Alejandra Sierra: «La ansiedad es una emoción sana, pero está demonizada»

Esta especialista en ansiedad señala que existe una gran falta de cultura de salud mental: «Parece que los psicólogos somos los que leen las cartas del tarot». Sin embargo, advierte que las terapias pueden «borrar» ciertos trastornos del día a día


Trata a diario con la ansiedad, la conoce muy bien, y sabe cómo noquearla cuando se convierte en trastorno e impone limitaciones. Alejandra Sierra (A Coruña, 1987) señala que a pesar de que cerca de un 5 % de personas la sufren, una ratio elevada está infradiagnosticada y advierte que se da más en mujeres que en hombres. «A veces el sistema machista en el que estamos educadas -indica- hace que seamos muy exigentes y que queramos ser perfectas en cualquier área, nos enseñan a dudar de nosotras mismas, y al final casi nunca somos realistas en nuestro día a día».

-¿Cómo la reconocemos?

-Hay varias áreas: a nivel físico podemos tener taquicardias, mucho cansancio, sensación de ahogo, de asfixia, náuseas, problemas estomacales..., a nivel de cabeza suele pasar mucho el pensar en el futuro y verlo todo negro; y en cuanto al comportamiento, moverse mucho en la silla, tener algún tic, no ser capaz de estar mucho tiempo sentado, sudor en las manos...

-¿Cuál es el síntoma más frecuente?

-Depende mucho, creo que sobre todo ser muy pesimista, y a nivel físico, la sensación de cansancio, incluso dormir mal.

-¿Tiene cura?

-No, se trata. Aprendes a gestionarla, porque la ansiedad es una emoción sana del cuerpo, no tiene nada que ver con algo negativo. El problema es cuando se da en situaciones que no son peligrosas. Estás viviendo una situación normal del día a día, la interpretas como peligrosa y tu cerebro te da una respuesta de ansiedad. Si tú eres capaz de gestionar esa emoción, no tendrías ningún problema. Todos hemos tenido ansiedad en algún momento y nos ha ayudado. Por ejemplo, en exámenes o en situaciones que requieren que tu cuerpo utilice los recursos y se ponga en futuro y diga: ‘Tengo un examen, existe la posibilidad de suspenderlo si no estudio. ¿Y si lo suspendo? Pues tengo que estudiar‘.

-¿Si es sana por qué tiene tantas connotaciones negativas?

-Porque se ha demonizado mucho, vemos esa parte insana cuando se convierte en trastorno, cuando me impide la vida. No vemos la otra parte, la de ayuda. Igual que la tristeza, estar triste no es ninguna enfermedad, y puedes pasar épocas más tristes y no pasa nada, ahora bien, estar deprimido ya es otra cosa. Con la ansiedad, lo mismo, hay una parte con la que tu cuerpo puede convivir perfectamente, pero si se convierte en trastorno, ya es más sostenida en el tiempo.

-¿Cómo se diferencian situaciones de nerviosismo puntuales de la ansiedad?

-Tú puedes tener ansiedad, que no pasaría nada o un trastorno de ansiedad, que ya te limita de alguna manera. Tengo que estudiar pero no puedo porque estoy muy cansada, no puedo dormir por la noche porque estoy acelerada pensando en que no llego, tengo pesadillas, llega el día del examen y me quedo en blanco, no soy capaz de contestar a pesar de que me lo sé. Me impide continuar con mi vida y se viene en contra.

-Decías que la ansiedad es una emoción sana, aunque solo vemos el lado negativo, ¿cuándo uno tiene ansiedad de la buena?

-Por ejemplo, si tienes una entrevista de trabajo, esa ansiedad que te permite programarte, voy a llenar el coche de gasolina para que no me quede tirada por el camino, miro dónde es y salgo antes de casa por si pasa algo, llegar a tiempo. Es la que te permite programarte de alguna manera y ser efectiva. Cuando no lo haces, y piensas: ‘Seguro que no me va a salir, fijo que no me cogen...‘.

