Confinados en un piso al lado de El bosque animado

Varios niños de Sobrado sobrellevan el encierro en los pocos edificios que se alzan en este núcleo rural

Damián Varela vive en el centro de Sobrado, con vistas al monasterio
Damián Varela vive en el centro de Sobrado, con vistas al monasterio

Sobrado dos Monxes

Fueron muchos los que huyeron de la ciudad de A Coruña a toda prisa cuando se supo que el Gobierno ordenaba un arresto domiciliario colectivo para frenar la expansión del covid-19. Hicieron las maletas y se fueron a la casa del pueblo, en algunos casos junto a padres o suegros, cambiando así sus estrechos pisos por amplias viviendas con fincas y rodeadas de verde. Aire y sol sin saltarse las reglas.

Pero a algunos niños que viven en municipios y núcleos rurales les ha tocado, por el contrario, seguir entre las paredes de sus pisos, viviendas poco frecuentes en los municipios más agrestes. Como en Sobrado dos Monxes. Aquí Damián, hijo único, lleva encerrado en el tercer piso de un edificio desde mediados de marzo. Y lo lleva con resignación. Viendo el entorno, la gran plaza del centro, los árboles y fincas que rodean el pequeño núcleo de casas y negocios, cuesta entender que Damián deba cumplir las mismas normas que un niño de Madrid, Barcelona o A Coruña. Más aún cuando se miran los datos de población: el municipio de Sobrado tiene 1.800 vecinos; la parroquia de Porta, donde vive Damián, apenas alcanza los 450; y en el núcleo central la cifra baja a 300. «Busco exercicios en Internet para facer deporte, xogo a Play en liña cos amigos, e fago deberes, que non son poucos», señala este joven de 12 años que ha de conformarse con ver el paisaje desde casa.

Lucía Sambade saluda desde su casa, un piso en las afueras del núcleo de Sobrado
Lucía Sambade saluda desde su casa, un piso en las afueras del núcleo de Sobrado

Para este domingo, él y su madre Elena, lo tienen claro. «Iremos polo paseo de canteira que hai en dirección ás Corredoiras, e un sitio que botamos de menos», señala ella sobre un sendero que empieza a pocos metros de casa. El estado de alarma pilló a Damián y a su familia a punto de comenzar una mudanza a una casa, esta sí, con parcela para pasear, césped y aire libre. «Pero pillounos todo aquí e houbo que quedar», explica Elena.

    Cuesta entender que un niño de Sobrado se someta a la misma cuarentena que uno de Madrid

Cuanto más se observa Sobrado menos se entiende el encierro de niños como Damián o Lucía, residente en un edificio en la entrada del pueblo. También su progenitor, Suso, añora la carballeira que se encuentra justo detrás de casa. «Es donde rodaron la película El bosque animado, un sitio precioso, iremos el domingo, ¿no Lucía?», le pregunta el padre. Y Lucía Sambade, de 10 años y también hija única, asiente. Dice que lo lleva bien, que estudia mucho, que hace los deberes de Clan y se entretiene con YouTube. Que irá el domingo a la carballeira, pero también intentará, en esa primera hora de gracia que concede el BOE, encontrarse con su amiga Ana «porque quiero oír su voz en directo, ya estoy harta de oírla por el teléfono». Ana, su amiga, vive como la gran mayoría de niños de Sobrado, en una casa con finca y la posibilidad de recibir directamente los rayos del sol.

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