA CADENA DE RESTAURANTE GASTHOF POSAN A LA ENTRADA DE SU PRIMER NEGOCIO, EN RUBINE. PATRICIA GAGO

05 jun 2021 . Actualizado a las 11:07 h.

Mi envidia, de niño, era la marea humana que los domingos en A Coruña desfilaba en procesión por Riazor. Primero, porque aquella gente iba al estadio a ver al Dépor, y segundo, porque eran muchos los que de camino hacían escala en Gasthof. A su escaparate nos asomábamos los chavales para extasiarnos con algo que para nosotros era lo nunca visto: el bote rojo del kétchup y el amarillo de la mostaza, más codiciados que el cromo de Santillana.

Delante de aquella vidriera se nos salían los ojos de las órbitas mientras los comensales extendían el contenido de los envases sobre unas interminables salchichas que parecían decirnos: «¡Cómeme, cómeme!». Por eso, uno de los días imborrables de mi infancia fue aquel de 1977 en que la madre de un amigo nos llevó al cine Riazor a ver La guerra de las galaxias y, a la salida, a comer en Gasthof nuestros primeros perritos calientes, sobre los que cayó, claro, una gota fría de kétchup y mostaza.

Se fueron los años, llegaron nuevos amigos, las pandillas del instituto y las primeras cenas en grupo. Garitos... teníamos varios, pero en el día excepcional que nos podíamos permitir un lujo nuestro tres estrellas Michelin era Cambalache, con sus manteles de cuadros y sus pizzas Milonguita, que acababan de aterrizar en la Coruña de los ochenta.