Una herida abierta por el mar hace 50 años

La ciudad rindió homenaje a los 14 marineros fallecidos y al único superviviente en el naufragio del pesquero La Isla


A Coruña

También fue un domingo. Hace ya medio siglo. El 4 de octubre de 1970, sobre las cuatro o las cinco de la madrugada, los quince tripulantes del pesquero La Isla volvían a puerto con las bodegas cargadas de capturas. Al aproximarse a la costa de A Coruña, se toparon de lleno con la denominada Pedra do Boi y el barco se fue a pique. De la tripulación tan solo sobrevivió Ramón Seoane Martínez,que permaneció agarrado a un trozo de madera durante horas. Embarcaciones de pesca de toda la zona, vecinos de Monte Alto, pilotos del aeroclub... cientos de brazos se esforzaron por ayudar a los otros 14 hombres que engulló el mar, pero poco se pudo hacer con los medios existentes entonces y luchando contra un mar embravecido.  

Aunque ya han pasado 50 años de aquella tragedia, la ciudad coruñesa no olvida y este domingo, en los campos de La Torre, se rindió homenaje a los marineros y a las familias que quedaron huérfanas. El acto fue emotivo y, aunque con las precauciones exigidas por la normativa covid, las gradas se llenaron de gente proviniente de toda Galicia. Porque aquellos marineros eran de Viveiro, Noia, A Coruña, Santiago, Porto do Son, Corrubedo, Ourense, Malpica, Marín, Portosín e, incluso, Cáceres y Málaga. El presidente de la Asociación Cultural Naufraxios Galegos, Fernando Patricio, aseguró que aquel naufragio el preludio de algo positivo como fue la creación en A Coruña del primer puesto de Salvamento Marítimo de toda España, con el Blanca Quiroga amarrada al muelle. También la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, y el delegado provincial de la Xunta, Gonzalo Trenor, destacaron que la tragedia no fue en balde y que la prensa local ya publicó de inmediato una pieza reclamando los servicios de salvamento y socorro. En este sentido, Inés Rey recordó que los cuatro buzos que participaron en el intento de rescate ese 4 de octubre de 1970 fueron el germen para crear el Grupo de Rescate Subacuático en A Coruña, a lo que después siguió a sección marítima de la Cruz Roja o una unidad aérea en el aeropuerto de Alvedro con un helicóptero diseñado especialmente para operaciones marítimas. 

Entre todas las familias que acudieron al homenaje, también estaba Manuel Seoane, el hijo del único sobreviviente de La Isla. Asegura que cuando todo ocurrió él tan solo tenía 7 años y que su padre, ahora con 84, sigue sin querer hablar de aquel suceso. «Foi unha traxedia que marcou a toda a familia. A día de hoxe todavía non se pode tocar o tema. De feito, aínda non lle comentamos que había esta homenaxe. Esta tarde, cando regrese a Noia, contareillo todo. Pero decidimos que non debíamos dicirlle nada». Entre tantas familias rotas, él se considera un privilegiado por haber podido disfrutar de su padre y, al mismo tiempo, amargura por el dolor de los otros. Relata que Ramón, con 34 años, no tardó más de un mes en volver al Gran Sol. «Tiñamos que vivir e comer na casa. Él seguiu indo ao mar ata que se xubilou con 55 anos». Dice que justo un año antes del naufragio de La Isla, su abuelo Feliciano también murió ahogado navegando en el Gran Sol. «Tan so un ano antes». Así que él no siguió la tradición familiar. «Quitáronme a idea da cabeza e son administrativo», relata. 

Muchas de las familias, tras del acto oficial celebrado en la Ciudad Deportiva de La Torre y de la actuación del Coro Cantábile (interpretó Meu amor é mariñeiro, de Fuxan os ventos), se desplazaron andando hasta la zona donde se produjo el naufragio. Cuando el tiempo lo permita, el Ayuntamiento de A Coruña instalará allí un monolito con los nombres de toda la tripulación de La Isla, para recordar ese «minuto maldito», como hizo hincapié uno de los familiares en la poesía que leyó casi al finalizar el homenaje.

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