La portavoz de los afectados por Coté: «No sabemos qué nos inyectó, solo que nos operó alguien sin titulación médica»

Esther Fontán es la voz de los afectados por el falso médico, que será juzgado 13 años después


A Coruña / La Voz

«Un día, después de venir de su consulta, me quedé dormida. Cuando desperté no sentía una pierna. A la media hora, tampoco la otra. Él se personó en mi domicilio, me diagnosticó una afección vírica que pasaría en ocho días. Estuve en una silla de ruedas y tengo una lesión de médula de por vida». Aunque convive con la herencia de su paso por la clínica de José Manuel López Pérez, el falso médico conocido como Coté, recordar lo sucedido en 1997 sigue siendo un trago difícil. Concejala de Medio Ambiente en el Concello de A Coruña, Esther Fontán es también la presidenta de la Asociación de Afectados de Intrusismo Médico Sanitario (AIMS). Lleva a sus espaldas una carga de la que ella, y otras 141 personas más, quieren deshacerse.

Este mes se celebra en la Audiencia Provincial de A Coruña, tras dos retrasos, el juicio contra el falso médico ferrolano. Está acusado de 64 delitos de lesiones y uno de homicidio por imprudencia, entre otros, por los que el fiscal pide 334 años de cárcel. Desde octubre, Coté ya está en la prisión de O Pereiro de Aguiar por otra causa. Después de su detención en Ferrol en 2008 y de una breve estancia entre rejas, abrió una clínica en Castellón, donde ejerció hasta que fue descubierto y por cuya práctica ya fue condenado previamente.

—¿Reparará el daño el juicio?

—La Justicia, si no es rápida, ya no es, y en nuestro caso hemos superado al Prestige, que fueron 11 años. En febrero se cumplen 13 de su detención. No tiene explicación. Ese hombre se encargó de hacer uso y abuso, sobre todo abuso, de los instrumentos a su alcance: recursos, documentos y más documentos, titulaciones. Todas acabaron siendo falsas, pero hubo que tramitar oficios a Inglaterra, EE.UU. o México. Todo esto, en el juzgado de instrucción de Ferrol, con pocos medios, sin un escáner siquiera.

—Por declaraciones como esta, Coté la demandó.

—Yo sí que fui a un juicio. Pedía dos millones y medio por su «mancillado honor» en un blog. Se tuvo que conformar con 500 euros. Ahora nos dice que vamos a por su dinero. Su dinero, como dice, es el dinero que nos quitó, que nos estafó. Dinero que incluso es fruto de préstamos para pagar esos tratamientos supuestamente traídos de Alemania y EE.UU. Lo que sufrimos no hay dinero ni años de cárcel que lo paguen. A esos padres nadie les va a devolver a su hijo, que murió con 33 años de un tumor que diagnosticó de «quiste». La frase: «¿Quién fue el animal que metió la mano aquí?», de los oncólogos en el informe forense, creo que lo resume todo.

—Por lo sucedido en Galicia se personan 142 personas.

—Somos una pequeña muestra. Otros, por necesidad de pasar página o por vergüenza, no denunciaron. Hay decenas y decenas de historias de un miedo y un dolor que no se pueden cuantificar. A una compañera, además de dejarle un brazo inutilizado, le truncó las expectativas de ser madre. La condena la hemos pasado nosotros. No sabemos qué es lo que nos inyectó ni en qué dosis. Solo sabemos que utilizó el bisturí, que nos operó alguien sin titulación médica. Coté es un auténtico artista de la falsedad y de la estafa. Eso es lo que queremos que se demuestre.

La frase: «¿Quién fue el animal que metió la mano aquí?», de los oncólogos en el informe forense, creo que lo resume todo

—¿Se pudo haber evitado esto?

—Hay una condena de 2003 del Tribunal Supremo que ordenaba el cierre de su clínica. A día de hoy, desconocemos por qué no se llevó a cabo. Nos hubiésemos ahorrado muchos disgustos. Médicos y fisioterapeutas lo acusan de intrusismo en la causa, pero es que este hombre se relacionaba con médicos. A mí me lo recomendó uno. Era una cadena: en cuanto iba un familiar empezaban a entrar todos detrás, siempre te encontraba algo. Fui con la tranquilidad de quien va a un médico reputado. Su clínica siempre estaba llena de gente, muy conocida y de toda condición social.

—¿La condena del Supremo por su etapa en Castellón alivia?

—Es muy importante. Va a ir al juicio desde la cárcel, no desde su casa. Esperamos que, si por nueve meses de ejercicio en Castellón el Supremo lo condenó a cuatro años y medio de cárcel por estafa e intrusismo, por más de 15 años en Ferrol y Viveiro, y con unos delitos de mayor gravedad, la condena esté a la altura. Aquí hay lesiones, un homicidio, estafa continuada, blanqueo y falsedad documental. Y somos 142 personados frente a los 27 de la Comunidad Valenciana.

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—¿Podrán pasar página después del juicio?

—No vivimos todos los días acordándonos de él, pero sí con lo que nos hizo. Es una tranquilidad que el informe de la Fiscalía avale nuestras tesis. Pide 334 años de cárcel. Nosotros 900. Sabemos que serán muchísimos menos, que recurrirá, pero necesitamos pasar página, y que pague con la privación de libertad, lo más cercano a pasar una privación de salud. En A Coruña me lo encontré muchas veces por la calle. Es una tranquilidad pasar por esas zonas y saber que no lo voy a ver.

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