-Eso es ser pesimista, ¿no?

-Pero la ansiedad tiene mucho que ver con ese pesimismo a nivel social, ser una persona pesimista o catastrofista está muy relacionado, aunque hay extremos.

-¿Hay gente más propensa que otra?

-Sí, normalmente existe una vulnerabilidad genética, también está la parte social: cómo te han educado tus padres, el colegio, la zona donde has vivido, y también tus preferencias personales.

-¿El estado anímico influye?

-Es más probable que aparezca cuando estás pasando por un momento bajo. Si estás en una etapa normal o buena te podría pasar, pero cuando se empieza el trabajo psicológico ya ves que esa persona se ha sobrecargado o exigido mucho, o es muy perfeccionista y quiere tener una ejecución de 10 en todas las áreas de su vida y aunque le vaya bien, es a expensas de sí mismo, y llega un momento en el que no puede más.

-¿Cuáles son los desencadenantes más frecuentes?

-Es difícil, porque una cosa es la causa identificable, estrés laboral, la pareja o dependencia emocional, y luego está la razón, lo que más trabajamos los psicólogos que es la vulnerabilidad a nivel psicológico. Ser muy exigente contigo mismo, tener una baja autoestima... Una cosa es la causa profunda y otra la observable, que casi siempre es el trabajo y la pareja.

-¿Por qué a la gente que sufre ansiedad le da por comer?

-Porque al final la comida es un reforzador primario. Si llevas una época estresante o con cierta ansiedad, el cuerpo necesita una especie de confort, normalmente te apetece comer algo con hidratos, con azúcar, que te dé ese placer inmediato y que ayude a rebajar esa angustia que tienes. Al cerebro le das ese premio. También es por cómo nos han educado, desde pequeños nos han enseñado que ciertas comidas son un premio, y hemos asociado malestar con recibir un premio.

-¿El que sufre ansiedad la puede superar o le va a acompañar de por vida?

-No me gusta ser tan determinista, podría ser que pudieras tener esa vulnerabilidad siempre, pero una vez aprendes a gestionarla y si ha habido un buen trabajo psicológico detrás, es mucho menos probable que te vuelva a ocurrir. Depende de muchos factores, porque si pesa la genética o tienes una historia vital complicada, hay situaciones, que por mucho trabajo que se haga, pueden costar más. En general, si se trabaja bien, puedes recuperar tu vida sin miedo a que se repita esa situación de angustia.

-¿Hay gente que la sufre y no lo sabe?

-Sí, a veces hay un mal trabajo por parte de los profesionales porque hay muy poca educación sobre salud mental y es difícil saber lo que te pasa. Cuando pides ayuda porque no estás bien, porque no rindes o no te comportas como te gustaría, el médico de cabecera te receta unas pastillas o te recomienda coger la baja. Se sobremedica, no hay esa parte de educación o de gestión. También hay gente que convive con ella sin saber qué es.

-¿La gente es más reacia a pedir ayuda cuando el dolor es mental y menos cuando es físico?

-Sí, se mezcla la vergüenza, el miedo a no ser normal, la falta de conocimiento de la psicología, parece que los psicólogos somos casi como los que leen las cartas del tarot, que no hay confianza en nosotros como profesionales. Al final es falta de cultura de salud mental.

-¿La gente cree que se cura con pastillas?

-Cada vez menos, pero sí que creen que no hay alternativa, lo conocido es la pastilla, y no son conscientes de la efectividad de la terapia. A nivel de ansiedad la cognitivo-conductual, que es la que hago yo, es muy elevada.

-¿En qué se basa?

-Se trabaja la cabeza de la persona, conseguir herramientas, flexibilizar ciertas ideas o pensamientos rígidos que puedas tener, le enseñas a ser más realista y más pragmático en su día a día, y nivel conductual, cambias ciertos hábitos de vida, que igual no identificaba como negativos. Es una terapia que tiene principio y final, con un número de sesiones y luego la persona recupera su vida, está basada en el aprendizaje

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