José López Parada, ebanista: «A clientela que aprecia un moble bo vaise indo para o outro mundo»

A CORUÑA CIUDAD

Vítor Mejuto

Regenta la última carpintería del casco histórico de A Coruña, donde se asentaron buena parte de sus artesanos y donde la calidad enseña que la belleza, más allá de modas, requiere su tiempo

27 ene 2021 . Actualizado a las 11:43 h.

El taller de José López Parada es un espectáculo. Un particular museo donde conviven desde un samovar ruso de la época de los zares a un estereoscopio con el que ver las imágenes del primer coche que llegó a España en 1898 mientras suena de fondo una gramola adquirida a una familia gallega que hace más de un siglo hizo fortuna en Cuba. Está en la Ciudad Vieja de A Coruña, en una calle abierta en canal por una rehabilitación que descubre la vieja muralla soterrada. El tiempo de este artesano lo ocupa, sin embargo, otro material noble: la madera. Su favorita es la de castaño y estos días anda enredado con la restauración de la talla de una santa.

Si le preguntamos por su edad, el ebanista se remite a la antigüedad del negocio. «Nacín entre virutas, coma quen di, no 1958, co meu pai abrindo o taller. Foi unha sorte, unha lotería que me tocou porque este traballo é unha xoia», dice sonriendo. De padre carpintero y bautizado José, estaba predestinado.

En el barrio, el más antiguo de la ciudad y donde tenían tradicionalmente su domicilio los artesanos, José López es el último ebanista en activo. «Son o único supervivente do gremio», asiente. «Isto estaba invadido de artesáns. Só da madeira eramos nove no casco histórico», añade.

Aunque hace encargos a medida, es en la restauración donde ha encontrado su propio camino. A un paso de cumplir los 63, una jubilación que lo aleje de sus herramientas es lo que menos le apetece. «Iso, cando me leven ao ceo [bromea]. A cuestión é que eu agora restauro menos e compro máis. Estou surtido. Teño dúas naves cheas! Aos pais gustáballes conservar os mobles familiares, agora veñen os fillos a vendelos. Se os atopo a prezo, mércoos. A clientela que aprecia un moble bo vaise indo para o outro mundo», dice abriendo los ojos.

Fedra Mourmouri

«Supostos» Picasso

Entre los tesoros de los que se fue haciendo acopio hay un retrato de Gumersindo Pardo Reguera, «inspirador de Pablo Picasso cando viviu na Coruña», y que le vendieron sus nietos, y también «dous supostos Picasso», destaca haciendo hincapié en la palabra «supostos» sobre las dos pinturas de paisajes que se llegaron a atribuir al genio cubista. Un armario de caoba de mediados del siglo XIX, carteles de los carnavales de 1972 del pintor Luis Calvo, un antiguo tintero francés art déco o un belén de corteza de roble completan su colección.

Preguntarle si en casa tiene algún mueble de Ikea puede parecer un atrevimiento al que responde con un sencillo «non». «Algún cliente maior tenme chegado cun moble para que llo monte. Eu fágoo, case por pena. O deseño é moi bonito, engancha, pero... É como comparar unha hamburguesa, onde vai todo prensado e non sabes o que hai dentro, cun bo bisté de tenreira, que reloce. Miña muller estivo unha vez a piques de cambiar o cuarto da filla e ata o vendedor lle dixo se estaba segura do que facía. Agradézolle que me botase unha man. Manteño que o barato sae caro», defiende, porque más allá de las modas, «os mobles bos son eternos»