A Mera en siete minutos

El buen tiempo desempolvó las veloces motos de agua, un buzo se confinó junto al pecio del Chino y encontramos a los únicos turistas de la Torre en otra jornada de comportamiento ejemplar en la ciudad

DESESCALADA FASE 1. Perros nadando junto al castillo de San Anton.
DESESCALADA FASE 1. Perros nadando junto al castillo de San Anton.

A Coruña / la voz

En verano, por carretera, no baja de tres cuartos de hora. En moto de agua se tardan siete minutos en cruzar de A Coruña a Mera. La moto da 90 por hora. Simón Pardiñas no corre tanto. «Y eso que no hay controles de alcoholemia ni radares», bromea. «Ya nos dejan sacar las embarcaciones, pero con un único tripulante», matiza este dentista, de la clínica que lleva su apellido, que después de «dos meses de encierro» no veía el momento de cruzar la ría: «Voy y vuelvo».

¿Existe mayor confinamiento que el del buceo? Pues ya hace falta tener afición para salir de una clausura de dos meses y meterse debajo del agua. «Hasta el pecio del Chino, un mítico barco hundido cerca de San Antón», ilustra Toni González, rodeado por las bombonas de oxígeno con las que acaba de salir a flote. Bueno, su confinamiento no fue tan duro. «Tengo el hotel de mascotas El Bosque, en Ferrol. Somos servicio esencial y todo este tiempo he tenido trabajo».

A unos metros del pantalán de Marina Coruña, Iris y Ela se zambullen en un refrescante baño, a la caza de una botella de plástico. El BOE prohíbe estas abluciones, ¿pero dice algo de los border collies? Entre tanta normativa y tanto cambio es fácil perderse. O eso, al menos, argumenta el dueño de los chuchos.

Se ven algunos kayak, tablas de pádel surf y coruñeses que ponen a punto sus embarcaciones de recreo. Pero ni rastro de los turistas que suelen llegar a vela hasta nuestra costa.

Para localizar alguno probamos suerte en la torre de Hércules, una apuesta segura. Y encontramos a los que probablemente sean los únicos que visitaron nuestra ciudad ayer. A Aziz Gtari, empresario de transporte, el estado de alarma lo dejó confinado en Galicia. Sus negocios lo trajeron a A Coruña y ayer paseaba por la torre de la mano de su pareja, Hind.

«Dos meses ya sin poder coger el avión y volver a Casablanca», resume. Galicia ya la conocía. «Y los percebes». Y el pescado que le manda un amigo de Mugardos [ríe]. No parece muy decidido a que lo desconfinen.

-En Marruecos estamos todos con mascarilla. Es obligatoria.

-¿Y la gente cumple?

-Si no, tres meses de cárcel.

-Entendido.

El control policial no es tan férreo en A Coruña, aunque los agentes siguen pendientes de paseos y terrazas. Después del desfase del lunes, las zonas nobles de la ciudad volvieron a presentar un aspecto razonable, sin grandes aglomeraciones, exceptuando quizá la última hora de la tarde en algún punto del paseo del Orzán. Pero, en general, los coruñeses se apuntaron a un disfrute respetuoso.

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