Cinco detalles arquitectónicos que se te pueden pasar desapercibidos en A Coruña

Por las calles de la ciudad puedes encontrar numerosas curiosidades que te harán descubrir su historia. Desde una torre que parece torcida, hasta un edificio que rompe con la armonía de la Marina


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Puede que camines todos los días por algunas de las céntricas calles de A Coruña y no te pares a fijar en pequeños detalles que forman parte del ADN de la ciudad. A la torre de Hércules, el castillo de San Antón o los jardines de San Carlos hay que sumarle otros muchos elementos arquitectónicos que nos llevarán al pasado y nos harán entender mucho mejor la esencia de la urbe.

PUERTA DE SAN MIGUEL
PUERTA DE SAN MIGUEL

Un escudo del siglo XVI

En las murallas de la ciudad que rodean la zona del hospital Abente y Lago se encuentra un escudo de piedra de finales del siglo XVI. Para encontrarlo debes observar primero la antigua puerta do Embarcadoiro, también llamada de San Miguel. Justo encima de esta «porta do mar cara o castelo de San Antón», como señala el arqueólogo Felipe Senén López, hay tres escudos: el central refleja las armas de la monarquía; el de la izquierda es el de Diego das Mariñas -capitán general de Galicia en la época que reinó Felipe II- y el de la derecha se podría tratar del primer escudo individualizado de Galicia, que se sepa por el momento, que presenta como armas el cáliz y la hostia. 

Sería en 1972 cuando la Real Academia Galega adoptó el acuerdo de fijar como las «verdadeiras armas do antigo Reino de Galicia» las «de azul, cálice de ouro somado de hostia de prata e acompañado de sete cruces recortadas do mesmo metal, tres a cada lado, en pala, e unha no medio do xefe. Ao timbre, coroa real». Un acuerdo que serviría de base para que en 1984 el Parlamento autonómico lo aprobara como escudo oficial.

Una torre que parece estar torcida

A poca distancia de la muralla, y en plena zona alta de la Ciudad Vieja, se encuentra uno de los grandes efectos ópticos que se puede encontrar en A Coruña: la torre de Santo Domingo. Se trata un elemento que llama la atención a todo el que contempla, desde la plaza ajardinada, la fachada barroca de los Dominicios. La trampa se enconde en que realmente está perfectamente alineada con el eje central de la iglesia y no con la fachada, que se encuentra oblicua al eje del templo. Esta curiosidad hizo que surgieran bulos y leyendas urbanas sobre su creación. Una de ellas sostiene que Alberto de Ricoy, arquitecto al que se le atribuye, «se suicidó tirándose de la propia torre al ver que había cometido un error tremendo».

En cuanto a la historia del convento, su primera ubación se hallaba en el exterior de las murallas de la ciudad. Su destrucción en 1589 por las tropas del pirata inglés Francis Drake hizo que se reconstruyera en su emplazamiento actual durante la primera mitar del siglo XVII. La torre sería levantada en 1770.

El diente de oro a la derecha del todo
El diente de oro a la derecha del todo

El diente de oro

Otro efecto óptico y bastante llamativo se encuentra en la Marina. Entre esas fachadas neoclásicas, blancas, de madera y vidrio, sobresale un edificio modernista que rompe completamente con esta armonía y se gana el nombre de diente de oro, al ser la única pieza de esta dentadura arquitectónica con color dorado. Su arquitecto, Leoncio Bescansa, se vio motivado en 1926 por esta influencia modernista que proviene de Austria, Suiza, Alemania o Bélgica. Otra de las curiosidades es que Bescansa decoró cada una de las cinco plantas de manera distinta, jugando con los balcones, los arcos y las columnas. Una fachada totalmente rompedora que contrasta con su otra cara, en la plaza de María Pita, y en donde sí se integra con el conjunto de edificios.

Sobre este estilo arquitectónico, Senén hace especial fincapié también en los edificios que se encuentran en los alrededores de la plaza de Lugo y en arquitectos como Julio Galán Carbajal y Ricardo Boán y Callejas, quienes levantaron numerosos inmuebles históricos en la ciudad. «El modernismo gallego está en la línea internacional. Es toda una lección de la arquitectura de la primera mitad del siglo XX», comenta el arqueólogo.

Las cuatro estatuas en la fachada del Palacio Municipal de María Pita
Las cuatro estatuas en la fachada del Palacio Municipal de María Pita

Las cuatro estatuas del Palacio Municipal

El Palacio Municipal es uno de los edificios más fotografiados de A Coruña, pero muy pocos se fijan a veces en los detalles que esconde en su fachada. Dentro de esa corriente modernista, se levantó este proyecto de sillería gallega iniciado entre los años 1908 y 1912 por Pedro Mariño. 

En la fachada del edificio, en donde se encuentran las dependencias del Ayuntamiento, se pueden encontrar talladas cuatro estatuas de piedra blanca que representan las cuatro provincias gallegas: A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra. Justo en la parte superior se puede contemplar el escudo de la ciudad flanqueado por dos matronas.

Un mural de Urbano Lugrís en un restaurante

Una tradición de la ciudad fueron los murales en los locales de hostelería. «Eran puntos de encontro. Hai establecementos que aínda teñen esa vocación que foi perdendo a cidade e que eran os grandes murais de grandes pintores. Concretamente falo de Urbano Lugrís, o pintor surrealista do Atlántico», destaca Senén. Para fortuna de los coruñeses y de los turistas aún sigue en pie una de sus «catedrales»: el antiguo Fornos, que en la actualidad es el restaurante Brasa y Vino.

Un local que se ha convertido en el epicentro del legado del artista y en donde se encuentra uno de sus murales.

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