Juan Gestal: «Siempre me quedó la espinita de la cirugía, la dejo para otra vida»

También fue actor y director de teatro aficionado, «y no era malo», admite Gestal


Santiago / la voz

Es de Muros (1947), de allí es hijo predilecto y allí tiene su casa. Pero también es de Santiago, de una ciudad a la que llegó sin cumplir la mayoría de edad y de la que nunca se fue pese a sus estancias en Madrid, Pamplona o A Coruña. Buen estudiante, sin ser de sobresaliente, Juan Gestal hizo el ingreso para bachillerato en los Salesianos de A Coruña porque su tío era patrón de pesca y allí tenía los barcos. Pero poco después el atraque cambió a Vigo, así que se inició como bachiller durante los dos primeros cursos en los jesuitas de la ciudad olívica. Después regresó A Coruña y allí terminó sus estudios hasta comenzar la carrera de Medicina en Santiago.

¿Por qué? No había médicos en su familia y no recuerda este experto en salud pública un motivo de fuerza. «Quizás siempre influye alguien, y en mi caso pudo ser que tenía amigos estudiando la carrera». Llegó a Compostela en el curso 63-64, a una ciudad oscura, «poco iluminada, en donde llovía mucho y había una neblina que le daba aspecto de misterio. En aquella época -recuerda- necesitaba ir al Obelisco a respirar de vez en cuando».

Como era muy joven, sus padres lo mandaron a casa de las Morón, unas hermanas de Muros que vivían en el barrio de La Estila porque una de ellas estaba casada con un compostelano. «Al final pasaron a ser también parte de mi familia y terminé la carrera viviendo con ellas». Admite que pasó por diversas fases en sus estudios. «Al principio me gustaba la ginecología, pero cuando vi lo sucio que era aquello y el ambiente del parte me desagradó». Luego se pasó a la psiquiatría, pero el profesor Cabaleiro organizó un curso de psicofármacos para los alumnos y empezó a observar que todos los psiquiatras tenían tics o comportamientos similares. Así que llegó la cirugía. Fue en quinto, cuando logró unas prácticas de verano en el hospital provincial de Pontevedra. «Aquello fue un rotatorio para mí». Trabajaban en el centro Celestino Poza, un caballero, y Manuel Castro Rial, un cirujano con mucho carácter. La mayoría de los alumnos le tenían miedo pero Gestal le cayó en gracia. «Siempre estaba muy atento y a las siete llegaba al hospital para lavarme y poder entrar en quirófano». Durante esa época tenía claro que iba a ser cirujano, y de hecho admite que «siempre me ha quedado esa espinita, bueno, queda para la próxima vida», cuenta con humor.

Pero ¿por qué pasó de la cirugía a la salud pública? El teatro tuvo mucho que ver. Ya en Muros había montado un grupo y en Santiago dirigió el Teatro Español Universitario. Era actor y director «y no era malo dirigiendo». Allí conoció a Luis Rodríguez Míguez, también médico, con quien haría amistad para toda la vida. Fue él quien le convence para que se presente a unas plazas de alumno interno con Manuel Domínguez Carmona, el nuevo catedrático de higiene de la Facultad de Medicina de la USC. Aprueba la oposición y es ahí cuando olvida la cirugía. Domínguez Carmona le informa de una beca en la Clínica Universitaria de Navarra y allí se va a hacer la tesis. De nuevo Carmona le llama para que haga el curso de oficial sanitario en la Escuela Nacional de Madrid. En la capital estuvo durante un intenso año hasta regresar a Pamplona, donde leyó la tesis en febrero del 94. «Me presionaron mucho para que me quedara, pero me había comprometido con el profesor Domínguez Carmona».

Regresó a la USC y comenzó su trayectoria docente como profesor colaborador, adjunto y finalmente catedrático, plaza que obtuvo el 18 de junio de 1988. Pero no fue su única faceta profesional. En paralelo se presentó a las oposiciones del cuerpo médico de sanidad nacional, «la más dura que he hecho en mi vida, y eso que hice unas cuantas», cuenta. Finalmente su carrera profesional quedó vinculada a la facultad, su rincón, su segunda casa, donde aún «los compañeros me mantienen el despacho».

«Las epidemias para los que nos dedicamos a la salud pública son apasionantes»

Ex catedrático de Medicina Preventiva, Gestal Otero fue decano de la facultad y director xeral de Saúde Pública en la época de José María Hernández Cochón como conselleiro de Sanidade. También subjefe provincial de Sanidad en A Coruña y director del centro secundario de higiene de Santiago, un trabajo que le gustaba compaginar con la docencia «porque te mantiene en la realidad». Asegura que las epidemias «aunque no las deseamos, para los que nos dedicamos a la salud pública son apasionantes porque es cuando te ves más útil».

Tras vivir en distintas ubicaciones de la ciudad se instaló con su familia en República del Salvador, aunque ahora reside fuera. Recuerda con humor que décadas atrás, pese a vivir en pleno centro, era costumbre coger el vehículo para desplazarse hasta Medicina: «Veníamos con el coche hasta la facultad y aparcábamos aquí, sobre todo cuando venía cargado con libros o llovía». Ahora, sin embargo, echa mucho de menos el venir caminando.

Y eso que Santiago es una ciudad en la que sabes a qué horas sales pero no a cuál vas a llegar, «es una maravilla porque te vas encontrando a gente y te vas parando a hablar, un párrafo aquí, un párrafo más allá», cuenta. Atrás quedó el Santiago oscuro del que tenía que escapar a respirar al Obelisco de A Coruña, «es la aldea más grande del mundo, la ciudad universal». Destaca, como muchos otros, la labor de Xerardo Estévez al frente de la ciudad, y su actividad cultural que se mantiene pese a haber descendido con la crisis.

Emérito pero jubilado, sigue activo con la cátedra de Hidrología Médica y disfruta de sus dos nietos, Lola y Santi, «que están en una época preciosa».

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