Valentina Decán: «Hoy en día si no estás en Instagram, no existes»

Creó Fata Morgana para ayudar a pequeñas empresas a darse a conocer en las redes sociales. Para conseguirlo, trata de entender lo que quiere cada cliente y se mete en la marca de lleno para darles visibilidad y llegar al mayor número de personas


A Coruña

Valentina Decán Liscano es de esas mujeres que no saben estarse quietas. Dejó Isla Margarita, en su Venezuela natal, hace siete años para tratar de buscar un futuro mejor en el que poder desarrollar sus estudios de diseño gráfico. Hace algo más de un año aterrizó en A Coruña, y aunque el covid la mandó al paro, se arriesgó y puso en marcha Fata Morgana Comunicación, desde donde apoya a pequeñas empresas y al comercio local para darles visibilidad en las redes sociales. Está detrás del Instagram de la Pulpeira de Cambre, la clínica Moviliza de Oleiros, el estudio de pilates Mob Club de Sada y otras trece cuentas más.

-¿Qué les ofrece?

-Me implico al 100 % con cada cliente, me meto en la marca, y les escucho, porque cada cliente es un mundo. Además, les ofrezco una buena fotografía y un trato personalizado.

-¿Entienden la importancia del posicionamiento en redes sociales?

-Muchos no ven Instagram como algo importante, como una oportunidad de crecimiento del negocio y creen que es algo de jóvenes. Una vez que empezamos a trabajar se dan cuenta de que con publicaciones constantes, siguiendo una misma línea y utilizando un lenguaje acertado, consiguen llegar a más gente y así captar clientes. Hoy en día si no estás en Instagram, no existes.

-¿Cuáles son las claves de un buen trabajo?

-Lo primero es entender la marca y subir imágenes que sean capaces de transmitir algo. Por ejemplo, los platos que publicamos de la Pulpeira de Cambre tienen que apetecer comerlos, y las fotos de los estudios de pilates tienen que despertar la curiosidad, que la gente quiera conocer un poco más y quizá apuntarse a alguna clase.

-¿Y los errores más habituales?

-Subir imágenes de mala calidad, publicar muchas fotos sin un texto que las acompañe o hacerlo a horas que no son apropiadas.

-¿Hay que responder ante una mala crítica?

-Claro que se puede contestar, pero siempre con educación y sin recurrir a malas palabras, aunque entiendo que a veces es difícil. Recomiendo a los propietarios de los negocios que respiren, que contesten en frío y que intenten darle la vuelta utilizando la inteligencia emocional.

-¿Sus clientes le dan libertad o marcan ellos las pautas?

-La mayoría me dan bastante libertad. Las primeras publicaciones me gusta hacerlas en equipo, ver qué lenguaje quieren emplear, qué es lo que pretenden destacar o potenciar y a partir de ahí puedo gestionarlas con más criterio. Y las fotos intento que sean lo más reales posible, hacerlas mientras se trabaja tratando de pasar inadvertida.

-¿Es un trabajo caro?

-En absoluto. Me adapto, dentro de unos parámetros, al presupuesto y necesidades de cada cliente, desde hacerles una página web, a diseño de cartelería o gestión de las redes sociales. Algo personal que les pueda servir, porque Fata Morgana nació con esa intención, la de poner mi granito de arena para ayudar al pequeño comercio.

-Empezó de cero durante el confinamiento y ahora ya cuenta con quince clientes.

-No esperaba crecer tanto, pero si la cosa sigue así, tendré que buscar a alguien que me eche una mano, aunque por el momento me gestiono bien yo sola.

-Pero su gran pasión es el fotoperiodismo.

Sí. Me formé en Venezuela como diseñadora gráfica, pero la situación en el país era difícil y el suelo no llegaba ni se correspondía con mis estudios. Vengo de una familia del mundo de la comunicación, mi madre es periodista y mi abuelo es un famoso narrador de carreras de caballos en mi país. Fue él el que me animó a marcharme a Barcelona y ahí hice varios másters de fotografía. 

-Estuvo trabajando en Mozambique y Marruecos.

Me fui a Mozambique con la oenegé Khanimambo y allí tuve una conexión especial con la gente.

-¿Qué le aportaron esas experiencias?

Cada vez que viajo y conozco mundo quiero más. Viajar es vivir. Tengo un recuerdo especial de cada uno de esos trabajos, pero Mozambique fue especial. La Fundación Khanimambo hace un gran trabajo con los niños y me encantó esa experiencia.

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