El enlace ferroviario a la dársena es clave para el rediseño de la urbe


El puerto interior de A Coruña se extiende desde el antiguo Concello de Oza -situado en la base de la península que conforma la ciudad- hasta casi la entrada de la plaza de María Pita. La línea de costa clausurada al público y que se podrá abrir en la próxima década duplica la de las playas de Riazor y el Orzán, incluso sin tener en cuenta los cientos de metros que añade el trazado de los muelles en sí.

La apertura de la dársena se perfila así como la gran oportunidad para redefinir A Coruña, una ciudad que siempre se ha transformado en paralelo a su puerto, durante este siglo. En ese diagnóstico coinciden todos los partidos políticos y las Administraciones implicadas. Pero siguen sin despejarse todos los obstáculos.

No es solo que no se haya definido la financiación o el modelo urbanístico a seguir, tampoco será posible abrir el muelle más grande -el de San Diego- sin antes construir el enlace ferroviario a Langosteira, que permitirá que las empresas que operan en esa zona se trasladen al puerto exterior. La obra, presupuestada en 140 millones, cuenta con proyecto y todos los permisos, pero todavía carece de calendario de ejecución ni de una fuente de financiación concreta.

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