Paquita cumple 106 años y recupera el paseo diario

El año pasado decía que se sentía como si tuviese 16, ¿qué pasará en este?


Esta mujer no deja de sorprender. Hace unos meses decía que tenía 105 años y se sentía como si tuviese 16. Pues este jueves cumplió los 106 y sigue siendo la adolescente de más edad de la historia. Quedamos a las diez y media de la mañana para la foto. «Estaré toda nerviosa por los Jardines (en referencia a los de Méndez Núñez de A Coruña). Hace tantos años que no tengo citas que estaré nerviosísima. Aunque llegue unos minutos tarde, no te vayas, quiero ir bien arreglada y eso me lleva tiempo», escribe en un mensaje que me envía por WhatsApp. A sus 106, esta aplicación sigue siendo su mejor manera de comunicarse con todo el mundo. Solo sus mensajes darían para escribir un libro. Destilan humor y talento. Paquita Salguero Camarero nació el 7 de mayo de 1914. Sin perder la sonrisa sobrevivió a la Primera Guerra Mundial, a la gripe de 1917 y a la del 18, que fue devastadora. Salió a flote del crack del 29 e ilesa de la Guerra Civil. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial ya era una treintañera. Y el coronavirus tampoco pudo con ella. El sábado pasado a las diez de la mañana salió a la calle después de muchas semanas. Se acogió a la norma que permite a los mayores de 70 pasear de 10 a 12. Ella, en realidad, podría salir a cualquier hora porque Paquita no tiene edad.

SIEMPRE COQUETA

Esta reina del wasap me contaba hace unas semanas que estaba a punto de pedirle el pasillo a una vecina para poder prolongar sus paseos caseros. Ahora ya puede salir una horas y, como les decía, fue de las primeras. Para la foto, siempre coqueta, se quitó la mascarilla y la colgó del mango del paraguas sin dejar de sonreír. Después empezó a llover y tuvo que regresar a su domicilio en el centro de A Coruña. El mismo en el que sus vecinos le organizaron una fiesta sorpresa. Paquita suele celebrar con su familia y amigos íntimos su cumpleaños en algún restaurante. Pero habrá que esperar a que cumpla 107 para regresar a esta costumbre. En el mayo del coronavirus la fiesta fue distinta, pero entrañable.

FIESTA SORPRESA

«Adornamos el patio de luces con globos de colores y le cantamos canciones, como algunas de la tuna que coreamos todos. En el descansillo de su casa colgamos felicitaciones de vecinos y un cesto de margaritas, entre otros detalles», destaca Loli, una de las que se encargó de la organización. Fue después de la siesta, que esta centenaria nunca perdona. «Continúo cumpliendo años, meses y días. Como cualquier persona que pasa de la centena y le cuesta trabajo despedirse de este mundo que, aunque no es bonito, no está mal. Sigo haciendo lo que debo y como a las dos en punto. Te echo de menos. Muchas gracias, Pablito, por escuchar a esta centenaria que ya está para tomar sopitas y buen vino», me dice en otro precioso mensaje. Le prometo que la abrazaré cuando esto termine.

«Tengo 105 años y me siento como si tuviera 16»

Pablo Portabales / Ana Abelenda / Noelia Silvosa

¿El secreto? El buen humor. En mayo cumple 106 años. Como si fuese una adolescente, la mejor manera de comunicarse con ella es por WhatsApp. La clave de la longevidad de los centenarios de este reportaje es ser optimista.

Acepta el reportaje vía WhatsApp. Pero no utiliza emoticonos, sino una prosa cuidada y creativa. «Buenas tardes Pablito. Cuando creí que me tenías olvidada apareces de nuevo como una ola. Ante el temor de ser sumergida por ella y me metas en el grupo de los ignorados me veo en la circunstancia de invitarte a comer este jueves a las dos de la tarde para hablar (con lo que me gusta a mí hacerlo)». La persona que escribe este mensaje se llama Paquita Salguero Camarero y nació «el 7 de mayo de 1914. Vine a este mundo dando chillidos», comenta sonriente. «Toda la vida fui muy feliz. Creo que el secreto es eso, tener buen humor y ser optimista», analiza. Su sobrina -ella no tuvo hijos-, que comparte almuerzo, matiza algunos aspectos de su biografía que son bastante duros. Su madre murió cuando Paquita tenía cinco meses y su padre falleció pocos años después. «Me crie con mis padrinos, que eran gente muy buena. Vivimos en faros como el de las Sisargas o en el cabo de Torres de Gijón Recuerdo que íbamos andando hasta allí desde el puerto del Musel. Siempre anduve mucho, ya de pequeñita», relata. Todo lo cuenta sin atisbo de amargura ni añoranza. Deja el móvil en una mesa auxiliar y su sobrina le sirve en un vaso pequeño un poco de moscato de la firma Ochoa. «Le encanta, tengo que comprar más».

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