La ciudad de los fotones

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA CIUDAD

Disfrutando del sol en el paseo marítimo y en las playas en A Coruña
Disfrutando del sol en el paseo marítimo y en las playas en A Coruña Eduardo Pérez

La luz natural es un exceso ya instaurado que no sé quién paga, pero tiene pinta de ser una de esas rondas sin fin a las que estamos deseando volver cuando nos suelten la correa los del BOE

05 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

No puedo imaginar lo que supone pasar este confinamiento en un piso interior de una gran capital. Pero la ausencia de luz natural es una de las primeras tácticas que adoptan los torturadores en las películas y en la historia, así que sospecho que pasar cincuenta días escrutando un patio de vecinos no debe de ser lo típico que recomiendan alegremente nueve de cada diez dentistas (siempre me pregunto qué habrá sido de aquel odontólogo que, cuando lo llamaron para el anuncio de la tele, se negó a aconsejar el consumo de chicle después de las comidas, qué tío, qué outsider).

Como hasta ahora en nuestro país más bien se hacía vida en la calle, habíamos llegado a un punto, sobre todo en los núcleos con sobredosis de habitantes y de vehículos, en que la casa era el sitio al que iba uno a dormir, echar un pis y poco más. Hasta que un buen día -¿por qué demonios nos empeñamos en repetir eso de «un buen día» aunque no lo sea?- descubrimos que toda nuestra existencia cabe en un segundo izquierda.

Esta ciudad, afortunadamente, casi no cultiva las viviendas de interior y no sé si es por estar en un huso horario descolocado o por las coordenadas geográficas que nos tocaron en la tapa de un yogur cuando Dios se puso a repartir latitudes y longitudes a diestro y siniestro, pero lo cierto es que en A Coruña la luz es un lingotazo que bebemos a morro entre semana. A Coruña amanece cada día borracha de luz y sin resaca. Se ve que no saciamos nunca nuestra sed de vitamina D, o como se diga.

Resulta casi imposible huir de tanto fotón que circula por nuestros cielos. Da igual que caiga el sol a plomo o llueva a dolor. La luz natural es un exceso ya instaurado que no sé quién paga, pero tiene pinta de ser una de esas rondas sin fin a las que estamos deseando volver cuando nos suelten la correa los del BOE.

A ver si alguien cree que en A Coruña al sopapo duro y directo lo llamamos fotón por casualidad.

-Te voy meter un fotón que vas flipar.

-Ya será menos.

Zas.

Cuando Einstein descubrió eso de que la luz lo mismo es onda que partícula estaba pensando, aunque nunca se acabó de dar cuenta, en la luz coruñesa, que lo mismo fluye a caño libre entre los tejados y las gaviotas que se materializa en forma de bofetón sobre un chorbo desprevenido.

Por eso, lo primero que hemos hecho al recuperar la libertad condicional, nada más salir del portal, con solo poner un pie en la acera en plan Neil Armstrong al bajar a la Luna, ha sido meternos un chute de luz natural directamente en las pupila para recuperar todos esos fotones (de los buenos) que la ciudad nos debía.