«Llevar el pelo afro es nuestro derecho»

En EE.UU existe un movimiento para reivindicar el cabello afro porque muchas personas aún sufren discriminación. Ketty y Yacine, desde Galicia, nos cuentan su realidad

S.F.

Estas chicas tienen mucho más en común que el color de su piel. Una es cubana y otra coruñesa, pero ambas libran una pugna contra la presión social. Enfrentarse al dilema de dejar su pelo natural o adaptarse al esquema occidental de belleza forma parte de su rutina.

Durante décadas el cabello afro se ha invisibilizado ante tratamientos químicos e infinidad de técnicas para «domarlo». Pero la fórmula principal del silencio ha sido el estigma discriminatorio de considerarlo «sucio o poco profesional».

En el mundo se habla hoy de un empoderamiento afro ante la discriminación sistémica tolerada por siglos. En las últimas semanas estalló la mayor ola de protestas raciales en 50 años en Estados Unidos a raíz de la muerte de George Floyd. Reconocer el cabello afro como símbolo de la lucha por los derechos civiles y no una excusa para conseguir trabajo representó uno de los reclamos.

Las historias de Ketty y Yacine son el testimonio de este cambio de mentalidad, empezando por una aceptación individual que cala en el imaginario colectivo.

LA SEMILLA DE LA TRANSICIÓN

Cuando Yacine  era pequeña no había una peluquería en A Coruña donde supieran tratar el pelo rizado. «En la peluquería me tenían miedo por el pelo, porque cuando llegaba no sabían qué hacer. A veces se sorprendían peinándome», comenta entre risas.

«Una de las cosas que marcó mi infancia fue que me tocaran el pelo todo el rato. Cuando llegaba, mis amigas veían en mi cabeza una atracción de feria. Ellas me llamaban cariñosamente “pelo de esponja” y cosas así, que a simple vista no eran ofensivas pero tenían un trasfondo racista».

Hoy, con 20 años, recuerda que de niña le gustaba mucho su pelo, pero una vez mayor fue comparándose con otras chicas y le surgió el bichito de alisarlo. «Veía a mis amigas con el pelo largo y yo quería llevarlo suelto sin llamar demasiado la atención. No sabía peinarme, me resultaba muy incómodo y era diferente al resto. En la adolescencia empecé a alisarme, aunque a mi madre no le gustara la idea».

La infancia de Ketty @kettymchef6 no fue muy diferente. La subcampeona de MasterChef 6 llegó a Pontevedra hace unos años desde su Habana natal. «Mi pelo iba siempre trenzado y muy recogido. Habitualmente en los países donde hay ascendencia afro tienden a ocultar esas raíces. Me arrepiento muchísimo de alisarme el pelo a los 14 años, fue mayormente por la presión social. En Cuba el cabello afro es considerado ‘pelo malo’. Me decían péinate las pasas, y como no quería ser motivo de bullying sucumbí a esa presión».

 

VIAJE A LA RAÍZ

Alisar el cabello representó un cambio radical de rutina para ambas, pero la aparente felicidad al encajar dentro de la norma justificó todo sacrificio.

Yacine asume que con el pelo liso no podía ser cien por cien ella. «La gente se ducha, se lava el pelo y ya está. En mi caso, si me lavaba el pelo no podía salir de casa hasta que no lo secara y lo planchara. Si iba a una piscina igual, no me lo mojaba. Era como si tuviera un secreto que guardar». Por eso, cuando decidió recuperar su cabello natural tuvo cierto reparo por la posible reacción de la gente.

En cambio, el esposo de Ketty fue quien insistió en que reivindicara sus raíces al ver una foto suya con el pelo crespo. «Estuvo durante dos años rompiéndome la cabeza para que dejara de alisarme. Una vez que me mudé a Galicia tenía que ser esclava de la plancha por el clima y me dije: yo soy así, esta es mi raza y esto es lo que hay. Floreció mi afro y quedé encantada», recuerda Ketty.

Sin embargo, los chistes y bromas sobre su melena no se hicieron esperar. «Has metido los dedos en el enchufe o te pareces a tal personaje de los Simpson, los típicos comentarios racistas que una está acostumbrada a escuchar y aceptar callada».

Este contexto tampoco está generalizado y ambas lo reconocen. Para la cubana las opiniones sobre el pelo afro son diversas en España. «A unos que les encanta, intentan imitarlo y hay otros más conservadores que lo ven poco elegante y sucio. Incluso usan el afro en pelucas con motivo de carnaval y eso a las mujeres negras no nos hace pizca de gracia».

Yacine asegura que falta mucho por avanzar en este sentido. «Está tan poco normalizado que lo toman como algo exótico. A veces no desde el enfoque negativo, sino desde: “El cabello rizado me encanta, mola muchísimo”, lo exageran, como si no fuera otro tipo de cabello y punto».

Desde las cocinas de MasterChef, a Ketty  se le veía con enormes y coloridos pañuelos en cada programa, lo que generó ciertas críticas por marcar la diferencia. «Tuve muchos haters cuando aparecí en la tele con mi cabello. En las redes sociales recibí muchos mensajes de odio como: “Qué asco tu pelo, rápate, vete a tu país”, pero no juzgo al resto por ese tipo de comentarios».

LA CUESTIÓN ES ACEPTAR

Una preocupación constante para las mujeres negras radica en que su apariencia repercuta negativamente en su vida laboral. La pontevedresa, aunque no recibió una marginación directa por su profesión, sí se identifica con el problema. «Alguna vez me dijeron: ‘Péinate ese pelo’ y yo le respondía al director: ‘Voy peinada. Lo peor es que existe mucha gente que sigue sufriendo eso».

Ketty ultima detalles para abrir en breve Kutún, su restaurante de tapas en Pontevedra, y aboga por rescatar el producto gallego de calidad. Hoy es su propia jefa, y aunque en ocasiones le han hecho hincapié en su «tropicalidad» ha ignorado cada opinión que le parece absurda. «Los turbantes suelo utilizarlos más para ir a la playa, en el típico veranito. En mi puesto de trabajo no llevo un pañuelo super tropical, pero tampoco se puede juzgar».

Para Yacine recuperar su cabello original ha sido un proceso de años. «Actualmente no tengo el cabello tan rizado como cuando era pequeña, pero de a poco voy recuperándolo. Esa sensación de mojarme el pelo y no estar preocupada en mostrar algo que no soy es consecuencia directa de la aceptación y el sentirme cómoda conmigo. Incluso, mi decisión me ha hecho más valiente y expresarme con libertad».

Esta corriente de aprobación de lo afro tampoco puede convertirse en una guerra contra quienes deciden alisar su cabello. Según Ketty, si alguien se siente más guapo con el cabello liso está muy bien, pero que no sea resultado de la presión social. «Lo que está demostrado es que resaltar las características de tu cabello te va a hacer más guapa. Lisas o crespas, la cuestión es aceptarnos».

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