Eva Veiga: «Un día sonará el teléfono y me dirán: "Hay un riñón para ti", y será el cuarto»

La ferrolana fue la segunda persona que recibió este órgano en el hospital de A Coruña hace ya cuatro décadas


Ferrol / la voz

Eva Veiga vive pendiente de sus riñones desde los ocho años. Tiene 49 y está esperando su cuarto trasplante; el primero le llegó a los diez años y fue la segunda persona que pasó por el proceso en el antiguo hospital Juan Canalejo de A Coruña. La donante fue su hermana y la recuperación era mucho más dura que en la actualidad: «Para empezar no había los medicamentos que hay ahora para los posibles rechazos, solo podían darte corticoides», cuenta instantes después de salir de su sesión de diálisis en el hospital Juan Cardona de Caranza, donde acude todos los lunes, miércoles y viernes.

El primer riñón que le trasplantaron a Eva le permitió vivir ocho años alejada de las máquinas, pero cuando comenzaron los problemas volvió a entrar en la lista de espera para optar a otro órgano y a otra vida con menos limitaciones, porque estar en diálisis le impide comer y beber como al resto del mundo. Eva no se queja ni de la dieta, ni de sus fracasos médicos. Y eso que ya son tres los órganos que ha recibido y otras tres las recaídas, así que vuelve a estar pendiente del destino para optar a otra oportunidad. «Hay que ser positivos: un día sonará el teléfono y me dirán: ‘Hay un riñón para ti’ y será el cuarto, pero será una buena noticia porque vivir sin diálisis es otra calidad de vida, es otra cosa».

Con mucha entereza recuerda que su segundo riñón le llegó siendo una jovencita de un «cadáver, pero solo me duró 24 horas, algo no fue bien y tuvieron que sacármelo otra vez; en el 97 llegó el tercer riñón, también de un donante cadáver y me duró quince años», explica sobre la etapa de su vida más sencilla, porque desde el 2012 sigue a la espera de otro golpe de suerte que comenzará con una llamada desde el hospital.

«Este tercer riñón se fue agotando y comenzó ese rechazo crónico que me hizo volver a la diálisis, aunque tampoco es la diálisis de hace años, porque todo ha mejorado mucho, desde las máquinas a todo el proceso», cuenta una enferma estoica a la que no molestan ni las horas que debe pasar en la ambulancia que los acerca al hospital y que desde la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer) denuncian que son excesivas. «Hay casos en los que se tienen que levantar a las seis de la mañana para estar en el hospital a las ocho y media, pasan horas y horas en la ambulancia», se quejan los responsables de Alcer.

Eva ha aprendido a adaptarse a lo que su cuerpo le va marcando: tras tantos años con diálisis y medicamentos como los corticoides tiene secuelas como osteoporosis, pero ella repite una frase como un mantra: «Hay que llevarlo lo mejor posible, veo compañeros que se agobian con la dieta y con el problema de no poder beber mucho, pero yo trato de hacerme con mis trucos, como tener vasos muy pequeños en casa e ir comiendo de todo, pero poco a poco, como con el resto, hasta que llegue otro riñón, para poder vivir de otra forma».

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