Las clases particulares y telemáticas ganan adeptos en la provincia de A Coruña para evitar contagios

Algunos profesores aprovechan para llegar a más clientes potenciales y muchos padres prefieren no enviar a sus hijos a las academias

Rafael Pérez imparte clases telemáticas de piano y francés desde su casa en A Coruña
Rafael Pérez imparte clases telemáticas de piano y francés desde su casa en A Coruña

La Voz

El covid-19 ha cambiado vidas y hábitos a todos los niveles. La pandemia ha provocado que muchos se replanteen sus costumbres y otros hayan tenido que reinventarse para ofrecer soluciones. Algunos padres y madres ahora no quieren enviar a sus hijos a academias y optan por contratar a profesores particulares, tanto para que acudan al domicilio como para que impartan sus clases a través de Internet. El objetivo, que los niños se expongan lo menos posible a la enfermedad. Así, los que se dedican a prestar este servicio están notando un aumento de la demanda y viendo nuevas oportunidades de negocio.

Rafael Pérez vive en A Coruña y da clases de piano y de francés. Aunque prefiere la modalidad presencial, y la mantiene en la ciudad, ha decidido impulsar las sesiones telemáticas. Destaca que con el piano «no es tan fácil ver las manos de los niños». Lo que necesita el alumno es tener el instrumento, un ordenador, o dispositivo con cámara web, y conexión a Internet. El método online ofrece más seguridad hasta que «haya tranquilidad», explica. Si la clase es presencial, el uso de mascarilla es innegociable y también una práctica que Pérez afirma que ya utilizaba antes de la pandemia: «Profesor y alumno tienen que lavar las manos antes de empezar y al acabar».

Si dar música a distancia «es más problemático», impartir francés con este método en ciertos aspectos «supera al presencial», resalta Rafael: «Una alumna tenía cinco horas a la semana y quería más, y los niños también». Eso sí, también provocó que él tuviera que estudiar: «Aprendí a utilizar diversas herramientas tecnológicas, como tabletas y pizarras digitales». Pero esto le abre nuevas oportunidades de negocio: «Se me ocurrió ofrecer clases de español a franceses y de piano a latinos que viven en Estados Unidos».

Pérez reconoce que la crisis sanitaria hizo que aumentara su número de clientes potenciales. Ahora su casa es su lugar de trabajo y tiene que salir de ella para «desconectar».

En varias ciudades

Fina se ofrece para dar clases particulares en Santiago y también en Vigo y en Ourense, ya que ha optado por trabajar a través de una pantalla: «Llevo seis años dedicándome a esto y me gusta más la presencialidad. No sabía si así sería viable, pero hay que adaptarse y va bien». Alude a la inestabilidad para reafirmar su idea de utilizar Internet: «Ya no sabes si van a confinar ciudades o barrios, ni cuándo. Además, puedes ir el lunes a dar clase a casa de un niño y que dos días después se comunique un positivo en su aula, y yo ya habría pasado por más domicilios...».

A pesar de ello, mantiene sesiones presenciales aunque «son las que menos». Los niños más pequeños aguantan peor el estar delante de una pantalla que los mayores o los adultos, afirma. Y es que mantener la concentración no es sencillo: «Antes daba dos horas seguidas y ahora están más repartidas».

Héctor Ojea, músico en Santiago: «Quitando el no poder tener contacto hay bastante normalidad, dada la situación»

Más demanda está percibiendo Héctor Ojea, profesor particular de música en Santiago. Él enseña a sus alumnos a tocar la batería y explica que al haber menos actividades ofertadas por las ANPA y al cancelarse otras públicas «se buscan cosas con las que entretener a los chavales». En su caso, indica que en las sesiones «se mantiene las distancias de seguridad, se desinfectan todos los elementos que se van a utilizar antes de empezar y las mascarilla está puesta todo el tiempo».

