Los tripulantes de un velero atacado por las orcas: «Unas golpeaban por la popa y otras por estribor. Nos acorralaron»

Las tres personas que viajaban en uno de los tres barcos embestidos por los cetáceos este fin de semana cerca de la costa de A Coruña estuvieron 30 horas sin dormir sufriendo las embestidas de los animales

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Hablan los tripulantes del Swiss Lady del ataque sufrido por las orcas La manada de cetáceos los embistió durante 30 horas

A Coruña / La Voz

Tres veleros que se encontraban navegando el pasado fin de semana con el mismo rumbo a unas tres millas (unos 5 kilómetros) al norte de A Coruña fueron atacados y dañados seriamente por un grupo de orcas. La manada de cetáceos atacó en primer lugar al Tamali, de nacionalidad francesa, que navegaba con tres tripulantes a bordo.

Los animales golpearon hasta en diez ocasiones el casco del barco, sobre todo en la zona de la popa y en el centro del velero, lo que provocó daños en los timones de la embarcación, en el cable que une a ambos y también en los equipos de navegación. Ante el peligro que entrañaba la situación lanzó un aviso a navegantes, una alerta que fue recibida por un catamarán inglés que navegaba con otros tres tripulantes a unas dos horas del Tamali y se dirigían de Francia con rumbo a Malta.

El capitán del barco -de 16,5 metros de eslora, 9 de manga y recién botado- arrancó los dos motores a máxima potencia, lo que le permitió navegar a más de 8 nudos (unos 15 kilómetros por hora) y se alejó hacia el este unas 5 millas para tratar de cruzarse con los cetáceos, «pero las orcas nos persiguieron y comenzaron a atacarnos», comentó el capitán, todavía con el miedo en el cuerpo. La manada golpeó en varias ocasiones y los impactos le provocaron la rotura de los timones y daños en los sistemas hidráulicos y en los equipos de navegación y comunicación. Sus tres tripulantes, que quieren mantenerse en el anonimato, aseguran haber pasado «muchísimo miedo». 

Ambos veleros pudieron llegar por sus propios medios a atracar en los pantalanes de MarinaCoruña, donde esperan por los peritos para evaluar los daños y decidir lo qué van a hacer.

Ataque al Swiss Lady

El ataque más feroz fue el que recibió el Swiss Lady, un catamarán de nacionalidad suiza que estaba realizando su bautizo de mar. La nave estuvo a merced de las orcas «unas 30 horas, una larguísima jornada que pasamos con mucho miedo», explicó el capitán del velero, Christian Bach. A bordo también navegaban Franze y Manuelle, su compañera sentimental, que reconoce que «aún no nos recuperamos del susto».

El catamarán -de 12,60 metros de eslora, 7,60 de manga- venia por detrás de los dos veleros anteriores que sufrieron las embestidas de los cetáceos. Había zarpado de Ribadeo el viernes y se dirigía al Mediterráneo para pasar el invierno. «Las condiciones de navegación era muy buenas, mar en calma y viento bueno y favorable», comentaron. Pero sobre las cuatro de la madrugada del domingo, Franze «que iba de guardia en el timón, vio unas olas muy raras, muy azules y sin una dirección fija». A los pocos minutos «sufrimos un golpe enorme en la popa, a babor», indicó Christian Bach. Y después otro y otro. Los equipos de comunicación habían dejado de operar, «los timones no respondían», explicó el capitán.

Mientras las orcas, que nadaban en un grupo de 10 o 15 ejemplares, seguían con el ataque, repararon y reactivaron de urgencia uno de los equipos de comunicación lo que les permitió hablar con Salvamento Marítimo a través del canal 16 y alertar de que navegaban sin gobierno. Mientras no llegaba la ayuda las orcas continuaban con sus embestidas: «Nos apartaban de nuestra ruta, unas golpeaban por la popa y otras por el costado de estribor. Rodearon el barco, nos acorralaron».

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Auxilian un velero británico dañado por orcas a seis millas de cabo Prior A su llegada, la tripulación de la Salvamar Betelgeuse logró darle el cabo de remolque porque el barco estaba sin gobierno, sin timón y a la deriva. Las tres personas a bordo se encontraban atemorizadas

Crhistian Bach pudo hablar con un experto en biología marina, que le dijo que este comportamiento, el cercar el barco y acorralarlo como en una esquina, es un comportamiento característico de las orcas con el atún rojo, ya que «los acorralan y después los atacan para alimentarse».

El capitán del Swiss Lady se pronunció sobre lo que dicen los expertos del comportamiento de las orcas: «Hablan de interacciones, de que se trata de juegos. Me gustaría ver a alguno de esos biólogos a bordo de mi barco en la madrugada del domingo. Creo que también tendrían miedo, y mucho». Y puso el ejemplo de los safaris: «Los elefantes también juegan, pero también matan».

El catamarán Swiss Lady está atracado en uno de los pantalanes del Real Club Náutico de A Coruña. Sus averías son cuantiosas e importantes, por lo que a pesar de que Crhistian y sus dos tripulantes se marcharán mañana, «el barco tendrá que quedarse aquí alrededor de un mes».

Además, en Marina Coruña también se encuentra atracado desde hace unos 10 días el velero Fermangan. Su capitán Darren Macgregor, explicó que navegaba con su barco desde A Coruña a Fisterra, con escala en Laxe. Pero cuando se encontraba a la altura de los bajos de Baldaio, entre Caión y Malpica, fue atacado por tres orcas. Le causaron pequeños daños en el timón y la quilla, «pero lo pasé muy mal con cada salto que daban sobre la superficie», indicó. 

El viaje de las orcas más «gamberras»

e. abuín

Los expertos no descartan que el grupo que interactuó con barcos en julio en Tarifa sea el mismo que este mes dejó un reguero de incidentes en Galicia

Cuentan los biólogos expertos en grandes cetáceos y mamíferos marinos que las orcas se mueven en grupos o clanes familiares y cada uno de ellos tiene comportamientos específicos, que pueden ser completamente distintos del de las demás agrupaciones. Incluso difieren en cuanto a alimentación. Unas manadas comen lobos marinos; otras no dudan en atreverse con ballenas, las hay que prefieren pescado, de cualquier tipo... Y al atún, sea rojo, blanco o amarillo, por su alto contenido graso, casi ningún clan le hace ascos.

Esa búsqueda de túnidos es la que cada año atrae a las orcas a aguas gallegas, cuya presencia, repiten los biólogos, es habitual en esta época. No hay que perder de vista que, aunque la costera del bonito está cerrada para la flota porque ha agotado la cuota, aún es tiempo de atún blanco. Y que el rojo realiza la migración del revés, que le trae desde el Mediterráneo hacia el norte por el corredor del Atlántico.

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