A Coruña

«Necesité cuarenta minutos para viajar desde la plaza de Ourense hasta la gasolinera de Alfonso Molina», contó Rafael Santos. «Al llegar al túnel de Os Castros ya me encontré en el atasco, y necesité 30 minutos para alcanzar a A Pasaxe», detalló Isabel Reimúndez. Son dos de los cientos de conductores que se vieron ayer afectados por el colapso de tráfico causado por los controles de tráfico en la ciudad.

La primera medida adoptada para hacer cumplir el establecimiento del cierre perimetral de la ciudad fue la puesta en marcha, por parte de la Guardia Civil de Tráfico, de dos controles viarios, en Alfonso Molina y Perillo, y ambos en sentido salida de la ciudad. Además, la Policía Local, en coordinación con la Nacional, realizó controles en la tercera ronda, en ambos sentidos de la marcha, y también en Alfonso Molina.

En los controles del 092 se utilizó el método de contrastar las matrículas. Es decir, varios agentes se apostaban a lo largo de las vías y tecleaban en sus equipos las placas de los automóviles. Así conocían quiénes eran sus propietarios y su lugar de residencia. Si salían de la ciudad y vivían en A Coruña, o si no eran coruñeses y entraban, otros compañeros les daban el alto.

Pero los dispositivos llevados a cabo por la Guardia Civil tan solo duraron una hora, desde las 16.00 a las 17.00 horas. Fuentes próximas a estos operativos aseguraron que el levantamiento del control «fue necesario debido a que estaba causando un importante problema circulatorio en las vías internas de la ciudad».

Y es que el caos de tráfico en A Coruña comenzó nada más anunciar el Conselleiro de Sanidade la prohibición de salir de la ciudad a partir de las tres de la tarde. Cientos de conductores adelantaron sus salidas para no quedar confinados en la urbe.

De hecho, las tres principales vías de acceso, Alfonso Molina, avenida de A Pasaxe y la tercera ronda se colapsaron ya a partir de la una y media de la tarde, y ello afectó seriamente a la circulación interna de A Coruña. Así, desde la Policía Local aseguraron que el tránsito por las calles coruñesas fue incluso más complicado entre las 13.30 y las 15.30 horas «que a partir de las cuatro, cuando se montaron los controles».

Controles móviles

Fuentes próximas a la Guardia Civil de Tráfico indicaron que los controles se programaron con mucha premura «y así es muy difícil que funcionen».

De hecho, el dispositivo de Alfonso Molina se instaló «en un punto nada operativo», señalaron estas fuentes. Y es que si algún conductor no reunía los requisitos para salir de la ciudad, se le ordenaba dar la vuelta en la incorporación de Palavea, «pero si no querían atender el mandato podían salir por A Zapateira, por la autopista AP-9, la carretera de las playas o Fonteculler».

Por esta razón, los controles se realizarán en lo sucesivo con patrullas móviles y discrecionales, anunciaron. «Los agentes no van a estar en un mismo punto, ni los dispositivos tendrán que ser con tantos efectivos como los de hoy [por ayer], los miembros de las patrullas podrán parar a los conductores». Y lo mismo hará la Policía Local. Y así se hizo durante la tarde de ayer. Sobre las 19.00 horas se montó un amplio dispositivo en Pocomaco para controlar el acceso hacia la tercera ronda.

El método utilizado ayer en esos dispositivos fue parar los vehículos «en los que viajaban varias personas, sobre todo con niños». Suponían que se trataba de familias «con más probabilidades de salir de la ciudad».

La mayoría de los conductores a los que se les dio el alto cumplían con los criterios de movilidad, y casi la totalidad aprobaron la medida dispuesta: «Estos controles son necesarios, y debían de incrementarse, porque estamos demostrando mucha irresponsabilidad», indicó Iago, un trabajador que volvía a su casa, en Sada.

De la misma forma se pronunció Ana Isabel, de Bergondo. Incluso agradeció que la restricción de la movilidad «no se aplicase puntualmente, a las tres, porque somos muchos los que salimos a esa hora de trabajar», afirmó.

Ayer arreciaron las voces críticas por la premura con que se tomó la decisión de cerrar la ciudad, «sin margen de maniobra para buscar soluciones», explicó Carmen Lago, que esperaba en la estación de autobuses a las dos de la tarde para ver si era capaz de encontrar un asiento libre en el bus a Oleiros. «Está todo a tope, vamos a ver si consigo salir», se lamentaba.

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El control de Alfonso Molina duró una hora