Javier López Diéguez: «Para los turistas, el queso del país es la bomba»

El yerno de Ramiro Balsa, fundador de la jamonería La Marina, dejó su trabajo en el sector de la telefonía móvil para empezar de cero de la mano de su mujer

Javier López, de la jamonería La Marina.
Javier López, de la jamonería La Marina.

Es el establecimiento que aporta aromas de jamón y lacón asado al Obelisco. Un clásico. El próximo 21 de enero el negocio cumple 40 años. Tras unos meses duros intentan volver a la normalidad. «El cierre fue duro, pero poco a poco vamos remontando. Cuesta, pero somos optimistas y los empleados nos están ayudando mucho. Van volviendo los clientes habituales y esperemos que se note la afluencia de visitantes», comenta Javier López Diéguez. Es el yerno de Ramiro Balsa Vázquez, fundador de la mítica jamonería La Marina, que se jubiló más o menos hace una década. Pasó de estar detrás del mostrador a ser cliente y todavía hay mucha gente que pregunta por él. Su hija y mujer de Javier, Ana Balsa Seoane, también trabaja en el negocio familiar y de vez en cuando interviene en la charla para precisar algo.

«Mis padres estuvieron trabajando en Venezuela. Son de Sada y Pura, mi madre, siempre quiso venirse para A Coruña», recuerda esta mujer que en Nochebuena es capaz de cortar dos jamones cien por cien ibéricos de un tirón. «A principio de temporada nos separan setenta piezas y se nos suelen acabar antes de que pase un año. De serrano despachamos entre seis y ocho a la semana», apunta Javier.

Además de las bandejas de embutidos, los bocadillos son las estrellas del local. «El que más sale es el de chicharrones, tomate y queso del país caliente. También el de lacón asado, que cocinamos aquí, con pimiento y queso San Simón, entre otros», resume. «Los martes, que libramos, no, pero el resto de la semana, si puedo, no perdono el bocadillo de jamón con tomate», reconoce Javier. 

De telefonía a charcutería

Tiene 47 años y nació en Oviedo, aunque lleva desde 1983 en A Coruña. «Fue por cosas del trabajo de mi padre. Lo destinaron aquí y nos vinimos todos. Somos cinco hermanos», comenta. Tiene dos hijos, una niña de 14 y un niño de 7. «Al pequeño le encanta el chorizo picante, el fuet, el jamón… Le gusta todo», asegura. Conoció a Ana a finales de los ochenta. Al principio su proyecto vital no contemplaba tomar el relevo de la jamonería. «Estuvimos trabajando en cosas diferentes. Yo, por ejemplo, me dedicaba a la telefonía móvil. Nos fuimos a vivir a Inglaterra en 1999. Estuvimos un año solo porque la morriña era muy fuerte. Al regreso Ana se quedó en la jamonería y hacía falta otra persona. Así que pasé de vender teléfonos a cortar jamón. Ella conocía el oficio porque los veranos echaba una mano a sus padres, pero yo tuve que aprender todo», recuerda. 

Moncho Borrajo, de la casa

Dice que una de las claves es que «todo lo preparamos delante de la gente. Cortamos el queso, abrimos la lata de bonito… También es fundamental trabajar con productores pequeños para poder ofrecer cosas que no hay en el supermercado. Algunas las tienes que pedir porque el cliente lo solicita, pero escapamos de las empresas grandes». Además de la gente que consume en el local, suministran bandejas de embutidos, empanadas y bocadillos a cantidad de personas. «Estamos viendo la forma de servir a domicilio. Hay una señora de Madrid que nos pide que le enviemos todos los veranos un queso del país. Le salen más caro los portes que el queso. En Galicia tenemos otros como el de San Simón, pero el del país es la bomba para los turistas», asegura Javier. Debido a la situación del negocio, céntrico y a pocos metros del teatro Colón, están acostumbrados a que les visiten rostros conocidos. «Moncho Borrajo ya es de casa, y también vinieron Emilio Aragón y otros. A los cruceristas también les gusta probar algunas cosas, ojalá pronto vuelvan», comenta desde la avenida de la Marina, sobre la que se ciñe una reforma. «Yo soy pro coche porque vivimos en las afueras, pero el proyecto lo veo bien. El otro día vino la alcaldesa por aquí y le dije que se acordase de la carga y descarga. Sería bueno ampliar el espacio y el horario para que los que nos suministran a todos los negocios de la zona puedan hacer su trabajo con más comodidad», analiza desde esta jamonería de siempre. «Hay clientes que venían con sus padres cuando eran niños y que ahora vienen con sus hijos. Es algo muy bonito», comenta mientras empieza a cortar jamón serrano para unos bocadillos.

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