El último reducto de biodiversidad en A Coruña está lleno de halcones, víboras o salamandras

Elena Silveira
Elena Silveira A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

VIBORAS DE SEOANE EN LOS LIMITES DE A CORUÑA CON CULLEREDO Y ARTEIXO POR LOS BIOLOGOS DE LA UCD DAVID DO PEREIRO Y ISMAEL ESPASANDIN .
VIBORAS DE SEOANE EN LOS LIMITES DE A CORUÑA CON CULLEREDO Y ARTEIXO POR LOS BIOLOGOS DE LA UCD DAVID DO PEREIRO Y ISMAEL ESPASANDIN . EDUARDO PEREZ

Biólogos de la UDC estudian la riqueza natural en el límite con Culleredo y Arteixo

15 jun 2021 . Actualizado a las 10:16 h.

Ismael Espasandín y David Pereiro llevan más de un año estudiando la fauna silvestre que habita en la zona sur de la ciudad de A Coruña. Dicen que el territorio que limita con los ayuntamientos de Culleredo y Arteixo siguen siendo un vergel para reptiles, anfibios, aves y mamíferos que, por desgracia, ya han desaparecido de otras partes del municipio debido a la contaminación y destrucción de su hábitat a causa de las actividades humanas. Los dos biólogos están especializados en herpetología, es decir, la rama de la zoología que estudia a los reptiles y anfibios, y se han sorprendido de la gran cantidad de especies que sobreviven en este reducto natural. «Se trata de una zona periférica, relativamente rural y en la que se siguen manteniendo las labores agrícolas de forma tradicional, cuidando las zonas de cultivo, con maleza que no cubre y donde la fauna propia de estos ecosistemas todavía encuentra alimento». En este sentido, Ismael Espasandín puntualiza que las zonas verdes y parques de la ciudad «pueden resultar bonitos y agradables, pero son unos desiertos de biodiversidad. No vendría mal que el Ayuntamiento tuviese en consideración este reducto natural que nosotros estamos analizando y muestreando», indicó.

El estudio que realizan Espasandín y Pereiro se centra, especialmente, en la población de víboras. Contrariamente a la creencia popular, son animales muy frágiles y sensibles a los cambios en su hábitat. Y su reproducción es muy lenta, ya que lo hacen cada dos años. «En febrero o marzo salen de la hibernación y en agosto o septiembre las hembras paren sus crías vivas (son animales vivíparos). Suelen tener entre seis y ocho crías, más o menos. Pero no todas las hembras pueden reproducirse, en ocasiones porque no tienen las suficientes reservas en su cuerpo», indica.

 

Ismael Espasandín

Bulos históricos

Los especialistas explican que las serpientes han sido objeto de leyendas urbanas falsas transmitidas de generación en generación y, además, demonizadas por diferentes religiones, encarnando al demonio o espíritus malignos, lo que hizo que no fueran bien aceptadas por la población. «Por ejemplo, siguen persistiendo bulos sobre que las culebras beben la leche de las vacas, que escupen veneno a la cara o que saltan para morder a sus víctimas. Y nada de eso es cierto». De hecho, su primer instinto es huir. Una víbora, si se ve acorralada, se enrosca en posición de defensa y emite un bufido muy audible para el depredador. «El problema surge cuando alguien quiere manipular el animal de forma inadecuada» (algo prohibido por ley) y recibe una picadura. «Se pueden observar sin problema, pero no cogerlas ni cambiarlas de lugar porque su ámbito territorial es muy pequeño (incluso metros) y las traslocaciones pueden acabar con su vida. Son animales endémicos en toda la península».

Dicen que el veneno de la víbora de Seoane, la más habitual en este entorno, no es muy virulento y puede generar hinchazón, calor y cierta coagulación de la sangre. «Lo mejor es calmar a la persona afectada y trasladarla a un hospital» porque el efecto puede ser diferente en cada persona, como la picadura de una abeja o de una avispa. Eso sí, es «extremadamente raro» que una persona fallezca a causa de una picadura de víbora. «No tienen el veneno para atacar, sino porque son depredadores y la inoculan a la presa que cazan, paralizándola y después engulléndola», aclaran los biólogos. 

EDUARDO PEREZ

Un reducto de biodiversidad

Aunque el estudio que los expertos de la Universidade da Coruña se centra en la población de víboras, ambos destacan la gran biodiversidad de esta franja limítrofe del Ayuntamiento de A Coruña. «Hay multitud de anfibios, reptiles, ofidios, insectos, mamíferos y flora típica de los campos de cultivos». Y comienzan a enumerar: sapo común, rana verde, sapillo pintojo, tritón ibérico, palmeado y jaspeado, salamandras... También reptiles como el escáncer («al pobre lo confunden con una culebra, pero es un lagarto sin patas), el eslizón tridáctilo, lagartija de Bocage, lagarto ocelado, lagarto verdinegro. Y, especialmente, tres especies de ofidios: culebra lisa europea, culebra de collar ibérica y la víbora de Seoane. «Es uno de los pocos reductos que quedan para este tipo de fauna, a la que fue comiendo terreno la ciudad, y que deberíamos conservar», reivindican. También han visto halcones peregrinos, cernícalos, busardos ratoneros, zorros, erizos conejos, topos, topillos, ratones de campo y todo tipo de insectos. Los resultados preliminares de este estudio se presentarán en el vigésimo primer Congreso de Herpetología Ibérico que se celebrará este año online debido a la pandemia.

 

Ismael Espasandín