La farmacéutica Lucía Pérez: «No pretendemos suplantar a nadie, pero evitamos el colapso del sistema»

Las farmacias asumieron un papel capital durante la pandemia, subraya la profesional


a coruña / la voz

Nunca, que se recuerde, las farmacias mostraron su valor y su potencial función como en este confinamiento. «Mi compromiso como farmacéutica es más fuerte ahora», cuenta Lucía Pérez, adjunta de la oficina Palos Paz de A Coruña y testigo de lo que ocurrió las primeras semanas de la pandemia, cuando la incertidumbre y la demanda de medicinas, de información sanitaria veraz, mascarillas o un gesto de confianza para espantar los miedos desplegó largas colas de ciudadanos a las puertas de un único lugar, su farmacia. En una distopía que dinamitó los límites de lo real, los centros médicos estaban cerrados.

«Era como estar en una película de ciencia ficción», recuerda esta profesional, que trabajó en distribución antes que en oficinas y remarca «el papel importantísimo» que desempeñó el sector para que «nadie se quedara sin su medicación. El sistema de distribución español es muy bueno», resalta. Aquellos días las farmacias llegaron a donde nunca habían llegado en una demostración de capacidad y gestión de la crisis que la Administración no reconoce. «La carrera ya es muy completa. Vemos medicina, química, biología, matemáticas. Trabajamos en hospitales, laboratorios, distribución, centros de salud, oficinas. No puede ser que una farmacia se considere una tienda o un establecimiento más, porque no lo es», subraya Lucía Pérez.

Expuestos desde la primera línea, los farmacéuticos derivaron a urgencias a personas con cuadros complicados temerosas de ir al hospital, respondieron centenares de consultas telefónicas, adelantaron «sumas importantes para obtener mascarillas a través de proveedores desconocidos que ofrecían el poco material disponible a precio de oro», implantaron un sistema de protección de víctimas de violencia machista para que las mujeres amenazadas pudieran alertar de su situación pronunciando una palabra clave en el mostrador, hicieron repartos a domicilio, alertaron a la policía de la ausencia de usuarios habituales que podían haber sufrido percances, desmontaron bulos, gestionaron un sistema alternativo para reducir burocracia y segundas validaciones de recetas y al final, aún ahora, levantaron el mapa de las otras patologías del confinamiento. Insomnio, ansiedad, subidas de tensión y de azúcar, bajada de defensas, problemas intestinales, depresión, secuelas en personas afectadas por accidentes cerebrovasculares que no pudieron caminar.

Respuesta ejemplar

«Gracias a las farmacias el sistema sanitario no ha colapsado. No pretendemos suplantar a nadie, la mejor forma de trabajar es en equipo», advierte Lucía Pérez, que celebra la respuesta ejemplar de la población al confinamiento y la adquisición de hábitos de higiene y seguridad que «ya han quedado instaurados».

Con todo, la farmacéutica traslada un sentimiento generalizado de falta de consideración de la Administración. «Falta un reconocimiento oficial a la función que tenemos las farmacias. Hemos tenido muchas iniciativas. Despachar medicamentos hospitalarios que podemos realizar en las oficinas. No se nos ha escuchado. Campañas de vacunación como se hace en otros países. Tampoco... Una farmacia no es un negocio y nada más, como se piensa por desconocimiento».

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