El mindoniense Miranda y un banquete con 4.000 empanadas y 2.000 cerdos

Un catedrático nacido en Ourol en 1845 y fallecido en Viveiro en 1922

Bernardo Miranda era en realidad José María Riguera Montero, nacido en Ourol en 1845 y fallecido en 1922 en Viveiro, cuya Praza Maior era así a principios del siglo pasado
Bernardo Miranda era en realidad José María Riguera Montero, nacido en Ourol en 1845 y fallecido en 1922 en Viveiro, cuya Praza Maior era así a principios del siglo pasado

En septiembre de 1465, George Neville fue entronizado como Arzobispo de York al cumplir 32 años. La familia quería demostrar poderío y organizó uno de los banquetes más desmesurados y duraderos de la historia. Asistieron cientos de clanes de la nobleza, la Iglesia y la política acompañados de siervos, criados y miembros de la sociedad civil. En total, 2.500 bocas que alimentar durante dos semanas. Se consumieron 4.000 palomas, 2.000 pollos, 113 bueyes, 304 terneros, 1.000 ovejas, 2.000 cerdos, 4.000 empanadas frías y 1.500 calientes y, entre otras cosas, 300 toneles de cerveza. Doce años después, el arzobispo, con fama de tripero y comilón, acabó sus días encerrado por traición al rey Enrique IV en el castillo de Hammes, cerca de Calais. Murió a pan y agua, de hambre y miseria, y no por ninguna enchenta. Muy grande pecado tuvo que ser el suyo para sufrir tamaña penitencia…

La historia figura en el artículo Un banquete inglés que apareció en Vida Gallega el 9 de febrero de 1915. Está firmado por Bernardo Miranda, “filósofo mindoniense”, y dedicado a Manuel Mª Puga Parga, Picadillo. No podía ser de otra manera pues Picadillo, abogado, senador, alcalde de A Coruña y defensor de Curros cuando fue excomulgado- era un experto gastrónomo y gran tragaldabas. Pesaba 275 kilos y su libro La cocina práctica es un referente de la Culinaria gallega y una constante exaltación del bacalao, las sardinas, el lacón con grelos, la caldeirada...

Productos gallegos

Miranda cuenta en su crónica que, para preparar “la profusión de manjares y bebidas” del descomunal banquete, hicieron falta 62 cocineros, 512 pinches y mil criados para servir y atender las mesas. Lo consumido se relaciona en su trabajo y también en la Enciclopedia Británica pues el orgiástico festín figura en los archivos de la London Town. Comieron, además de lo ya citado, 104 pavos, 100 docenas de codornices, 608 lucios y besugos, 4.000 tartas, 2.000 natillas, delicias azucaradas, pasteles y… varios productos gallegos.

En concreto, el mindoniense dice que “200 barriles de vino de Amandi, 200 corzos de la Carballosa, 100 jabalíes del Freijo, 800 perdices de las Grañas del Sor, 600 piramidales quesos de San Simón, 1.000 capones de Villalba y 100.000 muslos de ranas de Ginzo de Limia”. No detalla, en cambio, -y es una pena- cuánto tiempo se invirtió en pescar 50.000 ranas en la laguna antelana, si las perdices eran de Grañas o de Riobarba, cómo se transportaron los corzos, si la carne iba fresca o en salmuera, etc...

Saramago, el gran novelista portugués, escribió una magnífica novela con el viaje de un elefante desde Portugal a Austria en el siglo XVI. Habrá que esperar por un Saramago gallego para conocer esos y otros detalles…

Riguera Montero era catedrático y le gustaba la notoriedad

Pero, ¿quién era Bernardo Miranda, el filósofo mindoniense que firma la crónica del banquete de York?. Era un seudónimo que utilizaba en sus colaboraciones en prensa José Mª Riguera Montero, escritor, abogado, periodista y catedrático, nacido en Ourol en 1845. Tras estudiar Teología en Mondoñedo, donde su padre era notario eclesiástico, emigró al Uruguay a los 22 años. Allí fundó el Instituto Oriental, un centro de estudios superiores, y se licenció en Derecho. Abrió un bufete propio y fue catedrático.

Fue también asesor de la Embajada de España, presidente de la primera Asociación Española de Socorros Mutuos y socio, con su hermano Manuel, en una Agencia de negocios hispano-americanos que este último abrió en Viveiro. Se casó con la uruguaya Regina López y, tras 23 años en el país oriental, regresó a España por motivos de salud.

En A Coruña, donde vivió 30 años, desarrolló una intensa vida social. Presidió Vivero y su Comarca y el orfeón El Eco y participó en la creación del Teatro Pardo Bazán y de la Liga de Amigos de Galicia. Le gustaba la notoriedad y financió obras de su comarca como la escuela de Muras, la iglesia de Sixto, el bastón de mando con empuñadura de oro que donó al Concello de Ourol o el homenaje a Pastor Díaz en 1911 según dicen José M. López Chao y Guillermo J. Riguera. Murió en 1922 en Viveiro.

Su relación con la prensa fue constante. Empezó en El Eco de Viveiro y en El Lucense; fundó, con García Dóriga y Noriega Varela, El Baluarte de Galicia, en Mondoñedo; y fue vicepresidente de La Voz de Galicia en 1915. En su etapa uruguaya colaboró con El Correo de España, Unión Gallega, Vida Gallega o El Gallego, de Cisneros Luces, donde fue víctima, con Varela Stolle, de nunca probadas acusaciones de robo de 300.000 pesos al emigrante Manuel Betanzos.

El seudónimo Bernardo Miranda lo utilizó tanto en La Voz como en Vida Gallega. Sin embargo, empleó otro, Ramón Erotiguer, para emprender una feroz campaña en contra de la Academia Gallega.

Bajo el seudónimo de Ramón Erotiguer urdió una feroz campaña contra Murguía y la Academia Galega

En La Habana, en 1905, se constituyó la Sociedad Iniciadora y Protectora de la Academia Gallega bajo el impulso de Curros y Fontenla Leal. Y al año siguiente, el 30 de septiembre de 1906, nació en A Coruña la Academia Gallega presidida por Manuel Murguía, formada por 40 miembros y concebida como un grupo de notables. Tenía como objetivos la promoción e investigación histórica y cultural y el compromiso de elaborar una Gramática y un Diccionario.

La Academia nació marcada por la personalidad de Murguía que eligió miembros numerarios y correspondientes entre quienes hacían profesión de fe regionalista, atrajo figuras de ámbito internacional para prestigiar la entidad y marginó, deliberadamente, a eruditos gallegos como García de la Riega o Leandro Saralegui que le eran hostiles tanto política como historiográficamente.

Su planteamiento suscitó, de inmediato, una campaña en contra de la nueva entidad que encabezó Riguera Montero. Con el seudónimo Ramón Erotiguer, publicó una crítica y mordaz monografía titulada Películas Académicas en la que atacaba a Murguía, cuestionaba la necesidad del nuevo ente y la elección de sus miembros, había acusaciones de malversar fondos procedentes de Cuba y se manifestaban postulados antirregionalistas.

A las tesis de Riguera, se sumaron de inmediato, entre otros, medios como El Norte de Galicia, el Diario Ferrolano o el periódico satírico focense Guau…Guau y personalidades como los mindonienses Noriega Varela, Emilio Tapia o Lence-Santar; el barreirense Juan R. Somoza y, entre otros, eruditos como García de Riega, Fernández Flórez y el Antón Villar Ponte de sus años mozos.

martinfvizoso@gmail.com

 

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