Vivir con un corazón artificial: «Que nadie se eche atrás por miedo, yo estoy vivo gracias a este aparato»

Martín lleva un corazón artificial desde el 2018. Le habían dado 3 meses de vida


A Coruña / La Voz

Los nietos pronto entendieron por qué el abuelo salía del hospital con una especie de bolso y enchufado a unas pilas. «Es un cíborg», zanjaron. A la aplastante imaginación infantil no le falta cierta razón. Son contados los que pueden decir, como Martín Lapresta Garcés, que viven con un corazón de titanio desde hace ya más de dos años. «¡Y los que me quedan!», porfía este lucense de 77. «Sí, tengo cuerda para rato, ya me dijeron los médicos de Coruña que con esto me dan 15 más; ¡imagínate, de que te queden tres meses de vida a estar aquí!». Recuerda perfectamente el señor Martín lo mal que estaba cuando «con 75 años, cuatro meses y ocho días», recita de carrerilla, le pusieron in extremis un dispositivo de asistencia ventricular. Se sabe muy bien los números porque «a nadie de más de 70», insiste, le habían regalado un latido artificial. Fue el 28 de agosto del 2018, tras un viaje de última oportunidad desde el HULA al Chuac.

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Vivir con un corazón artificial: «Que nadie se eche atrás por miedo, yo estoy vivo gracias a este aparato»