Seguridad máxima en la atención sanitaria incluso sin mascarilla: así trabajan dentistas, otorrinos y oculistas

Los especialistas han tenido que adaptarse para garantizar un servicio sin riesgo


a coruña / la voz

La pandemia impide llevar a cabo algunas actividades habituales o limita algunas opciones, pero hay cuestiones, como las vinculadas a la salud, que no entienden de esperas y por ello no deben pasar a un segundo plano.

En algunas especialidades se trabaja cara a cara con el paciente, que en muchos casos debe realizar una acción casi prohibida como retirarse la mascarilla en presencia de otros, lo que no significa que la situación sea peligrosa para ninguna de las partes.

«Las clínicas hacen un gran esfuerzo y son un sitio muy seguro, los pacientes no deben dejar de acudir por miedo, cuando llegan aquí se dan cuenta de que todo es seguro. En otras épocas también tratamos con otros virus, siempre estamos preparados», explica el odontólogo Gustavo Plaza.

Además, todas las especialidades tuvieron que adaptar sus instalaciones y equipos de trabajo para cumplir con los protocolos. «Habilitamos más salas de espera, las citas se espacian mucho más e instalamos un nuevo sistema de aire con filtros», detalla la oftalmóloga Ana González, quien apunta que, tras cada paciente, «hay una persona que va limpiando las superficies y los aparatos». Por su parte, el otorrinolaringólogo Javier Lage remarca que «si alguien tiene un problema de salud, que por culpa de la pandemia que no deje de ir al médico» ya que acudir a la «consulta con un especialista es totalmente seguro, no hay riesgo».

«Con las restricciones y el cierre perimetral vemos que hay gente que cancela las citas»

«Con las restricciones y el cierre perimetral vemos que hay gente que cancela las citas, prefiere esperar aunque le podamos firmar una autorización para desplazarse», asegura Gustavo Plaza, odontólogo al frente de la clínica dental Dr. Plaza, en A Coruña.

Las clínicas privadas, como las dentales, también sufren los daños paralelos de las oleadas de la pandemia. «Ahora que hay más restricciones se nota un bajón, en noviembre también bajó un poco cuando hubo otro pico y en diciembre fue casi normal», explica.

Eso sí, esta situación no se compara con el inicio de la pandemia. «En el confinamiento la clínica estuvo cerrada, ahora te puedes ir adaptando a que hay menos trabajo, pero 45 días cerrados es una situación nueva en la que no recibes nada y sigues pagando todos los gastos, fue todo pérdidas», indica el doctor Plaza, quien destaca el carácter «esencial» de su trabajo y apunta que no cree que el suyo «sea uno de los sectores más afectados».

«La cantidad de aparatos que llevamos entorpece y hace más complicada la visión»

Las especialidades sanitarias en las que se trabaja a escasos centímetros de la cara de los pacientes tuvieron que adaptar sus instalaciones y el material con el que actúa el equipo médico, algo que en ocasiones complicó el trabajo diario.

«Además de alargar cada consulta por vestirse, desvestirse y desinfectar, se hace mas incómodo explorar a través de gafas y pantalla, a las que hay que unir tu aliento y el del paciente. Utilizamos un casco con luz frontal y a veces la cantidad de aparatos que llevamos entorpece y hace más complicada la visión, es una dificultad añadida», relata Javier Lage, otorrinolaringólogo en el HM Rosaleda de Santiago.

Estas complicaciones se fueron asumiendo con el tiempo, pero no deja de dificultar su labor. «Explorar una nariz o una garganta no es agradable, una persona aguanta unos segundos y si tú estás con todo el equipo, son dificultades añadidas de las que al final te repones», afirma.

«Lo que peor llevamos es haber perdido la afectividad que había con el paciente»

Ana González dirige el Instituto Gallego de Cirugía Ocular (IGCO) en Ferrol y destaca una dificultad añadida con la que se encuentran en su trabajo desde que apareció la pandemia. «Lo que peor llevamos es haber perdido la afectividad que había con el paciente», asegura. Así, indica que las medidas de protección y limpieza «suponen un esfuerzo muy grande y estar pendiente de muchos detalles que pueden generar ansiedad», pero en su opinión, «lo peor es la escasez de contacto físico, de charlas largas, sobre todo para el paciente. Las sonrisas ayudan mucho en el ámbito médico y al no tenerlas es muy duro».

La oftalmóloga ensalza la «vinculación emocional» con sus pacientes. «A veces alguno te viene a abrazar sin darse cuenta y te tienes que separar, es muy doloroso», apunta. Esta relación entre doctor y su visitante va más allá de la pura atención médica. «Hay mucha gente mayor que parece que viene al psicólogo, charlabas de cosas de su vida y es una manera de que los pacientes también te sepan contar mejor sus síntomas, eso se ha perdido mucho porque intentas que la cosa sea fluida, pero tienes limitaciones», afirma Ana González.

En el IGCO también tienen áreas dedicadas a la nutrición y a la medicina estética, campos en los que percibieron algunas particularidades como el incremento en los perfeccionamientos de labios. Además, la incomodidad provocada por las lentes que se empañan al usar junto a la mascarilla «aumentó las cirugías para eliminar el uso de gafas».

Los protectores faciales, los mejores aliados contra el virus pero con coste añadido

El uso de la mascarilla fue durante muchos meses el mejor aliado de las personas contra la pandemia y sigue siendo un elemento imprescindible al que solo la vacuna parece superar. Sin embargo, estos elementos también contribuyen en algunas ocasiones a la aparición de dolencias.

«Hacemos nariz, oído y garganta y en las tres se han disparado las patologías. Lo más llamativo es que en todas es por el uso de la mascarilla», asegura el otorrino Javier Lage, quien explica que hay «mucha gente con problemas de audición de los que no era consciente ya que escuchaba mal pero se apañaba con la labiolectura». Mientras, Ana González, oftalmóloga, destaca que en su campo también perciben algunos cambios. Irritación de ojos o alergias por los productos para limpiar pantallas son algunas de las cuestiones relacionadas con el uso de elementos de protección, aunque otras están más vinculadas al «abuso de las pantallas digitales». «Hay un incremento de miopías que podrían estar relacionadas con esto», algo que también afecta a un aumento de las consultas por «sequedad y fatiga ocular».

En otros casos, por ejemplo en la odontología, los problemas se relacionan mucho con la demora en acudir a las consultas por riesgo al contagio. «Hay pacientes que llevan meses sin acudir y, si tienen alguna patología, se agrava», destaca Gustavo Plaza. Este odontólogo enfatiza que «no hay mejor tratamiento que la prevención» y apuesta por un «mantenimiento regular» y no esperar a ir con «más dolor».

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