Abuela a los 38 y madre de un niño de 2 años

Sugeidi fue madre antes de los 18 y casi veinte años después volvió a tener un hijo. Una diferencia que la lleva a ser una excepción porque hoy puede tener a su nieta en brazos y llevar aún a su niño pequeño a la guardería


Hay pocos casos como el suyo. Muy pocas mujeres que hayan dado a luz con más de veinte años de diferencia y que hayan tenido la posibilidad de ser abuelas tan jóvenes. Sugeidi Peña cumple ese récord porque su primera hija vino al mundo cuando ella era una adolescente. Hoy tiene 38 años y su hija mayor cumple 21 en septiembre. «Me quedé embarazada jovencísima, no sabía nada de la vida y fue gracias a mi madre que salí adelante. Ella no dejó que me fuera de su casa con un niña en brazos, porque en aquel tiempo el bebé no era buscado. Mis padres me ayudaron mucho, yo no tenía experiencia ninguna y recuerdo que lloraba angustiada algún día porque todo eran temores», cuenta con la sonrisa del paso del tiempo y de haber superado muchos trances en la vida.

 «Mi juventud no fue un encierro, porque mis padres me echaron la mano, pero desde luego no pude vivir la vida loca, siempre sentí la responsabilidad y tener una hija cuando eres adolescente te hace madurar muy pronto. Creo que maduré muy joven y eso me hizo cambiar la manera de plantearme luego el camino». Su, que es como cariñosamente la llaman los que la conocen, recibió un consejo muy sabio de su madre con respecto a aquel embarazo inesperado: «Al hombre malo se le tiene un solo hijo». Así que no hay más que contar sobre el padre de aquella niña, que hoy es una mujer hecha y derecha, pero muy joven también.

La hija de Sugeidi se llama Suleiki, no es un juego de palabras, pero las tradiciones dominicanas, que es de donde ellas proceden, siguen la tendencia de derivar los nombres de los hijos de los padres. Suleiki tiene 20 años y acaba de ser madre recientemente. Tanto que su bebé cumple dos semanas justo hoy. La niña llegó al mundo en el Chuac de A Coruña, en un parto largo, que ella parece haber olvidado pronto, porque tiene claro que tendrá más hijos.

«Yo hasta pensaba que si me viniesen dos ahora de golpe no me importaba, quiero tener al menos dos, y si ya era en un solo parto no me parecía nada mal», dice Suleiki, con la cara de asombro de su madre al lado. «El embarazo llegó y estoy encantada», insiste, aunque la abuela enseguida mete baza para dejar constancia de que ella se encargó de darle una buena educación sexual a su hija para que no le pasara lo mismo. «Fue siempre mi preocupación, que no tuviera un embarazo como el mío, así que mi hija tenía conocimiento de todo, otra cosa es que ella decidiese que quería tenerlo, pero no es comparable con lo que me pasó a mí».

Suleiki se ríe por lo bajo, y asegura que está feliz con su bebé, tiene pareja estable y los dos se encargan de su cuidado, aunque la abuela es de nuevo fundamental en este trabajo.

«¿LA MADRE DE QUIÉN?»

«Me veo como mi madre hizo conmigo, atendiendo y ayudando para sacarlos adelante, pero el amor de abuela no se puede explicar. Te golpea y se lleva un trozo de ti, ves que las generaciones siguen creciendo, no sé explicarlo, pero es maravilloso». Claro que cuando su hija estaba de parto y ella entró para acompañarla, la enfermera la echó pensando que era una amiga. «Soy la madre», le dijo Sugeidi. «¿La madre de quién?», le respondió asombrada la matrona. «De la embarazada», se echó a reír Sugeidi, que está acostumbrada a pasar por su amiga, o por una hermana.

Ahora a ella se le cae la baba con su nieta Valeria -han decidido que era hora de romper la tradición de los nombres derivados-, que es coruñesa. Como su hijo pequeño de 2 años, Tiago, y tío de Valeria -cumplirá los 3 en septiembre-, que chapurreando me dice que él no es dominicano: «Soy gallego». «Por supuesto», le responde su madre, que lleva viviendo en A Coruña más de diez años y ha visto cómo su familia se ha ido arraigando en esta ciudad.

«Tengo otro niño más, Erick, de 16 años, pero Tiago me ha dado una plenitud. Siempre he querido ser madre de familia numerosa y él me ha rejuvenecido, por un lado, pero me ha aportado también mucha estabilidad, ahora por fin me siento realizada, plena», relata Su. Que sin embargo, ve muchas diferencias a la hora de criar un hijo antes de los 20 y otro antes de los 40: «No tengo la misma energía, me agota. ¡Lo quiero tanto! Pero me supera», bromea Sugeidi.

¿Qué dirías que es lo mejor de ser una madre joven?, le pregunto. «Que tienes una relación muy cercana con tu hija. Somos amigas, nos lo contamos todo, es casi una relación de hermanas. Evidentemente soy su madre, pero hay una confianza muy, muy estrecha, estamos siempre juntas». «Y también ser madre joven te da, claro, la posibilidad de ser abuela joven, de disfrutar mucho de tu familia, de ver cómo crece». Su asegura que la maternidad tardía que se lleva tanto ahora, pasados los 40, hace que se pierdan muchas cosas, «como no llegar a ver a tus nietos». «Y es precioso. Yo estoy derretida con Valeria», concluye con la satisfacción de ver cumplidos sus deseos. Eso sí, en cuanto a los hijos, se planta aquí.

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