Respirador «low cost» y «made in» Galicia

Bionix, start up tecnológica de A Coruña, confía en iniciar en breve los ensayos en humanos con un equipo de soporte vital de bajo coste por el que ya se interesan países de América y Asia


«Fernando nos exigió mucho, pero el día que nos dijo ‘ya está, yo con esto me voy a la uci' supe que lo teníamos». Fernando es Mosteiro, ucista y coordinador de trasplantes del Chuac, y quien lo define como exigente es Jacobo Penide, responsable de Bionix Supplychain Technologies, la start up de A Coruña que acaba de recibir una mención extraordinaria del Premio Pyme del Año por su iniciativa frente la pandemia: un respirador low-cost. «Un equipo convencional anda en 25.000 euros, el nuestro, puesto en el mercado, costará 5.000-6.000», resume el CEO de una microempresa de diez cerebros que no se dedica al ámbito sanitario pero no pudo quedarse al margen. Se les conoce por sus innovaciones para la cadena de suministros, como la etiquetas inteligentes, ya que diseñan y fabrica equipos electrónicos y software para la trazabilidad de inventarios, pero con la llegada del covid volcaron toda su materia gris y entusiasmo en echar una mano cuando más se necesitaba. El propio Penide asegura que crear Freesterra, porque así lo han bautizado en un juego de palabras entre libre y fin de la tierra, «ha sido la mejor experiencia de mi vida». Lo dice por la alineación de voluntades, energía y esfuerzo volcados desde que en marzo, cuando el mundo se confinaba y de Madrid llegaba el escalofriante testimonio de médicos teniendo que elegir a quién se le ponía el último respirador, «en una reunión virtual dijimos: ‘por qué no intentarlo, por qué no hacer un equipo de bajo coste y que llegue a todo el mundo'». Lo dejaron todo y a eso se pusieron, mañana tarde y noche. «La chispa la pusimos nosotros, pero se sumaron un montón de empresas, instituciones y personas de forma altruista y generosa... Imposible nombrar a todos». Las universidades de A Coruña y Vigo, los clínicos del Hospital Teresa Herrera, el Clúster TIC, el CTAG, PSA Citröen, ... «Hubo un momento que estábamos más de cien personas trabajando todos a una y en lo mismo», subraya.

La filosofía de accesibilidad la cuenta Penide con un ejemplo muy descriptivo: «Si te vas a comprar un coche full equip, con aire acondicionado y todas las mejoras, pagas un precio; pero si coges el modelo básico, pagas otro y sigues teniendo un coche que circula perfectamente». Y eso es lo que hicieron, quedarse con la esencia de lo que es un respirador para mantener la vida. «Estudiamos con ucistas, anestesistas y neumólogos del Chuac las necesidades básicas y diseñamos un equipo de mínimos funcional, perfectamente válido y totalmente fiable».

Diseño y fabricación gallega

Para definir los procesos industriales, echaron mano «de lo que estaba a nuestro alcance, todo empresas de nuestro entorno, el diseño y la fabricación son gallegos, y con procesos industriales baratos», enfatiza. Firmas como Cinfo o Dimalnox, que se encargó del chasis del respirador, también están detrás de este equipo de soporte vital. Subraya Penide el papel de la Fundación Novoa Santos del Chuac para facilitar los ensayos con simuladores y modelos animales, y también para gestionar la validación técnica. «La parte sanitaria trabajando con la tecnológica en tiempo real y en un momento en que el covid lo ponía muy complicado fue, sin duda, la clave del éxito, algo irrepetible». Ahora mismo, entran en la fase final de aprobación con la Agencia del Medicamento. «Decidimos ir por el procedimiento convencional en vez de por la vía acelerada, aunque es más complejo, largo y costoso técnicamente, para que pudiese instalarse con toda garantía y no solo en situaciones excepcionales» explica.

«Estamos muy agradecidos por el reconocimiento a la Cámara, al Santander y a La Voz de Galicia, para nosotros fue muy emotivo e importante, es un aire de motivación para nuestro pequeño equipo», dice el responsable de una empresa creada a finales del 2017. «Estamos naciendo», valora de una firma que en el 2019 comenzó a comercializar innovación tecnológica propia a países como Israel y, que factura 300.000 euros anuales. La mención del Pyme del Año viene a ser, opina, «el reconocimiento a que desde aquí se pueden hacer cosas que nos sirven para seguir adelante».

En un par de semanas esperan contar con la autorización para iniciar el ensayo clínico en humanos con su respirador de bajo coste. Mientras, siguen recibiendo felicitaciones y también peticiones de su prototipo. «Hemos tenido muchas solicitudes de países Latinoamericanos», señala Penide, quien recalca que «la motivación no fue de rentabilidad económica» y piensa en lo que puede suponer el Freesterra en áreas deprimidas, como los países africanos.

Para poner en el mercado su ingenio, ya está perfilado todo el proceso para una fabricación a través de subcontratas, pero cuya parte final de integración, calibración y control de calidad realizará el propio equipo de Bionix. «Está todo muy preparado, la autorización no nos debería demorar más allá del mes de febrero-marzo», calcula. Mientras eso no ocurra, Penide prefiere no hablar de previsiones de ventas. «Tenemos muchas solicitudes, incluso de países árabes, pero queremos ser muy rigurosos con el proceso, y tenemos que pasar todavía ese trámite. Creemos que lo vamos a pasar, pero mejor esperar»..

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