Cabriolet, un Golf clásico con esencia joven

Aunque parece mentira, el Volkswagen Golf Cabriolet Mk1 acaba de cumplir 40 años desde que salió de la fábrica del carrocero alemán Karmann y ya tiene un hueco como clásico. Envidiado y deseado a partes iguales, representó en su momento un icono de libertad y exclusividad que encajó perfectamente en un público joven.


Todo había empezado en 1976, cuando en la fábrica Karmann, una empresa dedicada a realizar versiones especiales de modelos de diferentes constructores, veía acercarse el final de la producción de su versión estrella, el Beetle descapotable de Volkswagen. Un icono cuya producción suponía el 80 % de todos sus pedidos. Necesitaban buscar un sustituto que les reportase al menos el mismo éxito que con el escarabajo. No había duda, el candidato perfecto se llamaba Golf y llevaba solo dos años en producción por la casa Volkswagen en su formato berlina. Para conseguir el contrato con la casa madre, Wilhen Karmann, presidente de la empresa carrocera fundada por su padre en 1901, decidió presentar un prototipo que debía ser digno sucesor natural de una leyenda como fue el Beetle. No hubo problema, el prototipo gustó desde el primer momento a la fábrica de Wolfsburgo, pero antes de pasar a producción sufrió una serie de cambios obligados.

VARIOS PROTOTIPOS

El primer problema al que uno se enfrenta al realizar la versión sin techo de un vehículo es que este pierde rigidez, la estructura puede retorcerse con simplemente girar en una curva. Para evitarlo es necesario realizar numerosas modificaciones de la carrocería para contrarrestrar dicha falta. En nuestro caso, el equipo de ingenieros del carrocero alemán necesitó añadir diferentes apéndices para mejorar su rigidez, además de revisar y reforzar otras partes de la carrocería. Otro cambio obligado fue que desde los primeros bocetos no existía ningún tipo protección para los ocupantes, un hecho muy normal en los descapotables de décadas anteriores, pero a partir de los 70 y, más aún, tras la crisis del petroleo, muchos países tomaron conciencia de la importancia de la seguridad además de otras materias como el consumo, la contaminación o la eficiencia. Baste como ejemplo que la propia normativa estadounidense no hubiese permitido comercializar en aquel momento un descapotable sin protección para los ocupantes en caso de vuelco. Por tanto, el propio departamento de seguridad de Volkswagen obligó a Karmann a incorporar dicho elemento al prototipo construido en 1977. La sección de ingeniería de Karmann no se lo pensó dos veces y consiguieron resolver el problema de forma brillante con un sencillo arco entre los montantes b, una solución que con el tiempo se convertiría en parte de la personalidad del propio Cabriolet. Años mas tarde, en muchos foros de aficionados este apéndice le hizo ganar el apodo cariñoso de «cesta de frutas», en claro referente al asa del coche.

El éxito de este nuevo Cabriolet fue total, acercándose a una cifra récord con casi 400,000 unidades producidas, que su primo el escarabajo descapotable había llegado a contabilizar desde su aparición en 1949.

El nuevo Golf Cabriolet fue presentado en el salón del automóvil de Ginebra en marzo de 1979, comenzando su producción unos meses después. Con tracción delantera y cuatro cilindros, sorprendía por su dinamismo. En 1988, coincidiendo con el cambio de modelo del Golf berlina, el denominado Mk2, el Cabriolet sufrió un pequeño cambio estético mediante un kit con aditamentos exteriores como defensas y pasos de ruedas, además de añadir dos faros más a la parrilla, lo que modernizó todo el conjunto manteniéndolo vigente hasta que se presentó su sustituto en 1993, a partir de la base del Golf Mk3. Sería la segunda generación cabrio, ya que el Golf Mk2 (1983-1991) nunca tuvo variante descapotable.

La unidad que vemos en estas páginas está tal cual salió de fábrica en 1992, es la versión II del modelo nacido en 1979 con el kit clipper con el que la fábrica Karman lo actualizó en 1988 y que le daba un aspecto aún más compacto y atractivo. De color blanco alpinweiss, esta unidad, con solo 60.000 km, ha tenido una vida tranquila entre A Coruña e Ibiza y cuenta en su currículo con la peculiaridad de haber sido dos veces primer vehículo de conductor novel. Este hecho puede ser normal, pero si de las que hablamos es de madre e hija la cosa ya no resulta tan corriente. Lucía, su última dueña, recibió el relevo de su madre hace tan solo dos años, y aprendió a moverse en él durante sus primeros kilómetros tras sacarse el carné de conducir, seguramente con la misma sensación de libertad y diversión con la que su madre Marta lo hizo casi 30 años antes.

Hoy, esta unidad, ha sido donada a la Fundación Jorge Jove y ya tiene todos los puntos para entrar como pieza dentro de una parte del futuro Museo de la Automoción de A Coruña.

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