Tamara Botana: «Pensé que tendría que cerrar por culpa del covid, pero me reinventé»

Pasó de la terapia presencial a la visita domiciliaria para seguir dando servicio a sus usuarios


a coruña / la voz

Tamara Botana (A Coruña, 1990) es la demostración de que la carrera que eliges no te marca de por vida. A los 23 años ya había montado su clínica Lémbrate, dedicada al entrenamiento de la memoria, el lenguaje y el cálculo. Gracias a sus dos abuelas con alzhéimer, supo ver la necesidad que había de un centro de estas características en A Coruña y no esperó más. Fue después cuando se licenció en Administración y Dirección de Empresas. Ahora dedica sus pocas horas libres a estudiar Psicología.

-¿Hizo un recorrido inverso?

-Justo. Monté la empresa antes de acabar la carrera, a los 23 años, porque vi la oportunidad. Luego, con el tiempo, la fui acabando.

-¿Lo tuvo más difícil por eso?

-Bueno, cuando abrí la clínica, la gente me miraba sorprendida. No se creían que la directora fuese yo. Eso me ha pasado un millón de veces.

-¿Por la edad o por ser mujer?

-Por las dos cosas. El mundo de la empresa sigue siendo mayoritariamente masculino.

-¿Cómo se le ocurrió montar una unidad de memoria?

-Porque, en ese momento, mis dos abuelas tienen alzhéimer y no querían estar todo el día en un centro o junto a personas que estuvieran mucho peor que ellas.

-Así vio el nicho de mercado.

-Vi que en A Coruña no había ningún sitio donde la gente pudiese trabajar sus habilidades cognitivas, el cálculo, el lenguaje, la memoria, la atención, en sesiones muy cortas unas dos o tres veces por semana.

-¿La alternativa es el centro de día o la residencia?

-Pero los que empiezan a notar fallos en la memoria o en el lenguaje no quieren estar toda la jornada en un centro.

-Oiga, ¿ser emprendedor es una actitud?

-Siempre tuve claro que quería montar mi propia empresa. Soy muy activa y luchadora, de las que se apunta a un bombardeo.

-¿Lo ha pasado muy mal estos meses?

-Sí. Pensé que tendría que cerrar por culpa del covid, pero he logrado reinventarme.

-Cuénteme qué pasó.

-Antes del covid teníamos unos 40 pacientes y nos iba bastante bien, pero en marzo la actividad se frenó en seco.

-Su público es de riesgo.

-El 90 % son personas mayores. Durante el confinamiento, les mandábamos los ejercicios por el ordenador. A los que vivían solos iba yo misma a su casa y se los metía en el buzón.

-Las necesidades de estas personas seguían estando ahí.

-En algunos casos, el deterioro cognitivo fue a más y la gente se concienció de que había que ponerse a trabajar el cerebro sin demoras. ¡Tuvimos muchas altas!

-¿Cómo le afecta la llamada nueva normalidad?

-Algunas personas nos pedían alternativas, así que pusimos en marcha nuevos servicios como un canal de YouTube y, sobre todo, la terapia a domicilio.

-Van a su casa con la tableta.

-La terapia a domicilio es una solución para que nuestros usuarios se mantengan activos sin tener que salir de casa. Nosotros vamos cumpliendo todas las normas de seguridad.

-¿Qué tal le va ahora?

-Pues... Hay días que bien y otros que mal. ¡Ahí es cuando me planteo estudiar una oposición!

-¿Viviría más tranquila con un jefe, un horario y un sueldo fijo?

-No, yo tenía claro que quería montar mi empresa. ¡Y eso que mis padres son funcionarios! Pero reconozco que la vida del emprendedor es una montaña rusa.

-Renovarse o morir.

-Sí, me he tenido que reconvertir, ¡pero salí a flote!

Crisis del covid: Tras unos meses muy duros, Botana supo reinventarse. Pasó de las terapias presenciales a la visita domiciliaria y el online para seguir dando servicio.

Su propuesta: Gimnasia mental para huir del letargo cerebral. «Mucho hablar de hacer deporte, pero pocos entrenamos el cerebro para retrasar el deterioro cognitivo. «Sal de tu zona de confort», anima Tamara.

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