Virtuosismo y sentimiento

Respaldo del público a la dirección de López-Ferrer con la OSG

El director de orquesta François López-Ferrer
El director de orquesta François López-Ferrer

El 18.º de abono de la OSG dio lugar a entrañables evocaciones inscritas en la larga tradición musical coruñesa. Cercano el recuerdo para Jesús López Cobos, por cuanto su hijo François López-Ferrer (Cincinnati, 1990), era el director de la velada. La primera obra, para la que se contaba con la violinista germano-coreana Klara-Jumi Kang (1987), estaba escrita y dedicada al mejor violinista del momento, Pablo Sarasate, el mismo que a los 7 años, llamado aún Melitón, debutaba en A Coruña en 1851 con una de las dos orquestas de la ciudad, auspiciado por Juana de Vega. Esa primera obra en atril fue Sinfonía Española op. 21, del francés Edouard Lalo (1823-1897). Sarasate le había estrenado su Concierto para violín op. 20 y procuró la cercanía con el divo dedicándole otro, el 21, que llamó Sinfonía Española en virtud de los temas próximos. Eran los tiempos de ‘Africa comienza en los Pirineos’ y la música ibérica fuente de exotismos. El halago estaba también en la escritura virtuosística afín al dedicatario. Kang mostró perfecta adecuación a tales exigencias, con sonido hermoso en toda la gama. Dialogando y acompañando la OSG estuvo magnífica bajo la guía de López-Ferrer.

Sinfónicamente el ‘mundo interior que clama por salir’ de Piotr I. Chaikovski (1840-1893) había llegado a cuatro obras hasta 1877. Once años después de vida llena de tribulaciones a causa de su perseguida homosexualidad, dejó salir tales sentimientos imbricados en ideas musicales que muestran el mundo interior de un hombre ingenuo, tímido, amoroso y controvertido. En la Sinfonía n. 5 en mi menor op. 64, que surge en 1888, aparece, ya en la introducción, el destino malhadado que recorrerá la obra. El momento álgido de las emociones está en el Andante cantabile. Los inspirados temas melódicos (pasó la infancia escuchando a Mozart, Rossini y Bellini) surgen cargados de emociones primero en el canto de la trompa y alcanzan su punto culminante en el amplio desarrollo de la obsesión fatal. Luego el Vals es bálsamo y el AndanteMaestoso-Allegro Vivace un brillante canto del cisne. La ejecución fue excelente, con la orquesta entregada a una batuta joven y llena de energía: López-Ferrer, digno sucesor de López Cobos. Así lo corroboró el público.

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