Carmen Pita: «Antes se enseñaba la foto de los hijos, ahora de lo bien que quedó el mueble reformado»

Francisco Brea
Fran Brea A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

Pita, restaurando un banco en su tienda de decoración y manualidades en la avenida de Oza.
Pita, restaurando un banco en su tienda de decoración y manualidades en la avenida de Oza. FEDRA MOURMOURI

El confinamiento favoreció que muchos se lanzaran a redecorar y a las manualidades

27 oct 2020 . Actualizado a las 12:54 h.

«Yo soy una privilegiada, porque la gente se refugia en casa y ocupa su tiempo en hacer manualidades y restaurar sus hogares». Es el caso de Carmen Pita, que tiene una tienda de decoración y manualidades en la avenida de Oza. Además, indica que el suyo es un barrio que, hasta el momento, no ha sido muy castigado por el virus: «Hay respeto, pero también ánimo para comprar y conciencia de echar una mano y acudir a los negocios de la zona. La verdad es que es algo de agradecer a los vecinos».

La época en la que la población estuvo confinada en su vivienda favoreció el auge de establecimientos como el suyo. Entre la clientela que acude hay variedad: «Está la persona que llevaba mucho tiempo sin hacer nada y redescubrió las manualidades y las que están pintando y redecorando muebles de sus casas».

Pita explica que muchos se tenían por «inútiles» en este campo, pero que en las redes sociales existen cuentas «fantásticas» y con ellas se animaron a explotar su «faceta creativa». Y es que según esta coruñesa: «Podemos hacer más cosas de las que nos creemos. Nos ponemos muchos límites. Tenemos que sacar el tapón a la creatividad, porque todo el mundo tiene su punto creativo aunque muchas veces esté dormido y necesite un empujón».

A la última

Pero además de aprovechar el tirón de las manualidades que conllevó el confinamiento, Carmen asegura que siempre hay que estar al tanto de las novedades: «Ya antes de la crisis sanitaria cerraron muchas tiendas del sector en A Coruña. No vale con ofrecer siempre lo mismo. Todos los días salen al mercado productos nuevos y hay que reinventarse. Yo, por ejemplo, voy a abrir ahora también una tienda en Internet para ampliar el negocio».

«Da gusto entrar en casa y pensar: qué bien me quedó esto. Anima a seguir haciendo cosas»

No es fácil «darse a conocer», afirma Pita: «Mucha gente ve los barrios como vasos incomunicados y tienen el concepto muy interiorizado. Es difícil llegar a otros sitios. Aun así, hace poco vino una vecina de Monte Alto por primera vez y ahora ya llegan más de allí».

Las casas de la aldea o segundas residencias suelen ser espacios en los que se guardan cosas que ya no se usan o en las que quedan objetos que van pasando de generación en generación. Así, hubo quien descubrió en ellas «una juguetería, un pasatiempo. Y es que en vez de ir a ellas y estar en el exterior, se refugiaron en el interior y han disfrutado haciendo un cambio de imagen».

Carmen resalta la satisfacción personal que produce el trabajo realizado por uno mismo: «Da gusto entrar en casa y pensar: qué bien me quedó esto. Anima a seguir haciendo cosas». Como curiosidad, Pita apunta que «el 90 % de la clientela son mujeres» y que «antes se enseñaba la foto de los hijos y ahora de lo bien que está el mueble que se acaba de reformar». También destaca que enfermos crónicos descubren en las manualidades «un refugio tremendo».

Un reto superado

Todo porque «mientras se coge el pincel y se pinta, se piensa en qué y cómo se va a hacer algo durante dos horas, no en si hay dolor o no. Es una forma de evadirse y, al acabar, es un reto superado». Pita comenta que una de sus clientas sufrió un infarto y que «tras reformar un mueble le dio un ictus. Volvió a por pinturas aún teniendo un brazo paralizado y dijo que seguiría pintando mientras pudiera».