Durante el confinamiento se apuntó a la docencia telemática y reconoce que «el método funcionaba con algunos alumnos, pero no es lo mismo que las clases presenciales». Decidió seguir ofreciendo la posibilidad de aprender a tocar la batería a través de Internet, aunque sus alumnos prefieren no tener un monitor que les separe de su profesor.

Enseña a niños y a mayores, y en su campo se encuentra con varias dificultades. Héctor destaca que «en las clases de música, y más con la batería, hay que aprender posturas corporales. Antes podías tocar la mano del alumno para guiarle, pero eso ya no se puede hacer». Tras seis años en la profesión, ahora se enfrenta a una situación para nada esperada que hay que solventar: «Quitando el no poder tener contacto, está transcurriendo con bastante normalidad».

Carolina, docente en Ferrol: «Me encontré con padres que no querían que sus hijos tuvieran la mascarilla»

La seguridad personal es una cuestión que preocupa mucho hoy en día. En base a ella, Carolina, profesora particular en Ferrol, dice que «por decisión propia y de los padres» optó este año por decantarse por las clases online. Y es que, además, «algunos le ponen mascarilla a los niños y otros no durante las sesiones. Me encontré con varios que no querían que sus hijos la tuvieran». Por otra parte, esta es una época muy propicia para que los pequeños sufran alergias y catarros y la ferrolana tiene claro que no se va a poner en cuarentena «cada ver que un niño me estornude encima».

En sus 18 años de experiencia, Carolina asegura que este año se encontró un caso con el que nunca antes se había topado: «Una madre no quiere enviar a sus dos hijas al colegio. Las escolarizó en otro centro diferente al que estaban acudiendo porque no le convencían los protocolos. Me pidió que yo prepare a esas niñas con clases telemáticas de cara a los exámenes, pero primero tiene que entrevistarse con el inspector territorial de Educación para saber si es posible».

Esta ferrolana explica que su sistema de enseñanza «siempre ha sido presencial», por lo que ahora tiene que idear «nuevas estrategias» para controlar a los más pequeños, además de hacer pruebas «para saber si están estudiando y llevan el trabajo al día». A pesar de todo lo negativo que ha sucedido este año, Carolina ve que la docencia telemática tiene su punto positivo: «Había muchos niños que no sabían manejarse en este apartado y es el futuro. Se demostró que existen ciertas carencias, también en los centros educativos del país».

María Domínguez, maestra en Barbanza: «Estuve trabajando durante el verano y ahora ya lo tengo todo ocupado»

Durante la temporada de confinamiento María Domínguez lo pasó «muy mal», afirma. Esta profesora particular, que ejerce en la comarca de Barbanza, apunta que «ahora hay más demanda», aunque la inestabilidad actual hace que no las tenga todas consigo: «A ver cuánto dura». Y es que, en estos momentos, sus perspectivas son buenas: «Estuve trabajando durante el verano y ahora ya lo tengo todo ocupado. La gente me dijo que quería continuar con las clases».

María es licenciada en Filología Inglesa, pero asegura que se adapta a todo: «Ayudo en francés o apoyo en matemáticas, dentro de mis conocimientos. A veces soy yo la que vuelve a estudiar», bromea. Ella da clases desde a una niña que acaba de empezar primaria hasta alumnos de segundo de bachillerato. En esta nueva normalidad no se quita la mascarilla y siempre va acompañada de su gel hidroalcohólico. «Doy clase manteniendo las distancias, a pesar de que es complicado que no se produzca algún acercamiento», comenta. Intenta que todo sea lo más normal posible y al acabar recoge sus bártulos, vuelve a echarse desinfectante y «a otro sitio».

Al acudir a diferentes domicilios, la barbanzana resalta que intenta ser prudente: «Procuro salir lo imprescindible, como mucho a la compra. Este es un trabajo que llevo ejerciendo bastante tiempo y quiero que siga siendo así, por lo que tengo que cuidarme mucho más». Domínguez dice que su éxito se basa en el «boca a boca», porque sus clientes tienen confianza en ella: «Vi crecer a muchos niños y es una satisfacción, principalmente cuando aprueban».

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