«Estiven sen comer quente vinte días»

Los mayores vuelven a la calle tras pasar hasta 60 días sin salir de casa


A Coruña

«Es que ya tenemos una edad y el virus da un poco de miedo», explica Elvira Cubeiro Tarrío protegida tras su mascarilla. Tiene 73 años y vive en Barrié de la Maza con su marido de 77 y su hermana de 83. «Hemos estado encerrados como monjes cartujos», cuenta. Ella salía solo una vez a la semana para hacer la compra, pero caminaba dentro de casa «más de 22.000 pasos, ocho kilómetros». Ayer pude hacerlos por la calle, por la Marina, que está «justo a la distancia» autorizada por el Gobierno. Ha echado la cuenta con una aplicación informática para asegurarse de cumplir la norma.

Como Elvira, Isabel Vila, vecina de Zalaeta, dice que ayer al fin había «mucho más ambiente» en la ciudad. «Voy todos los días a hacer la compra —cuenta— y es el día que más gente hay. Hasta se nota en el tráfico», señala.

«Veo A Coruña tan bonita como siempre, pero más silenciosa», dice María Guzmán tras dos meses sin salir de casa

En las Atochas pasea con el periódico bajo el brazo Casimiro García Bermúdez, un vecino de la zona que nació hace 72 años en Oza dos Ríos. Vive solo en una habitación y cuenta que estuvo «vinte días sen comer quente». No encontraba un sitio donde sirviesen algo cocinado. Salía «todos os días» a comprar el pan y el periódico. Debe hacerlo porque está mal del corazón y necesita caminar, dice mientras muestra una acreditación de que lleva marcapasos. Cumple las normas, pero tiene dudas sobre su validez. Saca una página recortada del periódico y la abre: «¿Ve? Xa o dixeron os catedráticos en La Voz, que isto non se debía facer así, non te poden privar de liberdade se non cometiches un delito e non se declarou o estado de excepción», señala la 

Para otros mayores ayer fue el final de un encierro total. Es el caso de María Guzmán, que paseaba cogida del brazo de su hija, Eugenia Fraga, también por la Marina. María pasó 60 días seguidos sin salir de casa. Vive con sus tres hijos, que se encargaron de hacer la compra y de quitarle cualquier tentación de salir. Aguantó «viendo la televisión, leyendo el periódico y libros, y haciendo repostería». También con una paciencia que se adivina en sus palabras: «Hay que ir poco a poco». Tras dos meses entre cuatro paredes dice ve que «A Coruña tan bonita como siempre, pero más silenciosa». Su hija también advierte el parón y compara el ambiente urbano con un amanecer del 1 de enero «es como si todo estuviese de resaca».

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